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Viena, la soberbia y fascinante capital austriaca, es un auténtico referente en el amplio terreno de la arquitectura. Una portentosa, y a veces audaz arquitectura que siempre ha viajado en paralelo a lo largo de los siglos con la apasionante historia de la propia ciudad. Es casi inevitable asociar Viena con grandiosos ejemplos de arquitectura gótica, barroca y sobre todo historicista, asociados todos a su vez a la inagotable dinastía de los Habsburgo. Pero Viena no solo es sinónimo de Francisco José y sus augustos antecesores.

Por citar un ejemplo. El colapso de la monarquía austrohúngara al finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918 traerá consigo a su vez un cambio radical en la política local de Viena, la por entonces nueva y lánguida capital de la menguada -en territorio- nueva Primera República de Austria. El gobierno de izquierdas del Partido Socialdemócrata va a tomar las riendas de la ciudad y propiciará la creación de auténticas colmenas de viviendas de carácter social fuera del anillo de la Ringstrasse, dando cobijo así a los miles y miles de personas que llegaban a la antigua capital imperial en busca de mejores condiciones de vida.

Viviendas sociales en Lassallestrasse, distrito 2 de Viena

Surge de esta manera la “vivienda roja”, el tipo de construcción urbana que primará en Viena durante todo el periodo de entreguerras. Arquitectos de renombre y postín, como Adolf Loos u Otto Wagner, se encargarán de poner su firma en muchas de estas nuevas edificaciones ideadas para las clases populares, razón por la que la vieja capital de los Habsburgo será recalificada como Rote Wien, o “Viena Roja” durante ese revolucionario espacio temporal de entreguerras; espacio que se malograría en 1934 con la llegada del austrofascismo.

El plan de actuación municipal era claro y decidido. El consistorio progresista municipal quería ofrecer viviendas dignas y asequibles para la clase obrera, la menos favorecida, y de paso frenar el desorbitado aumento que se estaba produciendo en el precio de los alquileres. El resultado fue la aparición de ciudades prácticamente independientes dentro de la propia ciudad de Viena. No faltaban tiendas de comestibles, lavanderías o guarderías para los hijos de los obreros en el interior de estos verdaderos complejos comunales. En muchos casos, además, los pequeños pisos disponían de retrete o pilas con agua corriente, un casi lujo para la época solo al alcance de los más pudientes dentro de la Ringstrasse.

Y el esquema siempre era el mismo: un gran portal daba acceso a un patio interior ajardinado –höfe– y desde éste se llegaba a las viviendas particulares a través de escaleras. Metzleinstalerhof, en el 90-98 de Margaretengürtel, distrito 5, fue el punto de partida; el primer “höfe” levantado en Viena para el proletariado.

Este tipo de vivienda social, caracterizada por su típico color marrón en la fachada con la leyenda “Wohnhausbau der Gemeinde Wien” y la fecha de construcción, supuso un cambio radical y un revulsivo para la renacida y algo apesadumbrada capital de la Primera República austriaca surgida tras la época del imperio.

Karl-Marx-Hof en Viena-Döbling © Bwag/CC-BY-SA-4.0

Foto vía Wikipedia

En la actualidad pueden verse muchos ejemplos de viviendas sociales, o Gemeindebauten, en varios distritos de Viena, siendo el Karl-Marx-Hof situado en el 82 de Heiligenstädter Straße, distrito 19, el complejo de viviendas de este tipo más grande en toda Europa; un auténtico mastodonte con aire art decó, obra de Karl Ehn, aprendiz discípulo de Otto Wagner.

Finalizado en 1933, si bien fue inaugurado oficialmente en 1930, el KMH resultó dañado muy seriamente por la artillería pesada en la Segunda Guerra Mundial. Reconstruido en los años cincuenta del siglo pasado, el simbólico macro edificio fue sometido a un profundo “lavado de cara” a comienzos de los noventa para darle su aspecto actual. Un imprescindible en la ciudad para amantes y curiosos de la arquitectura.

Como imprescindible resulta siempre una visita a la eterna y maravillosa capital de Austria en estas calendas navideñas. Cualquier manifestación artística, cultural o arquitectónica combina a la perfección con ese ambiente tan especial que en estas fechas impregna los cuatro puntos cardinales de la inigualable capital austriaca. Solo hay que venir para comprobarlo 🙂

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