Yo era apenas poco más que un inquieto adolescente a quien la visión de un avión, cualquier avión, despegando o aterrizando de un aeropuerto le hacía soñar con otros mundos lejanos e indómitos. Y fue en uno de esos aeropuertos, el por entonces Madrid-Barajas, rebautizado hace unos años como “Adolfo Suárez” en recuerdo del primer presidente del gobierno español de la democracia, donde lo vi por primera vez. Majestuoso, con su inconfundible joroba sobre el fuselaje; hasta con un punto de elegancia. Era la primera vez en mi vida que tenía la oportunidad de avistar un Boeing 747 reposando manso e imperturbable sobre una pista aeroportuaria. Hoy, el popular “Jumbo” o “Reina de los Cielos”, como ha sido apodada la mítica aeronave, está a punto de decir adiós para siempre.

Otra criatura voladora de la familia estadounidense Boeing, en este caso el formidable 777, o el eficiente Airbus A330 de la competencia, están certificando el irreversible final del legendario Jumbo al posicionarse como sus idóneos sustitutos inmediatos. Un avión cuya historia comienza a finales de la década de los años sesenta del siglo XX cuando el primer 747 se eleva hacia los cielos sobre la ciudad de Everett, al lado de Seattle, en la costa oeste de Estados Unidos. Ocurrió el 9 de febrero de 1969 y sin embargo habría que esperar casi un año, hasta el 22 de enero de 1970, para que la Reina de los Cielos sobrevolara el Atlántico en su primer vuelo inaugural y oficial entre Nueva York y Londres.

Primer Boeing 747 presentado a la prensa y al público en Everett, Estados Unidos, un 30 de septiembre de 1968. Foto Wikipedia

El Boeing 747 ha representado un hito incontestable en la historia de la aviación comercial. Tenía capacidad para transportar más de cuatrocientos pasajeros y literalmente “redujo el mundo”, en palabras de la propia empresa fabricante. Sus seis mil millas de radio permitieron que este mítico avión tuviera a tiro casi cualquier parte del mundo en el contexto de aquellas primeras décadas en las que estuvo operativo. Una posición prominente que mantuvo hasta que la propia casa madre, Boeing, empezó a diseñar nuevos y más potentes aviones empujada por el aliento competitivo que siempre ha supuesto el otro gran fabricante de aeronaves civiles y equipos aeroespaciales que es el consorcio europeo Airbus. La consiguiente caída en los pedidos, sobre todo de su modelo estrella, el B747-400, ha hecho el resto.

A finales del año pasado la compañía aérea norteamericana Delta daba de baja definitiva a su último Jumbo tras un vuelo de despedida entre Detroit y Everett, lugar éste último donde Boeing fabrica varios modelos de su variada familia de aviones y desde donde, como señalé más arriba, se puso en el aire el primer 747 de la historia en 1969. Y volviendo al aeropuerto donde este humilde bloguero descubrió con ojos de adolescente curioso su primer Jumbo, el Adolfo Suárez de Madrid, aquí se vio aterrizar el último B747 de la aerolínea española Iberia un 7 de julio de 2006. El primero lo hizo en 1971. Con todo, el fin del fin aún se demorará un poco más. Algunas compañías europeas como British o Lufthansa no renuncian a seguir operando un tiempo con los 747 que todavía completan su amplio catálogo de existencias.

Boeing 747-400 de British Airways. Foto Pixabay

En cuanto a mi puedo añadir para concluir este post que he tenido el placer de embarcar en la mítica Reina de los Cielos en dos ocasiones. La primera en un vuelo transoceánico entre Paris y Nueva York y la segunda entre Amsterdam y Tokio. Ambas fueros experiencias increíbles al ser consciente en todo momento del peso de la historia, la tradición y el valor que como pionero hay trás el épico Jumbo. Hasta siempre.

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