Que viajar en avión es sinónimo de toda una fuente inagotable de anécdotas, más o menos graciosas, graves o intensas, nadie puede discutirlo. Sin embargo a bordo pueden llegar a acontecer hechos que en ocasiones rozan el absurdo. Hace un tiempo ya publiqué una historia absolutamente hilarante en torno a una pasajera que pretendía volar con un compañero de viaje muy, muy peculiar. Si queréis recordarlo, o leerlo por primera vez, solo tenéis que hacer clic aquí.

La historia que da forma al post de hoy tampoco está exenta de su cuota de hilaridad. Veámos. Una pareja de jóvenes pretendía volar el pasado sábado 17 de febrero con la compañía Emirates entre Birmingham, Gran Bretaña, y Dubái, capital del emirato homónimo en el Golfo Pérsico. Llegado el momento facturaron equipaje y procedieron a embarcar en el impresionante Airbús A380 de la aerolínea citada. Una vez dentro del avión Beth Evans, de 24 años, y Joshua Moran, de 26, la involuntaria pareja protagonista de nuestra historia, ocuparon los asientos asignados en sus tarjetas de embarque. Hasta ahí todo normal. Ahora se desatan los acontecimientos.

Mientras la tripulación se entregaba a la tareas y procedimientos de seguridad previos a la operación de despegue del avión, Beth le comenta a su pareja, Joshua, que siente un fuerte dolor en el vientre debido a su periodo menstrual. La mala suerte para ambos quiso que una auxiliar de vuelo pasara justo por su lado cuando las palabras salían de los labios de Beth. Tras unas breves preguntas la auxiliar no se lo piensa dos veces y pone el hecho en conocimiento de sus superiores quienes, tras analizar la situación, toman la drástica decisión de obligar a la pareja a desembarcar del Airbús de Emirates. Beth y Joshua sencillamente quedaron en estado de shock. Indignados, enfadados, sin dar crédito, tuvieron que abandonar sus asientos y volver a la terminal del aeropuerto británico.

Un Airbús A380 de Emirates

¿Qué había ocurrido?

La tripulación de cabina había consultado con un equipo médico localizado en ¡Estados Unidos! tras cerciorarse de que ningún profesional de la medicina viajaba a bordo. Después de poner el caso en conocimiento de los médicos se tomó la decisión de invitar/obligar a la pareja a un desembarque ante el temor de que los dolores de Beth fueran a más en pleno vuelo. Y es que amigos y amigas del blog, cualquier compañía aérea puede negarse a que un pasajero/a viaje en uno de sus aviones si tiene la seria sospecha de que éste/a podría sufrir graves problemas de salud durante el vuelo. Es más, no existe legislación que fuerce a las aerolíneas a reembolsar el precio del pasaje en un caso de expulsión. Es decir, amparo para la compañía, desamparo para el pasajero. Será legal pero las consecuencias pueden ser tremendas.

Beth Evans y Joshua Moran perdieron las 250 libras, unos 290 euros por pasaje y los gastos del hotel que habían reservado en Dubái. Pero además ambos no olvidarán nunca, seguro, la amarga experiencia. Sin embargo, en mi opinión, lo peor de este humillante caso radica en que la aerolínea tiró de reglamento sin la molestia de cerciorarse, a bordo, de la posible gravedad de la dolencia que padecía la pasajera antes de iniciar el vuelo. Algún médico habría a mano en el propio aeropuerto. Digo yo.

Anuncios