Etiquetas

,

Me referí a él hace pocas entradas cuando contaba en el blog las excelencias de nuestro país vecino, Portugal, en el campo del turismo internacional como destino de primer orden. Pues bien, el puente 25 de Abril, todo un icono de Lisboa, la bella y nostálgica capital portuguesa, está en serio peligro de colapso según recientes estudios técnicos.

Miles y miles de españoles lo han cruzado cuando se han acercado a Lisboa desde España en sus automóviles. Su característica estructura metálica en vivo color rojo sobrevolando el estuario del río Tajo, antes de su desembocadura en el vasto Atlántico, nos lleva a confundirlo, o casi, con el Golden Gate de la ciudad estadounidense de San Francisco. Algunos piensan que el lisboeta es una mala imitación del californiano, incluso una suerte de regalo envenenado de los yanquis, pero es innegable su evocador parecido.

El Puente 25 de Abril sobre el río Tajo a su paso por Lisboa

Algo que también los relaciona es el hecho de que nuestro puente se levantó con ayuda norteamericana. El famoso Plan Marshall puso la financiación, Estados Unidos aportó los ingenieros y la mano de obra corrió por cuenta de los portugueses. Y así el 6 de agosto de 1966 quedaba inaugurado el que por entonces se bautizaría como Puente Salazar, para mayor loa y gloria de la figura del dictador en el poder desde 1934, António de Oliveira Salazar. Más adelante, con la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 -que devolvería la democracia al país vecino-, se rebautizaría con el nombre que lleva todavía hoy. De justicia, pues en su primera etapa el puente fue utilizado de forma mezquina como elemento de propaganda al servicio del “Estado Novo” salazarista.

Sea como fuere el ya veterano puente 25 de Abril supuso un hito en la historia de la capital de Portugal al unir, al fin, las dos orillas del Tajo; la urbana al norte, con la rural y alentejana “margem sul” al otro lado. Antes ya habían visto la luz diferentes proyectos que no llegaron a cuajar. Dignos de mención, por la parte que nos toca, fueron los diseños que llevaran la firma de los españoles Carles Buïgas, con su túnel prefabricado de tres kilómetros y funicular incluido -para peatones- que partiría desde el “Bairro Alto”; o el de Alfonso Peña Boeuf, quien confesaría en sus memorias que había quedado harto de los portugueses tras el vano intento. Lo cierto es que la inestabilidad política y la precariedad de la economía lusa en aquellos difíciles años veinte y treinta no propiciaban precisamente la digestión de grandiosas inversiones en el país vecino.

Inconfundible silueta del puente 25 de Abril

Hoy, en 2018, más de cinco décadas después de ver la luz, el simbólico puente 25 de Abril está herido. Fisuras en las vigas, tornillos sueltos, trozos de acero de hasta tres kilos que se precipitan sobre las aguas del Tajo… El riesgo de colapso es muy serio. El gobierno portugués se ha puesto manos a la obra y este mes comienzan las obras para restituirlo a su estado original. Ojalá no sea demasiado tarde y cruzarlo con nuestros vehículos siga brindando ese mágico y potente poder de seducción que siempre aporta un primer encuentro con Lisboa, la bella capital portuguesa al aproximarnos a ella.

Fotos vía portal Pixabay.com

Anuncios