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Lo que tendría que haberse considerado una simple “falta administrativa” se convirtió en un todo proceso judicial; un calvario para dos jóvenes turistas españoles que en mayo de 2007 robaron unas banderas colgadas de unas farolas en Riga, la capital de Letonia. Era el día de la fiesta nacional, habían tomado unas copas -quizá alguna de más- y al pasar por el malecón del río Daugava, a su paso por Riga, descolgaron las banderas para llevárselas como recuerdo, según declararían más tarde.

El río Daugava a su paso por Riga, Letonia

La cuestión es que fueron sorprendidos por la policía, arrojaron las banderas al agua y fueron detenidos y encarcelados, acusados de un delito de ultraje a la enseña nacional, castigado con hasta seis años de cárcel según la legislación del país báltico. Un mes después fueron liberados con cargos y una fianza de 3.800 euros por barba. Viajaron a España pero en noviembre de ese mismo año tuvieron que volver a Letonia para la celebración del juicio. Finalmente la odisea para ambos jóvenes terminó en una multa por el mismo importe de la fianza impuesta y pudieron regresar definitivamente a España.

Esta noticia, muy resumida, me sirve de prólogo a este post debido a que muchos países mantienen en vigor normas, cómo decir, insólitas, surrealistas, desfasadas por haber sido redactadas -en algunos casos- hace más de un siglo, que a veces provocan una maliciosa sonrisa, pero con consecuencias penales, en ocasiones graves, si se incumplen.

Sin pretender restarle el humor y respeto que todo esto merece, aquí van tres normas vigentes a día de hoy en el Reino Unido, y por tanto de obligado cumplimiento si os animáis a visitar este país, algo por otro lado de lo más habitual entre trotamundos de todo pelaje.

La primera. Si tenéis la peste, habéis leído bien, ni se os ocurra tomar un taxi en este país. Además los taxistas tienen prohibido transportar cadáveres y perros con rabia. Oh My God!

Un taxi londinense. Foto Pixabay

La segunda. Si vais caminando por cualquier calle del Reino Unido y no podéis contener las ganas de orinar, las féminas tenéis permiso para hacerlo sin problemas en plena vía pública. Es más, si os encontráis en estado de buena esperanza podéis miccionar hasta en el casco de un policía. Ver para creer. Los varones también tenemos vía libre en plena calle ante un apretón de vejiga, pero eso sí, sólo podemos hacerlo “apuntando” hacia el neumático de nuestro automóvil y siempre manteniendo la mano derecha apoyada sobre él. Inaudito.

Y la tercera. Cuando viajamos lo normal es comunicarnos con el móvil enviando mensajitos y emoticonos a través de esa famosa aplicación de mensajería instantánea o red social al uso. Pero todavía queda algún despistado, yo entre ellos, que utiliza el correo postal para enviar la típica tarjeta a nuestros familiares y amigos.

  Sellos con la efigie de la reina Isabel II

Foto vía Wikipedia

Pues bien, si optáis por esta anticuada pero encantadora vía, ni se os ocurra pegar el sello con la testa de su “graciosa majestad británica” boca abajo. Es ilegal y se considera un acto de traición si os descubren. Casi tan quimérico como el asunto de las banderas que abrió este post.

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