Ciento noventa y siete entradas después, hoy 2 de mayo de 2018 este pequeño blog cumple cuatro años. Cuando echo la vista atrás sencillamente me parece casi irreal que este humilde proyecto de bitácora viajera haya resistido el paso del tiempo.

Todo este intervalo temporal me ha servido para llevar hasta vosotr@s lo que me ha sucedido durante su trascurso, tanto en el aspecto trotamundo como personal, sin exponer, eso sí, mi propio ámbito de privacidad más allá de lo estrictamente necesario. Porque compartir experiencias, emociones en los tiempos tecnológicos que corren está bien, de moda y hasta es “cool”, pero con límites y sentido común.

Siempre he intentado, y así lo he manisfestado en varias ocasiones durante estos años, elaborar un producto entretenido, atractivo dentro de mis modestas posibilidades, y divulgativo para quien tenga un mínimo interés en alimentar alma e intelecto. No sé si lo he conseguido, si lo consigo o conseguiré, pero voluntad, cariño y seriedad siempre he puesto en esta “mi” criatura cibernética.

A lo largo de este tiempo he recibido correos de personas que me han propuesto algún proyecto de colaboración en el blog y en todos los casos he declinado amablemente la oferta, no sin antes agradecer que se dejaran caer por aquí. “La Mochila De Marco Polo” no sería lo mismo si diera cabida a agentes externos. Este blog es un proyecto estrictamente personal, sin ánimo de lucro, diseñado por mi y con una, llamemos, línea editorial que solo yo como autor puedo y debo firmar. Mis lectores/as me entenderán.

Cuatro años no son nada, o mucho, según se mire. Por eso la vida de este blog puede parecer a ojos de este bloguero un mundo, unas veces, o un fugaz momento, otras. El tiempo en ocasiones es calmoso y pausado, otras se nos va de las manos sin apenas darnos cuenta. Ahora que lo sopeso casi me inclino por esta última. Tempus fugit. En definitiva…

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