Etiquetas

,

El mundo de la aviación comercial sigue dando mucho, muchísimo juego. Son tantas las historias que se producen a diario a lo largo y ancho del planeta afectando a ese complejo mundo de los aeropuertos, aviones de pasajeros, y por ende a estos últimos, los pasajeros, que finalmente darían para escribir varios tomos. Y no digamos entradas para un blog. Una auténtica mina.

Esta es la última.

Veréis. Estamos acostumbrados a que las aerolíneas ejecuten sobrecargos en sus billetes por diferentes conceptos. El resignado viajero suele tragar en la mayor parte de los casos para poder embarcar y realizar el desplazamiento que le lleve a destino. Lo que ocurre es que a veces, sobre la marcha, suceden percances inesperados, rozando casi el surrealismo si no fuera porque siempre todo está amparado en una, cómo decirlo, más que dudosa permisividad legal. Que se lo digan por ejemplo a víctimas de “overbooking”.

Hace unos pocos días una familia tailandesa se disponía a embarcar en un vuelo de la compañía Thai Airways International en el aeropuerto de Bangkok. Al chequear los billetes con los pasaportes el personal de Thai denegó el embarque aduciendo que entre billetes y pasaportes no había coincidencia en los apellidos.

Mostradores de facturación de Thai Airways en aeropuerto de Bangkok

¿Qué había sucedido?

Nuestra familia había comprado previamente los billetes a través de la web oficial de la aerolínea, pero no había espacio suficiente para incorporar todos los caracteres de los apellidos debido a que estos eran… demasiado largos. Fue entonces cuando el padre se vio obligado a acortar los nombres completos para poder realizar la compra en internet. Sin embargo al llegar al aeropuerto los problemas surgieron con las verificaciones y la solución propuesta por el personal de la compañía aérea fue simple y tajante: o pagaban un sobrecoste para modificar los apellidos en los pasajes… o sencillamente compraban unos nuevos. Ante la perplejidad la familia optó por abonar el extra para realizar el embarque.

Poco después del infortunado incidente el padre de familia publicó una queja en un sitio web muy popular de su país contando su desdichado caso y denunciando que la aerolínea le había obligado a pagar un dinero por tener unos nombres y apellidos demasiado largos. La circunstancia de que estos no encajaran en un formulario de compra “online” no era, al fin y al cabo, problema de él.

Hay veces que ciertas historias absurdas acaban bien. Días después de aparecer la viralizada queja en internet, la compañía aérea decidió reembolsar el sobrecoste pagado en el aeropuerto a nuestra abnegada familia. La aerolínea terminó reconociendo la limitación de caracteres en su sistema de reserva vía web -25 en total- por lo que se comprometía a mejorar dicho sistema para solventar incidentes similares… y desafortunados añadiría yo.

Un Boeing 747-400 de Thai Airways

No quiero cerrar este post centrándome en la actuación de Thai Airways. Las aerolíneas tienen el deber de cumplir con estricto celo todos los protocolos de seguridad a fin de evitar males mayores. Y entre ellos está la correcta identificación de los pasajeros. Hasta ahí bien por la aerolínea. Sin embargo en este caso concreto el problema del tamaño de unos nombres y apellidos no podían ser imputados a sus dueños. La evidencia del caso era tal que el incidente podría haberse solventado in situ sin agraviar más a la familia. La razón, en mi modo de ver, estaba inequívocamente de su lado.

Consejo

Revisad vuestros pasaportes y contad número total de letras entre nombres y apellidos. Especial atención en País Vasco y Comunidad Foral de Navarra. Alguna compañía aérea por ahí fuera podría poneros pegas 🙂

Fotos Wikipedia. Domino Público

Anuncios