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Situada a una media hora por autopista desde Estrasburgo alcanzamos el corazón mismo de la Alsacia francesa, una suerte de museo urbano que guarda la esencia de un maravilloso arte renano y una arquitectura renacentista aderezada con gótico alemán, influjo todos ellos de una frontera, la germana, que no se encuentra lejos. Una de esas joyas que permanecen inmunes al paso de los siglos por más que ese mismo arco temporal a veces no haya sido del todo magnánimo con ella. Es Colmar, la bellísima y pulcra Colmar, orgullo de Alsacia, situada en el nordeste de Francia.

Esta pequeña ciudad, donde ingentes cantidades de cigüeñas hacen suyas altas torres y edificios por doquier para anidar y sobrevolar, custodia en su interior una alhaja de enorme valor. Es la “Petite Venise“, la Pequeña Venecia. Sí, una versión más del inigualable original situado en la península itálica. Aquí, en este reducto de hermosas casas de entramado de madera con paredes de colores del muelle de la Poissonnerie y sus encantadores puentecitos sobre el Lauch, siempre adornados con vistosas flores, aquí, decía, el romanticismo campa a sus anchas para deleite y placer de quienes llegan hasta este pintoresco rincón.

Es la foto que ilustra este post, este Pic Deluxe que invita a visitar la pequeña y delicada joya alsaciana. Y más durante este mes de agosto que se celebra en ella la feria de los vinos, un acontecimiento donde alternan degustaciones, gastronomía, exposiciones y espectáculos. Porque Colmar, además de otras muchas bondades, es la capital del vino de Alsacia… Un valor añadido.

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