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No puedo ocultar, y lo he expresado en esta ventana en más de una ocasión, mi auténtica fascinación por el ferrocarril como medio de transporte de viajeros. Sin embargo tampoco puedo dejar de reconocer otra fascinación, no menos oculta, que atañe a la forma de moverse por el mundo. Me refiero a los vuelos comerciales de pasajeros que permiten cruzar el globo terráqueo de una punta a otra, en un solo salto, desafiando cada vez más y más la longitud recorrida. El último récord estaba en manos de la aerolínea Qatar Airways, desde febrero de 2017, al cubrir la ruta entre Doha, la capital catarí, y Auckland, en Nueva Zelanda, en “solo” quince horas y cincuenta y nueve minutos. Una proeza si tenemos en cuenta la ubicación de ambas en el mapamundi, separadas por poco más de catorce mil quinientos kilómetros.

La alegría para la compañía del emirato del Golfo Pérsico va a durar poco. La plusmarca de la que ésta hacía gala va a ser batida justo hoy, once de octubre de 2018, por la que se considera mejor aerolínea del mundo: Singapore Airlines. La aerolínea de la pequeña isla-ciudad-estado del sur de Asia va a pulverizar la marca de su rival catarí al enlazar sin paradas las ciudades de Singapur y la siempre incombustible y fascinante Nueva York, en la costa este de Estados Unidos, en América del Norte.

Vista de Singapur desde el hotel Marina Bay

Las cifras, absolutamente superlativas, asombran de nuevo a los más profanos en temas aeronáuticos y, cómo no, a este bloguero. Atentos, por si hay dudas, a las siguientes líneas.

Un flamante Airbus A350-900ULR, especialmente diseñado por el consorcio aeronáutico europeo para cubrir rutas ultralargas, va a despegar hoy del aeropuerto Changi de Singapur y aterrizará en el Newart Liberty International Airport de Nueva York diecisiete horas y cincuenta minutos después. Tal vez muchas horas, pensaréis algunos, pero no olvidemos que la distancia que separa ambos aeropuertos es de 16.700 kilómetros. Una locura.

El nuevo Airbus A350 es una de esas maravillas de la ingeniería aeronáutica y se va a convertir en la nueva joya de la corona del consorcio aeroespacial europeo. En las antípodas del mastodóntico Airbus A380, el nuevo “juguete” que va a surcar los cielos entre Singapur y Nueva York solo tiene capacidad para 161 pasajeros ubicados en dos configuraciones: 67 asientos de Bussines Class y 97 de Premium Economy, es decir, no hay lugar para la sufrida clase turista.

Menos pasajeros confieren más espacio para y entre ellos y, sobre todo, ahorro de combustible, el detalle para mi más importante, circunstancia que transfiere a esta nueva criatura voladora una eficiencia tal vez nunca vista hasta ahora. Su revolucionario diseño se completa con techos más altos, ventanillas más amplias y un cuerpo de tubo más ancho que evitará esa desagradable sensación de claustrofobia que padecen muchos pasajeros.

Un Airbus A350-900ULR, previo a ser pintado para Singapore Airlines

Foto Wikipedia CC BY-SA 4.0 Autor Edward Louis Richter

En el interior del A350 todo está cuiadado hasta el más nímio de los detalles. Un sistema de entretenimiento con cientos de opciones “on demand”, auriculares con cancelación de ruidos, suaves almohadas, copas de champagne… Incluso el exquisito menú que se servirá a bordo, creado y supervisado por reconocidos nutricionistas, conseguirá que los pasajeros se mantengan siempre bien hidratados al tiempo que disfrutan de una alimentación sana y equilibrada, tanto en comidas como desayuno, algo desde luego nada habitual en la inmensa mayoría de las aaerolíneas.

Y como no hay espacio para la improvisación, en la filosofía de Singapore Airlines está que los usuarios de este larguísimo vuelo que hoy ve la luz noten, lo menos posible, los siempre temidos y molestos efectos del jet lag. Para ello, y en cooperación con una reputada firma de bienestar estadounidense, se ha ideado un novedoso programa de ejercicios y estiramientos que tiene por objeto la relajación del pasajero y favorecer la calidad y duración de su sueño a bordo. A esto ayudará, por aquello de estar pendientes hasta el último detalle, una cuidada y trabajada iluminación LED interior que propiciará una atmósfera de tranquilidad y aclimatación del pasajero a los distintos husos horarios que atraviesa la ruta del avión entre ambas urbes.

Nueva York con el icónico puente de Brooklyn y la torre de la Libertad

La compañía aérea asiática es la última en incorporarse a esta pertinaz lucha por llegar cada vez más lejos sin incómodas y latosas escalas. Al igual que otras proezas que llevan tras de sí la firma del ser humano, solo es cuestión de tiempo que esta marca que verá hoy la luz en la aviación comercial de pasajeros para colocar más cerca en el tiempo las ciudades de Singapur Y Nueva York, se vea superada.

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