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En la entrada anterior habíamos dejado a Kristina de Noruega recién llegada a la ciudad castellana de Valladolid. Se había trasladado, tras un largo y penoso viaje desde su país de origen en el norte de Europa, donde reinaba su padre, el rey Haakon de Noruega, hasta la Castilla de Alfonso X, apodado “El Sabio”, para desposarse con un hermano del rey, un pretendiente al que no conocía y tendría todavía que escoger.

Corría el mes de enero de 1258 cuando la joven princesa escandinava arriba desde Palencia a Valladolid, en su último tramo de viaje, de la mano del rey Alfonso X que había acudido a la ciudad del Pisuerga por celebrarse Cortes en ella. Según el acuerdo alcanzado un par de años antes entre ambas casas reinantes, la princesa Kristina escogería a uno de los hermanos del rey castellano para contraer nupcias con él.

  Kristina de Noruega

Sin perder tiempo Kristina y sus consejeros se pusieron a la tarea de elegir compañero de vida para la princesa entre los cuatro hermanos de Alfonso X, a saber: Fadrique, Enrique, Felipe y Sancho. El infante Enrique, que contaba 28 años de edad, era un eficaz intrigante político -su hermano el rey lo sabía bien- y fue descartado inmediatamente, por lo que la decisión se centró en los tres candidatos restantes.

El elegido de la princesa, según la saga islandesa del rey Haakon –“Hákonar saga Hákonarsonar”– redactada por Sturla Thordansen, fue finalmente el infante Felipe, el menor de todos y favorito del rey, su hermano. No obstante la “Crónica castellana” del propio Alfonso X contaría que fue el monarca quien decidió, y no la princesa. Distintas fuentes, distintas interpretaciones.

Pero, ¿quién era Felipe de Castilla?

Antes de conocer a Kristina el infante don Felipe había sido arzobispo electo de Sevilla y abad en la Colegiata de San Cosme y Damián de Covarrubias, en la actual provincia de Burgos. Sin embargo abandonó su prometedora carrera eclesiástica ante la falta de vocación y con la aquiescencia del rey si bien, según algunas fuentes, en un primer momento Alfonso no vio con buenos ojos la decisión de su hermano Felipe de dejar el clero.

  Sepulcro de Felipe de Castilla

Sea como fuere el infante ya era libre para empezar una nueva vida junto a su prometida escandinava y de esta manera ambos contraerían matrimonio un 31 de marzo de 1258, primer domingo tras la Pascua, en la Colegiata de Santa María, en Valladolid.

Tras los desposorios la pareja de recién casados pondría rumbo a la capital hispalense, Sevilla; ciudad en la que residía el infante y donde además su hermano Alfonso tenía establecida de facto la capitalidad del reino tras la reciente reconquista de la ciudad en 1248 por parte de su padre, el ya fallecido rey Fernando III de Castilla, apodado “el Santo”.

Colegiata de Santa María la Mayor, Valladolid. España

Felipe y Kristina fijaron su residencia en el sevillano palacio de Biorraguel, propiedad del hermano y cuñado, don Fabrique, y allí permaneció la princesa noruega hasta su prematura muerte en 1262, tan solo cuatro años después de contraer matrimonio. Contaba 28 años de edad en el momento del óbito y no dejó descendencia. Su cuerpo fue enterrado, por orden de su marido, en la Colegiata de San Cosme y Damián de Covarrubias, donde Felipe había sido abad hasta la edad de 21 años. El traslado del cadáver desde Sevilla hasta Covarrubias representa para Kristina la etapa final de un largo viaje iniciado en 1257 en Tønsberg, Noruega.

¿Cómo murió la joven y delicada princesa venida del frío?

Existen diversas teorías al respecto. La más romántica y con visos de leyenda apunta a que Kristina murió debido a la melancolía y tristeza provocadas por la imposición de vivir en una ciudad y un país muy alejados de los bellos fiordos y escarpadas montañas de su Noruega natal.

Con costumbres y mentalidades en las antípodas, un clima extremo para ella, una barrera idiomática que nunca llegaría a superar, un marido ausente que gustaba de cazar jabalíes -su mayor afición-, la insoportable soledad de palacio con salidas únicamente para visitar la iglesia de San Lorenzo y alguna fiesta esporádica en la Corte… todo lo cual desembocaría en un cuadro de fuerte sentimiento de añoranza y desubicación para la joven princesa que terminaría por pasarle factura.

  Sevilla, España

Otra versión envuelta en halo de leyenda señala que la princesa nórdica moriría por desamor ya que se habría prendado del mismísimo Alfonso, el rey, y éste al estar casado con la reina consorte Violante de Aragón, hermana del monarca aragonés Jaime I, no podría haberla correspondido. En estrecha vinculación con esta teoría se ha especulado otra según la cual habría sido envenenada por la propia reina Violante, conocedora de los secretos amoríos que Kristina profesaba por su marido. Argumentos, todos, no demostrados y que tal vez buscaban el desprestigio del monarca de Castilla.

Una cuarta hipótesis, la más plausible, nos desvela que nuestra princesa de cuento podría haber muerto de meningitis tras una infección fatal de oído. Entre 1952 y 1958, con motivo de unos trabajos de rehabilitación en la colegiata de Covarrubias donde estaba enterrada, se descubrieron varios sarcófagos con cuerpos sin identificar. En uno de ellos se descubrió el cadáver en buenas condiciones de una mujer joven y junto a él se localizó un pergamino con versos de amor y una receta de la época para tratar el mal de oído con “xugo de ajo“. De ahí la conexión: causa probable de muerte derivada de una infección aguda en sus oídos. Hoy esto sería impensable, pero en la Edad Media ciertas patologías sin aparente peligro podían resultar fatales.

El cuerpo de 1,72 mts. de estatura, de cráneo pequeño, cabello rubio bien conservado, uñas rosadas y blanca dentadura lucía incorruptos ropajes con bordados en oro, piedras preciosas y valiosas joyas, todo lo cual delataba que aquel cuerpo de mujer casi momificado e inusual estatura se correspondería con el de una persona de alto linaje.

Tras el pertinente examen médico forense no cabía duda. Los restos de la desdichada y resignada princesa noruega habían sido localizados. Lo siguiente fue restaurar el sepulcro e instalar sobre él una placa conmemorativa, tareas que quedaron conclusas en mayo de 1958. A continuación se realizó un acto de reconocimiento hacia la figura de la malograda princesa nórdica, con la presencia de personalidades españolas y noruegas.

Estatua de la Princesa Kristina en Covarrubias, Burgos. España

A partir de ese momento se intenta restañar la memoria de una mujer a quien el destino le deparó un injusto olvido después de su muerte, más de siete siglos atrás. La vida de la princesa y su memoria se esfumaron casi tan rápido como las relaciones entre su padre y su cuñado, el rey de Castilla. La elección definitiva de Rodolfo I de Habsburgo como nuevo emperador del Sacro Imperio, en perjuicio de Alfonso X, alejaría definitivamente la buena sintonía que un día existiera entre el monarca noruego y el castellano. Y esto influyó de manera decisiva, a su vez, en el desdichado destino de Kristina en tierras de Castilla.

Hacia la restitución de la figura de Kristina Håkonsdatter

El marido de la princesa, el infante Felipe, le había prometido en la boda levantar una capilla en honor a San Olav, el santo patrón del país originario de Kristina, pero su prematura muerte fustraría el anhelado deseo de la princesa de disponer de un lugar, lejos de su amada tierra, donde poder orar a su venerado patrón.

Reparar tal infortunio costaría varios cientos de años hasta que en septiembre de 2011, gracias a los buenos oficios de la “Fundación Princesa Kristina de Noruega” y la “Junta de Castilla y León“, se inauguraba en el paraje del Valle de los Lobos, a las afueras de la encantadora villa medieval castellana de Covarrubias, una pequeña iglesia levantada en acero laminado y madera, al más puro estilo nórdico, para honrar la memoria de Kristina Håkonsdatter.

  Colegiata de San Cosme y Damián

Sin salir de Covarrubias, a solo cuarenta kilómetros de Burgos, puede admirarse hoy día una estatua de la princesa clavada frente a la fachada principal de la Colegiata de San Cosme y Damián en cuyo claustro reposan sus restos dentro de un sarcófago gótico labrado en piedra y la presencia permanente de una bandera de Noruega. La estatua se realizó en bronce y fue alzada en Covarrubias con motivo de un homenaje que se rindió allí en 1978 a Kristina y al que asistieron distintas personalidades del país escandinavo y la Banda Municipal de Tønsberg.

Sarcófago de Kristina de Noruega en la Colegiata de Covarrubias

En la actualidad las relaciones de amistad entre la Real Embajada de Noruega, a través de la Fundación Princesa Kristina, y el pueblo de Covarrubias son muy estrechas y se plasman cada mes de octubre en la celebración de un festival anual de música, “Notas de Noruega“, en la Capilla de San Olav y un mercadillo de productos típicos del país vikingo que ofrece a sus visitantes artesanía local, salmón y libros noruegos en versión española.

Sin duda una excelente manera de estrechar lazos culturales y honrar la memoria de una princesa quien, hace siglos, llegó del lejano frío nórdico para quedarse “ad eternum” en los ásperos y rigurosos campos de Castilla.

Fotos Wikipedia

SEPULCRO DE FELIPE DE CASTILLA EN LA IGLESIA DE STA. MARÍA DE VILLALCáZAR DE SIRGA, PALENCIA CC BY-SA 3.0  AUTOR: FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ

COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR, VALLADOLID CC BY-SA 3.0 AUTORA: LOURDES CARDENAL

SEPULCRO KRISTINA DE NORUEGA EN LA COLEGIATA SAN COSME Y DAMIÁN de COVARRUBIAS, BURGOS CC BY-SA 4.0 AUTOR: ECELAN

 

Dedicado a Inmaculada…

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