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Es una percepción errónea. Cuando comunicas a alguien que te vas al sur de la provincia de Albacete, una de las cinco que conforman la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha en el centro sureste de España, te va a replicar siempre la misma expresión, casi como si de un mantra se tratara: “Pero si eso es un secarral”…

Nada más lejos de la realidad. Es cierto que mientras avanzamos con nuestro vehículo por el interior de la suave y ondulante planicie manchega, los áridos campos amarillos se suceden hasta donde alcanza nuestra vista; unos campos salpicados y amenizados cada cierto tiempo por los inmortales, gráciles y quijotescos molinos de viento.

Molinos de viento en Castilla-La Mancha. PIXABAY

Y así es hasta que alcanzas esa suerte de cuña geográfica que el mapa de la provincia albaceteña introduce caprichosamente entre tierras jienenses de Andalucía y la Región de Murcia. Y ahí cambia todo. Porque habrás llegado a la impresionante Sierra del Segura, con sus esbeltos picos, afilados cerros y virginales bosques de robles, pinos y avellanos. Un auténtico deleite visual. Un paraíso tapizado de verde que nada tiene que ver con lo visto hasta llegar allí.

Situados en plena sierra nos instalamos en la población de Riópar que a su vez es la puerta de entrada al “Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima”, el lugar donde se ubica el paraje conocido como los “Chorros del Río Mundo”, el punto donde nace el río homónimo y principal afluente del río Segura. Y es aquí donde ahora, en primavera, acontece uno de los espectáculos más extraordinarios que el visitante puede encontrar en la geografía peninsular ibérica; un regalo de la naturaleza, un fenómeno natural conocido como el “Reventón”. Algo similar a una explosión, pero una explosión de agua, luz y sonido.

Reventón del río Mundo

El reventón alude al enorme torrente de agua que cada primavera, con las lluvias y el deshielo, se precipita de forma espontánea y en picado desde las entrañas de la montaña, a un centenar de metros de altura, estrellándose contra el suelo y pulverizando literalmente el agua.

Arriba, una oquedad abierta en plena pared vertical y cárstica posibilita la salida de un agua enfurecida que da lugar a la nacida del río Mundo, río que después de varias cascadas, pozas y torrentes sigue su lento viaje a través de estrechas gargantas y farallones rocosos hacia su encuentro con las aguas del Segura.

Salto de agua desde la Cueva de los Chorros

La oquedad por donde las aguas del río Mundo ven la luz del exterior no es sino la puerta a su vez de entrada a la “Cueva de los Chorros”. Se calcula, grosso modo, que hay explorados en su interior alrededor de medio centenar de kilómetros, pero se especula que la cueva podría esconder otro tanto en forma de galerías y estrechos túneles sin pisar todavía por el ser humano. Es abrumador, e inquietante, solo pensarlo.

El espectáculo de la inmensa y atronadora cascada que origina el nacimiento del río Mundo se ve aderezado por una naturaleza desbordante. Pinares, acebos y tejos escoltan más abajo el discurrir de unas aguas puras, cristalinas y, sorpresivamente, más mansas y tranquilas con relación a la fiereza de esas mismas aguas solo unos metros más arriba.

Curso inicial del río Mundo. Al fondo, la vecina Sierra de Alcaraz

El fenómeno del reventón está, como señalaba líneas atrás, íntimamente ligado a la estación primaveral, al deshielo y las precipitaciones propias de esta época del año. El agua de la nieve y la lluvia se filtra en el subsuelo y se acumula en cantidades muy considerables en el interior de las cavidades y galerías.

Con la subida gradual de la temperatura en el exterior, pero también en el interior, aumenta la presión del agua y ésta busca a la desesperada una salida hacia fuera. El caudal del agua pasa entonces de unos cincuenta litros por segundo a los más de ocho mil que en días concretos la oquedad escupe sin contemplaciones y a las bravas. El resultado final es fácil de imaginar. Y disfrutar…

ACCESOS

Desde Riópar tomar la carretera autonómica CM-3204 hasta el kilómetro 5. Allí, a la izquierda, se toma el desvío señalizado hacia la pista asfaltada A-77 que nos conduce a la “Explanada de los Chorros”, a poco más de un par de kilómetros del cruce, donde se puede aparcar el vehículo. Los accesos a la explanada están regulados y hay un aforo máximo en el parking: 110 vehículos particulares y 6 autobuses. Desde la explanada tendremos que hacer algo de senderismo hasta alcanzar los rústicos miradores y pasarelas instaladas sobre las embravecidas aguas. Una agradable caminata de apenas setecientos cincuenta metros y de baja dificultad. Un esfuerzo que posibilitará al final contemplar sin problemas la boca de la Cueva de los Chorros y la mágica cascada.

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