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En las últimas entradas este blog se ha movido por tierras de la provincia de Albacete en el interior de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Principalmente por el sur; un sur meridional radicalmente distinto en cuanto a paisaje del restante árido territorio provincial, dentro de un paraje natural cincelado con firme voluntad por el curso del río Mundo. Sin embargo, en la parte más septentrional de la provincia también descubriremos un impactante rincón de manchas boscosas de robledal y campos de cultivo, con meandros y profundas gargantas modeladas con tesón por otro río, en este caso el Júcar; un río que parece contonearse con garbo aquí, entre abruptas paredes verticales y crestas calcáreas.

Curso del río Júcar a su paso por la provincia de Albacete

Hoy nos vamos a detener en un pueblo de esos que calificamos “con encanto”, cuyo pasado ibero, árabe y romano ha dejado una huella indeleble en su patrimonio histórico y cultural. Todo dentro de un marco realmente incomparable que atrapa al instante a quien lo visita. Hoy vamos a conocer Alcalá del Júcar.

Alcalá del Júcar se emplaza en la esquina nordeste de la provincia de Albacete, dentro de la comarca de la Manchuela, tocando casi con la mano territorio de la vecina Comunidad Valenciana. El río Júcar, aquí en su sinuoso tramo medio-bajo, traza una espectacular garganta que ha obligado literalmente, y desde siempre, a adaptar todo el entramado urbano de estrechas calles y pequeñas placitas del pueblo a la empinada ladera que emerge de la profunda hoz del río y su meandro.

Entrando en Alcalá del Júcar

El resultado, como podemos imaginar, es un conjunto arquitectónico único y maravilloso, con sus pintorescas casitas, muchas incrustadas en la roca, cuevas horadadas en la montaña de extremo a extremo y el imponente castillo coronando la muela de la hoz. A esto hay que unir ese peculiarísimo laminado que presenta el cañón del río en su base, lo que confiere al conjunto un aspecto como de inmensa tarta de caliza, una tarta muy dulce y apetecible, por cierto.

Los árabes ya se instalaron por estos pagos allá por el siglo XI y levantaron una fortaleza que sirviera de contención a la constante presión militar de los reyes cristianos y garantizara a la vez su línea defensiva. La insistencia tiene al final su recompensa y así fue como en el año 1211, tras una campaña relámpago de Alfonso VIII  -a quien ya conocimos en Ayna liberando ese mismo año a la villa sureña de la presencia musulmana-, se logró arrebatar el castillo de Alcalá para la causa de la Corona de Castilla.

Puente Romano y castillo de Alcalá del Júcar en la cima de la hoz

Precisamente de la época árabe data el castillo que corona la hoz del Júcar. Su envidiable emplazamiento lo convirtió en casi inexpugnable para disgusto de las huestes militares que durante centurias intentaron su asalto con perseverancia y diferente fortuna. La fortaleza, de los siglos XII-XIII, tiene un torreón en forma pentagonal, su seña más visible y atractiva, y todavía se conservan tramos de la muralla original que rodeaba el fortín.

Descendiendo por las empinadas y angostas callecitas alcanzaremos otro de los imprescindibles de este bonito pueblo castellano manchego: la iglesia de San Andrés. Un magnífico templo levantado entre los siglos XVI y XVIII, de nave única y forma de cruz latina de proporciones considerables. Mención especial para la bóveda de crucería con terceletes, original del siglo XVI.

Iglesia de San Andrés

Y descendiendo desde la iglesia de San Andrés hasta el río Júcar nos toparemos de lleno con el Puente Romano, llamado así no por su origen, sino por apariencia. Data del siglo XVIII si bien su  precuela medieval se remonta a los siglos XIV y XV cuando el puente sirvió de aduana o puerto seco en el conocido como “Camino Real de Castilla a Levante”, una ruta terrestre que habilitaba el paso de carruajes para transportar trigo a la ciudad de Valencia, comunicando así el reino de Castilla con el reino de Valencia.

Por último. No abandonemos Alcalá del Júcar sin visitar, al menos, una de sus famosas cuevas, otra de las indiscutibles señas de identidad alcalaínas. El formidable cerro calcáreo que acoge la población está literalmente taladrado por grutas y cavernas que son famosas por su polifacético uso. Sirven de establos, farmacias naturales, pequeños museos etnográficos… y algunas, como la cueva de Masagó o la del Diablo, disponen de tabernas donde reponer fuerzas tras el largo peregrinaje por esos húmedos y ascendentes túneles que atraviesan la montaña de lado a lado.

+INFO en la Oficina de Turismo, Paseo de los Robles s/n, justo al lado del Puente Romano sobre el Júcar

Alcaladeljucar.net

Turismocastillalamancha.es

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