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Es el  sueño de cualquier mortal. Eliminar los relojes de nuestra vida diaria y detener el tiempo. Una auténtica quimera en cualquier parte del mundo. Y sin embargo existe un lugar sobre la faz del planeta que sí lo ha logrado. Si me queréis acompañar en este post de hoy, conoceremos en las siguientes líneas tan atemporal punto en el mapa.

Nuestro curioso destino se encuentra en las apartadas y desangeladas tierras escandinavas de Noruega, en el norte de Europa. Allí, por encima del Círculo Polar Ártico, una pequeña isla de apenas medio kilómetro cuadrado emerge del océano, apenas cuarenta kilómetros al oeste de la ciudad de Tromsø, ya en el continente. Nuestra isla en cuestión atiende al nombre de  Sommar –Sommarøy, en noruego- y se traduciría como “isla de verano”. Esta denominación tan estival no es baladí pues en estas latitudes muy septentrionales, y en la época próxima al solsticio de verano, el sol no se oculta en el horizonte durante 69 largas jornadas de luz continua con noches muy, muy brillantes e inexistentes tal como las entendemos.

Isla de Sommarøy, Noruega. CC BY-SA 3.0 Autor Harald Groven

Son los efectos del llamado “Sol de medianoche” que puntualmente cada primavera, el 18 de mayo, visita estos territorios aprovechando que el eje de rotación de la Tierra está lo suficientemente inclinado en esta época del año como para que los rayos del sol iluminen de manera constante la superficie terrestre y sean visibles en todo momento aquí, en estas latitudes tan al norte. Y así hasta el 26 de julio cuando la isla de Sommar empieza a recuperar su normalidad cíclica día-noche. Aunque no por mucho, como veremos.

Los escasos trescientos habitantes de Sommarøy pretenden algo casi mágico, utópico a los ojos del resto de humanos: crear en la isla una zona libre de horario. En la práctica esto supone eliminar los relojes de la vida diaria y literalmente parar el tiempo. Tan osada y atrevida iniciativa empezó a tomar cuerpo tras una asamblea vecinal convocada el pasado mes de mayo donde quedó patente la voluntad popular de eliminar los horarios y abolir la rigidez en la medición del tiempo. Algo en consonancia con el apacible y sosegado estilo de vida insular, libre de estrés, y donde la pauta impuesta por los relojes se había convertido en una auténtica y pesada rémora, en definitiva, en algo sin sentido e innecesario.

Y, ¿qué ocurre con los visitantes que cada año acuden a la isla atraídos por sus paisajes de playa y fina arena blanca? Los residentes lo tienen claro y no dudan en invitar a los turistas a que  abandonen sus relojes en el  pretil del puente que une Sommar con otra isla, Kvaløya, por la cual se accede a la Noruega continental y, sin más, te olvides del tiempo y vivas tu vida. Fuera compromisos horarios. Así de claro. Si el sol permanece perenne e imperturbable las veinticuatro horas del día ahí, a la vista, ¿para qué necesitas saber la hora?

De hecho es muy habitual a las dos o las tres de la, teórica, madrugada ver a los niños jugando al fútbol, jóvenes bañándose en la playa y gente pintando sus casas o cortando el césped de sus jardines, por ejemplo. Es la flexibilidad total. Ese es el objetivo de esta singularísima iniciativa, que esta isla noruega no se rija por plazos. Todavía más. Se está estudiando cómo conseguir que formalmente la isla pueda abandonar su zona horaria.

Casas en la isla de Sommar. CC BY-SA 3.0 Autor Kjetil Ree

Tan idealista y ensoñadora iniciativa todavía tiene por delante algunos desafíos para ser legalizada y reconocida. Para ello es necesario presentar esta decisión colectiva en el Parlamento noruego y que los diputados nacionales den luz verde a algo que, si bien todavía no está refrendado por escrito en el poder legislativo, la apacible gente de Sommar, que vive principalmente de la pesca y el turismo, viene practicando generación tras generación desde tiempos inmemoriales.

Por otro lado, ¿serán capaces los turistas de adaptarse a un sistema tan radical donde no priman el tiempo y los plazos? Y otro reto no menos importante y a la vez inquietante: qué hacer cuando la situación se revierte entre noviembre y enero de cada año; cuando el sol no aparece nunca por el horizonte y Sommarøy queda engullida en la larga y oscura noche polar. El tiempo, ese tiempo que pretenden liquidar aquí, en estas inhóspitas latitudes, lo dirá…

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