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Situada a unos setenta kilómetros al sur de la segunda urbe de Portugal, Oporto, nos encontramos con una pequeña y encantadora ciudad atlántica que responde al nombre de Aveiro. Capital del distrito homónimo, Aveiro salvaguarda todavía su vieja esencia marinera y ese aire de cierta melancolía y tradición tan propio del país vecino al tiempo que combina sabiamente, y en una delicada armonía, lo antiguo con lo moderno.

Conocida popularmente como la “Venecia portuguesa” debido a que está emplazada en una extensa ría que discurre en paralelo a la línea del océano Atlántico, su casco histórico conocido como Beira Mar es un conglomerado de edificios señoriales “art noveau”, pintorescas casitas de pescadores pintadas en vivos colores, restaurantes donde degustar buen pescado y vetustos almacenes de sal conviviendo con un manojo de puentes y canales por donde navegan plácidos y llenos de turistas los típicosmoliceiros”, esas coloridas barcazas en forma de media luna que recuerdan a las famosas góndolas venecianas. Evocar pues, que no comparar, a la afamada ciudad italiana resulta casi inevitable.

Aveiro no es solo canales y moliceiros. También es sinónimo de cercanas e infinitas playas de arena blanca, dunas móviles y “palheiros”, las típicas casas de madera pintadas a rayas de colores donde antaño los pescadores ponían sus redes y aparejos de pesca a buen recaudo. Un verdadero imán para los miles y miles de visitantes que cada año se acercan hasta este paradisiaco rincón portugués. Eso sí, las gélidas y bravías aguas del Atlántico son todo un desafío y no aptas para bañistas enclenques y poco decididos. Pero atrevidos siempre hay en cualquier parte, ¿verdad? 🙂

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