Pic deLuxe: románico entre montañas

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Es una confesión. Me encanta el Pirineo. Estoy “in love” permanente con esta zona del país, donde las elevadas cumbres apadrinan longevos y vírgenes bosques, praderías, pequeños lagos y pueblecitos de arquitectura tradicional con mucho encanto. Un entorno de vibrante naturaleza, ideal para una pausa temporal en nuestras ajetreadas vidas.

Le he dedicado espacio y atención en esta bitácora a diversas áreas de esta característica cordillera montañosa del norte de España, compartida en el mapa con nuestros vecinos franceses. Hemos visitado en estas páginas el Pirineo navarro y el oscense, en Aragón, y nos hemos imbuido en sus tradiciones, costumbres, arquitectura y forma de vida.

Hoy nos desplazamos más hacia oriente, a una nueva franja del Pirineo central situada en el extremo noroeste de la provincia catalana de Lleida/Lérida. En este Pic de Luxe nos vamos a detener en uno de sus valles más simbólicos y conocidos: el Valle de Arán, o Vall d´Aran en lengua catalana, si bien aquí también se habla desde el siglo XI el aranés, una variante gascona del idioma occitano. El valle, que en sí mismo es una comarca, lo conforman una treintena de pueblos, siendo su capital Viella Mitg Arán, en español, Viella i Mitjaran, en catalán, o Vielha e Mijaran, en aranés.

Una de las peculiaridades de este sugerente valle pirenaico son sus magníficas iglesias, auténticas joyas del románico que emergen del accidentado suelo a lo largo y ancho de su encajonado –y hasta no hace muchas décadas aislado- territorio. Preciadas gemas por fuera y también por dentro, donde pinturas, iconografía y conjuntos escultóricos acrecientan el valor y riqueza ornamental de estos verdaderos testigos mudos del pasado.

Cada núcleo de población aranés muestra con orgullo su iglesia. La mayor parte de ellas fueron levantadas entre los siglos XII y XIII, por lo que en algunos casos su primigenio estilo románico se nos presenta evolucionado, es decir, un románico tardío en tránsito hacia el gótico. Sin embargo en muchas de estas iglesias todavía se conservan restos de su primitivo románico lombardo, característica esta última que los araneses comparten con otros valles pirenaicos vecinos, fuera de Cataluña.

La imagen que encabeza este post nos permite contemplar la belleza de uno de los templos más paradigmáticos del Valle de Arán. Es la parroquial de San Miguel, en Viella. Finalizada en el siglo XIII, es un claro ejemplo de transición entre románico y gótico. Añadidos posteriores le han dado el aspecto que presenta hoy. La cúpula, dos capillas y, sobre todo, su peculiar torre campanario con cinco arquivoltas, añadida en el siglo XVI, confieren al conjunto un aspecto muy llamativo, a medio camino entre un centro religioso y una recia fortaleza del medievo.

Dedicado a Leopoldo A.A.

IMPORTANTE

Desde el 23 de noviembre de 2020 España exige a ciudadanos extranjeros, y españoles, que pretendan entrar en territorio nacional procedentes de países de riesgo por la alta transmisión de la Covid-19, tanto de la Unión Europea como asociados al Acuerdo Schengen, además de terceros países, una prueba PCR negativa realizada dentro de las 72 horas previas al ingreso en el país.

NOTA: el listado de países o zonas de riesgo, así como los criterios empleados para su definición, son revisados cada quince días y su actualización se puede consultar en este enlace del Ministerio de Sanidad.

Esta medida se une a otra ya vigente, y de carácter obligatorio, que solicita a los viajeros de cualquier nacionalidad con destino España la cumplimentación de un Formulario de Control Sanitario (FCS) por vía electrónica antes de iniciar su viaje, ya sea en avión o barco.

Dicho formulario se puede rellenar en la web www.spth.gob.es o a través de la app gratuita SPAIN TRAVEL HEALTH-SpTH. Una vez cumplimentado se proporciona un código QR que será requerido a su llegada a España.

La novedad es que ahora también se incluye una pregunta en dicho formulario donde se interpela al viajero si dispone de esa PCR negativa realizada en las 72 horas anteriores al ingreso en España.

Si el formulario no se ha podido tramitar por vía telemática, se podrá presentar en formato papel antes del embarque. En este caso deberá ir acompañado con el documento acreditativo original, redactado en español o inglés, de la realización de la prueba diagnóstica.

#MuéveteconResponsabilidad #ManténDistanciaSocial #UsaBienLaMascarilla #quédateencasa

Un Halloween a la portuguesa

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Como tantas otras costumbres procedentes del mundo anglosajón, Halloween ha acabado por instalarse en nuestras vidas. Costumbres y tradiciones ancestrales que, por otro lado, hemos ido incorporando en convivencia más o menos armoniosa con otras propias de nuestro ámbito cultural, religioso y geográfico.

Es por ello que Halloween, contracción de la expresión inglesa “All Hallows´ Eve”, <Víspera de Todos los Santos> en español, en los tiempos modernos, y desde hace siglos, sería una suerte de mixtura híbrida entre la fiesta pagana de “Samhain”, de origen celta y que tenía lugar el 31 de octubre, y la festividad religiosa cristiana del Día de Todos los Santos que se celebra el 1 de noviembre.

PIXABAY

La idea base radica en la premisa de que durante la noche de transición de una festividad a la otra se produce una fuerte cercanía entre el mundo de los vivos y el reino de los muertos; una fina y delgada línea que permite a los espíritus, tanto benévolos como malignos, deslizarse a través de ella y unirse a los vivos. Esta tétrica visión de la vida en comunión con la muerte ha derivado, con el devenir de los siglos, en diferentes versiones según miremos a unos países u otros, incluso unos continentes u otros.

En Portugal nuestros vecinos celebran cada 1 de noviembre el “Pão por Deus”, una tradición documentada ya en el siglo XV y según la cual los niños y niñas lusos van de casa en casa pidiendo un “Pan de Dios” o “bolinho”, un tipo de pan dulce –las golosinas son otra opción- para compartir con las “alminhas queridas”, espíritus de seres amados que llegan a nuestro mundo desde el otro en forma de mariposas o pequeños animalitos.

Panorámica del infinito Alentejo portugués

Inmersos como estamos durante estas jornadas en esa especie de “modo fúnebre” permanente, para imbuirse de lleno en ambiente existen lugares que, desde luego, no defraudarían ni al más escéptico en estos temas que afectan a vivos y muertos. Uno de esos lugares lo podemos encontrar en el corazón de la región portuguesa del Alentejo, al otro lado de la “Raya”, popular denominación de la frontera entre España y Portugal, a la altura de la provincia extremeña de Badajoz.

Évora, la histórica y decadente, aunque deliciosa ciudad alentejana, alberga la llamada Capilla de los Huesos, “Capela dos Ossosen portugués.“Nosotros huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos” sería la traducción de la rotunda y dramática afirmación que podemos leer justo antes de entrar a esta capilla de fines del siglo XVI, ubicada en el interior del Convento de San Francisco; una cripta osario que exhibe la lúgubre y macabra visión de un par de esqueletos completos, además de miles de huesos y unos cinco mil cráneos humanos procedentes de diferentes camposantos de la ciudad, todos apilados y conformando una tétrica composición.

Puerta de acceso a la Capilla de los Huesos y su famoso cartel Interior de la capilla

Pero, ¿cuál es el mensaje de tan siniestro escenario?

La idea de la capilla partió de los monjes franciscanos que habitaban el monasterio a finales del siglo XVI. La capilla, según su criterio, debía invitar a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia humana y meditar sobre la vida eterna.

Visitar esta lúgubre, aunque excepcional capilla, supone un viaje a lo efímero de las cosas y la vida terrenal; una experiencia brutal, difícil de olvidar y que, sin ninguna duda, permitirá al viajero sumergirse de lleno en este ambiente de espíritus vagando por este mundo y merodeando alrededor nuestro durante la noche de difuntos.

Es un Halloween a la portuguesa.

IMPORTANTE

Desde el pasado 25 de octubre de 2020 España vuelve a estar bajo un Estado de Alarma decretado por el gobierno central, si bien en esta ocasión su gestión y aplicación será competencia de las comunidades autónomas, además de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, como autoridades delegadas.

Antes de ponerse en marcha es recomendable visitar la web oficial de tu comunidad autónoma y la de destino, si procede, para estar al corriente de (eventuales) restricciones a la movilidad, toques de queda y posibles confinamientos perimetrales, totales o parciales.

Si resides en la la Comunidad de Madrid pincha aquí.

#MuéveteconResponsabilidad #ManténDistanciaSocial #UsaBienLaMascarilla #quédateencasa

No olvides, por último, que el riesgo de contagio de la Covid-19 se multiplica de manera muy significativa en el ámbito familiar y en las reuniones con amig@s y conocid@s.

Un paseo por las nubes

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Es un hecho incontestable. Cuando las situaciones se tornan de negro horizonte, el ser humano pone sus neuronas en modo creativo para paliarlas como sea.

Tras un verano muy difícil para el sector turístico en general, y el aéreo en particular, con aeropuertos bajo mínimos, aviones varados en tierra por falta de pasajeros y severas restricciones de entrada o salida en los diferentes países, las aerolíneas tiran de soluciones imaginativas e impensables en tiempos anteriores a la pandemia mundial de la Covid-19 para tratar de evitar la quiebra que sobrevuela, sin remedio, por encima de ellas.

Por si fuera poco, los aviones comerciales presentan un problema añadido ante esa falta de actividad. Si no se mueven, su mantenimiento no es posible y estas criaturas complejas, sofisticadas y carísimas están avocadas a su deterioro y final de vida útil.

Para paliar esta dramática falta de actividad, compañías aéreas de algunos países como Japón, Australia, Taiwan o Brunei han ideado una fórmula que, si bien ya se utilizaba de manera tímida antes de la paralización generalizada del sector aéreo comercial, en este agudo momento podría ser una pequeña tabla de momentánea salvación y desahogo para ellas.

Pixabay

Y así es como aerolíneas de la talla de la nipona ANA o la australiana Qantas han puesto en marcha vuelos sin un destino real, donde lo único seguro es el aeropuerto de salida y llegada, que viene a ser el mismo. Sí, habéis leído bien. Se trata de vuelos panorámicos en potentes aeronaves, muy exclusivos y accesibles únicamente a unos pocos clientes de alto poder adquisitivo que están dispuestos a pagar sus elevados precios y a cambio disfrutar de un auténtico paseo por las nubes, en definitiva de “un vuelo a ninguna parte”.

Hablamos de pasajes que oscilan, como media, entre los 500 y los 2.500 euros por trayecto y dan derecho a un viaje de unas pocas horas sobrevolando el país, permitiendo una experiencia distinta a la habitual, cuando la normalidad regía nuestras vidas y volábamos para desplazarnos por negocios, trabajo o turismo de un punto a otro del planeta.

Esta solución, sin embargo, no es de fácil y generalizada aplicación por parte de las compañías. Lanzar un producto de esta naturaleza solo es viable en determinadas partes del planeta; allá donde es posible encontrar un potencial cliente dispuesto a pagar un buen dinero para deleitarse con un vuelo de estas características; un vuelo hacia ninguna parte que hay que convertir en atractivo con mucho ingenio e imaginación. Y esto acota en buena medida el potencial mercado.

RTVE

Es por eso por lo que algunas aerolíneas tiran de originalidad y enganchan con un tipo único de experiencia turístico-promocional, como la Royal Brunei Airlines. La compañía de bandera del sultanato asiático ha puesto en marcha desde el pasado agosto un programa bautizado como “Cena y Vuela”, donde el pasajero disfruta de un atractivo vuelo paisajístico, de apenas hora y media de duración, que de forma hábil y calculada se combina a bordo con una degustación gastronómica a base de sugerentes platos de la tentadora cocina local.

Otras compañías, como la japonesa All Nippon Airways, operan con la estrategia de ingeniosos vuelos donde se agasaja durante los mismos a sus pudientes pasajeros con exóticos cócteles y exclusivos regalos acordes a una temática diseñada previamente para estos vuelos.

La rueda no para y la última en llegar a este singular mundillo de “los vuelos a ninguna parte” ha sido la australiana Qantas. En este mes de octubre la aerolínea del canguro ha programado un vuelo con origen y destino Sidney que sobrevuela, durante siete horas, parajes de Nueva Gales del Sur, Queensland y el Territorio del Norte. Lo delirante de este programa en concreto es que los billetes se agotaron a los diez minutos de ponerse a la venta.

RTVE

Y ahora la otra cara de la moneda. La polémica también envuelve a este tipo de novedosos vuelos donde imperan el lujo y la exclusividad. Y es que ya he referido en alguna ocasión –a través de las líneas de este blog– el daño y perjuicio que el sector aéreo comercial provoca en el medio ambiente cada vez que un avión se coloca en el aire y “suelta” sus envenenadas emisiones de CO2 a la atmósfera.

Cuestión para nada baladí y al que las aerolíneas, que ahora han encontrado una curiosa vía para intentar paliar sus mermadas cuentas de resultado a costa de este novedoso producto, debieran no dar la espalda.

Las organizaciones ecologistas están poniendo el grito en el cielo –nunca mejor dicho- y continuar con la moda de este tipo de vuelos, que en el fondo satisface el ego de poderío consumista de unos pocos y en paralelo causa un grave deterioro al planeta, puede perjudicar de manera muy seria la imagen de las aerolíneas implicadas.

No hay que pasar por alto el hecho de que cada vez hay más personas, en especial jóvenes urbanitas con estudios universitarios, muy concienciadas con este tipo de asuntos que afectan en negativo al medio ambiente. El dilema pues, para las aerolíneas, está servido. ¿Cuál será su siguiente paso?.

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RECUERDA, ESTAMOS EN LA “NUEVA NORMALIDAD”, AUNQUE CUESTE CREERLO. TEN SIEMPRE PRESENTE LA TRIPLE RECETA PREVENTIVA:

>Lavado frecuente de manos
>Distancia social de al menos metro y medio
>Uso obligatorio y correcto de una mascarilla de protección

No olvides, por último, que el riesgo de contagio de la Covid-19 se multiplica de manera muy significativa en el ámbito familiar y en las reuniones con amig@s y conocid@s.

POR FAVOR #MuéveteconResponsabilidad, #ManténDistanciaSocial y #UsaBienLaMascarilla

Asturias y pandemia, afortunado desencuentro

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Un potente sector sanitario público, un secular aislamiento geográfico y baja densidad de población, anticipación a base de cribados masivos con test PCR propios y, sobre todo, una disciplina social comunitaria ejemplar…El cóctel perfecto para sujetar y contener al virus dentro de sus fronteras.

El Principado de Asturias es una rara avis, un afortunado oasis en medio de ese extenso desierto de funesta huella que la Covid-19 ha ido dejando en España desde que el 31 enero de este 2020 se detectara el primer positivo por coronavirus en la persona de un turista alemán, de visita en la paradisíaca isla de La Gomera, en las atlánticas Islas Canarias.

Principado de Asturias, España

Sin embargo, el Principado, un hermoso rincón de poco más de 10mil km2 de superficie anclado en un apartado confín del húmedo norte de España, logró plantar cara a la Covid-19 desde un primer instante, convirtiendo así su territorio en un auténtico remanso sanitario dentro del país, con una muy baja tasa de incidencia del SARS-Cov-2 fronteras adentro. Para el resto, en cambio, el virus se ha traducido en un verdadero quebradero de cabeza que perdura a día de hoy, en pleno segundo envite del azote pandémico.

Cuando Madrid, la capital del Reino, “estornudó”, Asturias supo protegerse a tiempo para no “constiparse”, iniciando una particular y tenaz lucha contra el minúsculo terrorista biológico. Pese a tener una población envejecida, mayoritaria dentro de su escaso millón de habitantes, o tal vez por la responsabilidad que siempre otorga la veteranía de la edad, su respuesta fue certeramente positiva.

La generosa inversión autonómica, desde hace tiempo, en materia de sanidad ha servido para potenciar y dinamizar una excelente red de salud pública regional, empezando por la atención primaria, particularidad que ha resultado determinante en la guerra abierta y declarada al bichejo infeccioso. El Servicio de Salud del Principado de Asturias ha mimado a sus profesionales – y sigue en ello- dotándoles en todo momento, y para una correcta actuación, de material EPI sanitario necesario para su propia y valiosísima seguridad. De otras comunidades autónomas del país, mejor no hablamos.

Ribadesella, Principado de Asturias

La respuesta temprana y coordinada del Principado fue clave en la contención del coronavirus durante la primera ola, a partir del mes de marzo. Los asturianos cerraron centros educativos y espacios públicos antes que en otras zonas del país, redujeron aforos, prohibieron fiestas, mercadillos, ferias… fueron los primeros en imponer (no recomendar) el uso obligatorio de mascarilla y empezaron de inmediato a realizar pruebas PCRs de fabricación propia -en el Servicio de Virología del Hospital Universitario Central de Asturias– que ayudaran a la prematura detección vírica en la población.

Por otro lado, y en paralelo, un eficaz sistema de rastreo permitió localizar y aislar a todo aquel que hubiera estado en contacto con positivos asintomáticos, todo lo cual ayudó a minimizar la transmisión comunitaria y contener rebrotes. En ningún momento se llegó al colapso hospitalario y en las residencias de ancianos siempre hubo personal sanitario disponible. Gestión impecable. Las cifras son elocuentes: durante buena parte del mes de julio -25 días- no se detectó un solo contagio.

Y a todo esto, ¿cómo ha afectado la pandemia al sector turístico del Principado?

La respuesta no deja lugar a dudas. El Principado de Asturias se presenta y ofrece como un genuino paraíso natural –que lo es- y un paraíso sanitario, todo en el mismo paquete. Su imagen de seguridad, no masificación, calidad y sostenibilidad ha calado en un cliente forastero procedente de otras partes de España que este pasado verano, más que ningún otro, buscaba precisamente eso: dispersión, tranquilidad y seguridad.

Asturias, anticipándose una vez más, fue la primera comunidad autónoma española que instauró el certificado de establecimiento seguro, lo que ayudó a que el potencial visitante foráneo tuviera una mayor sensación -fundada- de protección a la hora de ocupar una habitación de hotel, o una casita rural. Fue así como, por ejemplo, el Principado cerró el mes de agosto con un 90% de ocupación en el apartado de alojamiento rural. Inalcanzable en otras muchas zonas del país.

Playa de San Lorenzo, Gijón. Principado de Asturias

Los turistas, habituales de otros destinos nacionales e internacionales, volvieron la mirada hacia este pequeño territorio y deciden, por vez primera, dejarse caer en este auténtico edén sanitario del norte de España para pasar allí sus deseadas y merecidas vacaciones estivales.

El estricto confinamiento estatal obligatorio, consecuencia de la declaración el 14 de marzo de un Estado de Alarma por parte del Gobierno de España, aceleró en la población confinada esa urgente necesidad de salir de casa y alejarse de su municipio de residencia una vez levantado dicho estado de alarma el 21 de junio. Y la búsqueda de una apremiante y segura desconexión benefició de manera muy clara a Asturias en la recepción de viajeros.

Tanta bondad, no obstante, tenía que venir acompañada de algún negro nubarrón y como no podía ser de otra manera, ante un mayor número de visitantes, el Principado también sufre durante el verano un aumento de contagios. Pero ahí estaba la engrasada maquinaria “anticovid” asturiana preparada para contraatacar la transmisión comunitaria, que en ningún momento llegó a estar descontrolada ni puso en riesgo serio a la concienciada población aborigen y forastera.

Cudillero, Principado de Asturias. Photo by Javier Álamo

Y con estos mimbres llegamos al factor clave con el que este pequeño terruño ha conseguido poner contra las cuerdas al coronavirus: su secular aislamiento geográfico. La compleja orografía de Asturias siempre se lo ha puesto difícil al desarrollo de infraestructuras viarias, razón por la cual los accesos al Principado secularmente han adolecido de un perjudicial retraso en comparación con otros territorios de España.

Una imprescindible y digna comunicación bidireccional con el resto del país ha sido, desde antiguo, el correoso caballo de batalla para las distintas administraciones autonómicas del Principado de Asturias. Si a esta máxima unimos una escasa densidad de población, llegamos a la conclusión de que el maldito bicho de marras lo ha tenido muy complicado para campar a sus anchas aquí, en este hermoso y retirado vergel cantábrico.

Bandujo/Banduxu, Principado de Asturias

En los diminutos y encantadores núcleos de población dispersos a lo largo y ancho del Principado siempre se ha asumido -con o sin pandemia- la necesidad de cuidarse unos vecinos a otros. De otro lado, puertas adentro, en una cantidad significativa de hogares el patrón de convivencia llega a abarcar hasta tres generaciones, todo lo cual ha conducido y conduce, de una manera natural, hacia una mayor conciencia familiar a la hora de protegerse entre todos, y ante todo a los más vulnerables, los mayores; una decisiva implicación intergeneracional, sello de la casa, que desde antiguo se da aquí, en este paraíso verde llamado Asturias.

Seguimiento de la evolución diaria de la Covid-19 en el portal Coronavirus Asturias dependiente del Gobierno del Principado.

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ACTUALIZACIÓN 18.11.2020

Pocas semanas después de la publicación de esta entrada, el panorama sanitario del Principado de Asturias ha experimentado un drástico y sorpresivo vuelco, en sintonía con la mayor parte del resto de España.

La llamada “segunda ola” de la Covid-19 ha entrado, ahora sí, de lleno en el pequeño territorio del Principado. Las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales públicos gestionados por la comunidad autónoma se encuentran a fecha de hoy en unos límites muy preocupantes, en tanto la capacidad de transmisión del coronavirus se ha disparado por encima de los 600 casos por cada 100mil habitantes, muy lejos de los 25 casos que demanda la O.M.S.

La ejemplar respuesta del Principado de Asturias durante la primera fase de esta pandemia, tras la declaración del Estado de Alarma del 14.03.2020, y su posterior desescalada, se está viendo comprometida en estos difíciles momentos para la región y para el resto del país.

Es de esperar que esa capacidad de respuesta sanitaria vuelva a estar en sus envidiables primeros niveles y, más pronto que tarde, este pequeño y acogedor territorio del norte del país recupere su estatus de eficiencia y ejemplaridad. Deseo que, como no puede ser de otra forma, se hace extensivo al resto de España.

Pic deLuxe: La vieja amante

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Por invitación del responsable del blog, escribo las presentes líneas con el cometido (nada fácil, lo admito) de hacer una especie de semblanza de mi ciudad, Barcelona. ¿Cómo resumir, en un espacio tan breve, la cantidad de sensaciones que adquiere uno durante años y años? Vamos a ver qué tal me desenvuelvo, aunque ya les advierto que esto no va ser una guía turística al uso, porque para tales cometidos está Internet y San Google Maps. Así pues, empecemos.

Nací y crecí en Porta, un barrio de la periferia de Barcelona, encuadrado en el distrito de Nou Barris. Mi realidad más inmediata era nada sofisticada, construida a base de esfuerzo, ladrillos de no muy buena calidad y gentes venidas de partes muy diversas de la Piel de Toro sobre terreno que antiguamente fuera agrícola. En una época que no conocía los viajes en avión o Internet, tomar un “borreguero” y pasarse ocho o diez horas en unos incómodos bancos de madera a la búsqueda de un futuro mejor era lo más parecido a una aventura, muy similar por cierto a la que nuevas generaciones de viajeros se someten (arriesgando incluso su vida) cada día.

En aquella época, la única zona verde que tenía a mano estaba en el cercano barrio del Congreso, donde ahora vivo y escribo las presentes líneas. Era una especie de Arcadia de estar por casa, sencilla, cómoda y de mejor calidad arquitectónica que nuestra casa de paredes no precisamente rectas. Y qué decir de los suelos: ponías una canica en la entrada de mi habitación y entraba rodando sola. El fin de semana, si hacía bueno, íbamos con mis padres a sentarnos en las gradas del Canódromo Meridiana, porque se estaba bien y en invierno el sol era una compañía agradable.

Curioso edificio este; un superviviente que sobrelleva, como puede, el paso del tiempo y el cambio de usos. Construido con cuatro cuartos (más en concreto, cuatro millones de pesetas, que no era mucho ni siquiera entonces) a mediados de los sesenta, pensando en un uso efímero, aguantó en servicio cuarenta años. Ahora, convertido en todo un referente de la arquitectura contemporánea, aloja una de esas extrañas criaturas de los tiempos modernos, una incubadora de empresas culturales.

Pero yo les estaba hablando de Barcelona. Esa ciudad de los tiempos infantiles y juveniles se me presenta virada al gris, polvo y contaminación de vías rápidas, de gente que “anava per feina” y a ratos se holgaba en diversiones sencillas, sin pretensiones. Ir “al centro” era algo parecido a un viaje de descubrimiento, que requería una medida heroica: coger el Metro.

“Bajo a Barcelona”, solía decir mi padre, que gustaba de pasearse los sábados por las galerías de arte a ver exposiciones, por ejemplo, una de Ferrer Guasch en La Pinacoteca, sita en el Paseo de Gracia. Por fortuna, se ha perdido el triste espectáculo de ver la que fuera la vía más señorial de Barcelona convertida en una especie de parque temático para ricos, donde todas las grandes firmas tienen su paradita y han expulsado casi del todo al comercio que antes jalonaba sus aceras.

El día que en ese mismo paseo cerró Vinçon, la tienda estandarte de la modernidad, acuñé una frase solemne: Acabo de asistir al funeral de Cobi. La que fuera la mascota de los Juegos Olímpicos de 1992 ha envejecido casi tan mal como su creador, a quien vi no hace mucho en un video de una exposición sobre aquellos años gloriosos montada en el Museu del Disseny, un artefacto postmoderno asomado a una plaza de las Glorias en plena reinvención y que encuentro un chisme particularmente horrendo.

Eso sí, las vistas que se divisan desde su última planta son espectaculares: la nueva y la vieja Barcelona, el puerto, la señorial (e infrautilizada) estación de Francia, la catedral y el monumental bulto de la Sagrada Familia. A mi alrededor, la última apuesta de la ciudad para ser algo: el distrito tecnológico 22@, bloques de oficinas, educación puntera, novedades pendientes de digestión allí donde palpitara la Manchester catalana.

Vi a Javier Mariscal, les decía, en ese video, departiendo con otros insignes diseñadores de su generación, acompañados de un vermú y unas olivitas. Recordaban, supongo que con nostalgia (no me fijé mucho en el sonido), aquellos tiempos que ahora se nos antojan lejanos y míticos, años frenéticos, brillantes como el neón que decoraba los escenarios de las fiestas mayores, de colores vistosos al estilo de la cartelería editada por el Ayuntamiento que promocionaba la “Barcelona posa’t guapa” y vendía nuestra imagen en el extranjero.

Parecíamos no tener fin, impulsados por una magia que creímos eterna. Alguno opinará que aquellos polvos trajeron estos lodos, y que todo era un espejismo que se nos subió a la cabeza como un champán malo. Es posible. Cada uno de nosotros guardamos nuestra propia memoria de aquellos años y de la resaca posterior. Es nuestra historia particular de Barcelona.

Transcurrió ese momento, casi mágico, en el que fuimos el centro del mundo, y a partir de entonces los cambios se fueron sucediendo. El turismo dejó de ser algo excepcional, de gentes que pasaban camino de la Costa Brava, para tener entidad propia; el centro de la ciudad mudó de piel, con más o menos lentitud, y casi sin darnos cuenta los barceloneses nos vimos convertidos en actores de una película en Technicolor. Venga, baile un poco de flamenco, pedía un turista. Camarero, una sangría, ordenaba el de más allá. Corríamos de un lado a otro, yes sir, oui Monsieur, Ja, Mein Herr, desviviéndonos por atenderlos, construyendo hoteles, escenografías, locales de tapeo, restaurantes con estrellas Michelin, para que estuviesen cómodos.

La mancha de aceite se fue extendiendo. Pasó a ser normal ver turistas llenando los andenes de la estación de metro de `Sagrada Famìlia´ más allá de la temporada estival, y los alrededores del peculiar templo de Gaudí amenazaban con colapsarse por culpa de la avalancha de autocares. Qué extraordinario me resulta tanto interés por la obra de un genio, mal comprendido por sus contemporáneos y que los barceloneses de pro prefirieron ignorar hasta que los japoneses descubrieron la Pedrera en un anuncio de cervezas y se llevaron la sorpresa de su vida.

A muchos kilómetros de su archipiélago, un arquitecto desconocido les hablaba en un idioma que entendían: el de la naturaleza, las formas curvas, las mismas que volvían frenéticos a los propietarios de los pisos de la Casa Milà. Qué escándalo, aquí no podemos colgar cuadros, protestaban. También circula la anécdota (no sé si apócrifa) de una señora que se quejó al propio Gaudí, diciéndole que en su piso no cabía el piano de su hija. Pues que toque el violín, parece que replicó el arquitecto. Ya ven, a lo mejor el genio tenía sentido del humor.

Y a todo eso los barceloneses sobrevivíamos, algunos mejor que otros. Llegaron gentes nuevas, un reflujo idéntico al que formó el sustrato más reciente. Se alojaron en los mismos sitios, pasaron similares penalidades, montaron del mismo modo sus sencillas vidas. Ahora me cruzo con ellos cuando voy por las calles que me han visto crecer y madurar. Los nativos nos hemos aburguesado, miramos con suspicacia a los recién llegados, aunque acabemos aceptándolos. No queda otro remedio: nos va la vida.

Barcelona se ha construido así, con luces y sombras, monumentos y periferias (aunque algunos arquitectos se empeñaron en unir ambas cosas, con resultados no siempre eficaces), y con gentes llegadas de otras vidas, de otras culturas.

La crisis provocada por el coronavirus nos puede dar la ocasión de repensar muchas cosas. Una de ellas es si queremos vivir en un escenario o en una ciudad real, y reflexionemos si esta dependencia del monocultivo turístico no pone en juego nuestra propia existencia. Porque, entre las rendijas de la postal, la vida brota con la insistencia de una planta trepadora, y sería una lástima olvidar de dónde venimos.

Así que, amigo lector, cuando se recupere de la impresión de haber leído este caótico texto, siga mi consejo. Métase el móvil en el bolsillo (ojo con los carteristas, eso sí), dele un trago al botellín de agua que todo buen turista lleva en la mano y cálese la gorra, que el sol pega fuerte. Acto seguido, abra los ojos y los oídos, permanezca quieto un momento y deje que sus sentidos se sumerjan en el ambiente. Cuando lo haya hecho puede ponerse en camino.

Mi consejo es que empiece por el meollo, y una vez hechas las fotos de rigor, vaya ampliando el radio en círculos concéntricos. Vista la ciudad antigua (que abulta poco), échele un ojo al Ensanche, y recorra la Rambla de Catalunya; creo que con eso ya tendrá suficiente. Procure evitar los lugares donde todos van porque “hay que ir” y deje que la ciudad le sorprenda.

Depende del tiempo que tenga, puede ampliar sus círculos y llegar a las estribaciones de la anémica Sierra de Collserola, subiendo a Montjuïc o, armándose de valor, al Tibidabo. Pero, sobre todo, le recomiendo que se fije en los nativos, que son los artistas invitados a este espectáculo. Si lo hace, quizás encuentre a uno de ellos sentado en la terraza de una cafetería, tomándose un refresco en compañía de una señora algo entrada en años, más o menos bien conservada y que se resiste a convertirse en una estampa para único disfrute de los foráneos.

Como habrán comprendido, ese nativo soy yo, y la mujer que me acompaña (a la que considero algo así como una vieja amante) es Barcelona, mi ciudad, a todos los efectos. Pasados, presentes y futuros.

Texto de Álvaro Martín Pina, autor de “Cosas que quizás sucederán” (2012) y “Fruta del tiempo” (2017)

Nota del blog: Hoy, 24 de septiembre, y desde 1687 en este día, se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Merced, Mare de Dèu de la Mercè, en catalán; patrona de la ciudad de Barcelona.

Roda de Isábena, diminuta grandeza aragonesa

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AVISO DE DESCARGO DE RESPONSABILIDAD
Este blog siempre muestra, como sugerencia, un lugar que puede ser visitado dentro o fuera de España. Sin embargo, antes de viajar es importante que te informes sobre la situación actualizada de la Covid-19 en el destino elegido.

DISCLAIMER NOTICE
This blog always shows, as a suggestion, a place that can be visited, in or out of Spain. However, before traveling it is important that you know about the updated situation of Covid-19 in destination.

Podría pasar por ser una pequeña Toscana en el interior de Aragón, la comunidad autónoma española que hunde sus recientes raíces en el territorio de lo que fue el histórico Reino de Aragón, no confundir con la Corona de Aragón. Un área, la de nuestra reducida versión aragonesa de la Toscana italiana, que viene a ocupar lo que antaño fuera parte del Condado de Ribagorza; una pieza clave en el montaje y puesta en pie del referido Reino de Aragón a partir del año 1035, cuando se orquestó y ejecutó la unión de este condado con los de Aragón y Sobrarbe.

La villa de Roda de Isábena merece todo el respeto y atención por más que sus reducidas dimensiones pudieran invitar a cuestionar tal afirmación. Roda se asienta en la actual comarca de la Ribagorza –provincia de Huesca-, que coincide de manera aproximada con el antiguo condado, y su emplazamiento no puede ser más espectacular y cautivador a partes iguales.

Vista de Roda de Isábena, comarca de la Ribagorza, Aragón. Foto España Fascinante

El pequeño núcleo de población oscense, que apenas acoge a medio centenar de vecinos, se levanta en lo alto de un promontorio, a 907 metros de altitud. Desde esta privilegiada posición controla y domina el acceso al valle por donde discurre el cercano río Isábena; todo lo cual hace presagiar la gran importancia que hubo de desempeñar en el medievo la pequeña villa en su rol defensivo; una auténtica atalaya natural y fortificada que permitía vigilar los dominios y movimientos –no siempre amistosos- de la cercana Taifa de Zaragoza.

La importancia de Roda de Isábena ya le viene de lejos, en concreto de mediados del siglo X, cuando la localidad se convierte en sede episcopal y capital política del mencionado Condado de Ribagorza. Sin embargo, los inicios de la siguiente centuria no podrían haber sido más desalentadores y trágicos para los habitantes de este bello enclave.

Catedral de San Vicente Mártir / CC BY 3.0 Amador

Hacia año 1006 (algunas fuentes citan al simbólico año 999) Abd Al Malik, hijo predilecto de Almanzor y de facto su sucesor, entra en Roda saqueando todo lo que encuentra al paso y echando abajo la primitiva iglesia mayor románica que vio colocar su primera piedra en el siglo IX; una obra de inicial influencia lombarda –su actual cabecera es un buen ejemplo superviviente- pero adaptada después a los cánones arquitectónicos de los maestros navarros que buscaban inspiración en el Camino de Santiago.

En el año 1010 la asolada villa es recuperada por los cristianos y comienza la cuidadosa reconstrucción de una segunda iglesia catedral desde los escombros de la primera. Para el año 1020-24 llegaría la consagración del nuevo templo catedralicio que, aun así, sufriría sucesivas reformas y ampliaciones en los siglos XII y XIII, periodo durante el cual se construye, adosado al muro norte de la catedral, el magnífico y austero claustro de planta trapezoidal y la capilla de San Agustín. Todavía más. En un proceso que nunca ve su fin, durante el siglo XVIII se levantaron, en el lado sur, un pequeño atrio abierto con una arcada de medio punto y la torre campanario, tal como contemplamos el conjunto en la actualidad.

Claustro de la catedral de Roda de Isábena / CC BY-SA 4.0 Mmorell

Pero el traslado de la sede episcopal, a mediados del siglo XII hacia Lérida/Lleida, marcaría sin remedio el inicio del declive de un pretérito esplendor. Con todo, y a pesar de ello, a día de hoy Roda de Isábena presume con orgullo ser la localidad más pequeña de todo el país con sede catedralicia. Una catedral exquisita y de reducidas dimensiones, si bien, en “stricto sensu”, esto no es del todo cierto debido a que el templo perdió su rango catedralicio en el siglo XVIII. En la actualidad, mal que pese a los habitantes de Roda, su excatedral se ha convertido en una iglesia parroquial, eso sí, de impresionante factura.

Si visitamos esta reliquia del medievo aragonés que es Roda de Isábena, nos toparemos con un laberíntico dédalo intramuros formado por estrechas y empedradas callecitas agasajadas de pasadizos, portales, plazuelas… todo embutido en un restringido espacio físico, lo cual confiere todavía más encanto y cierto aire de misticismo a la pequeña villa oscense.

Palacio Fortificado del Prior / CC BY-SA 4.0 Mmorell

La catedral de San Vicente Mártir, en la plaza Mayor, con planta basilical de triple nave, es, como podemos inferir, el principal tesoro en el “ajuar” monumental de Roda de Isábena. No obstante, la seo convive con mansiones señoriales, como el renacentista palacio Fortificado del Prior (s.XVI), a escasos metros de la catedral. Varias ermitas, como la del Pilar, San Salvador o San Mames, restos de muralla y de una fortaleza medieval, además de un molino de aceite del siglo XVIII, completan el bello cuadro urbano de Roda y alrededores.

Y por supuesto, no podemos pasar por alto –y nunca mejor dicho- las magníficas vistas que nos regala este auténtico balcón natural sobre la cuenca fluvial del Isábena y las circundantes sierras de Esdolomada, Chordal y Sís, en el Alto Aragón.

Morrons de Güel desde Roda de Isábena / CC BY-SA 4.0 Mmorell

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RECUERDA, ESTAMOS EN LA “NUEVA NORMALIDAD”, O ESO DICEN…

A tener en cuenta antes de ponerse en marcha

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>El uso de mascarilla es obligatorio, en todo momento y circunstancia, en la totalidad del territorio peninsular e insular español, incluidas las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
>Dada la volatilidad de toda la información relativa a la situación de la Covid-19 en España, ésta puede sufrir alteraciones en cualquier instante
. Actualiza visitando con periodicidad la web de la Consejería de Salud de tu comunidad autónoma de residencia, o destino. 

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Valle de Benasque, para incondicionales del Pirineo oscense

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Este blog siempre muestra, como sugerencia, un lugar que puede ser visitado dentro o fuera de España. Sin embargo, antes de viajar es importante que te informes sobre la situación actualizada de la Covid-19 en el destino elegido.

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This blog always shows, as a suggestion, a place that can be visited, in or out of Spain. However, before traveling it is important that you know about the updated situation of Covid-19 in destination.

A nadie se le escapa que este verano de 2020 es sustancialmente distinto a todos los anteriores, al menos hasta donde alcanza nuestra memoria. La enfermedad Covid-19 y ese maldito virus que la provoca, ha alterado, y de qué manera, nuestro personal enfoque de las siempre ansiadas vacaciones estivales.

Este año se está imponiendo una tendencia que encaja con todas esas reglas preventivas que desde las instancias sanitarias nos recalcan una y otra vez: higiene constante de manos, distancia social de metro y medio, y uso de mascarilla. Esa tendencia no es otra que buscar destinos “covid free”, es decir, destinos poco masificados, muy específicos, algo aislados, donde la posibilidad de contagio del SARS-CoV-2 entre humanos sea insignificante, o casi nula.

Este verano 2020 los españoles demandan, dentro de esta extraña nueva normalidad que nos toca vivir, un turismo de interior, sin abandonar nuestro país; un turismo sostenible, “ecofriendly”, en parajes naturales de ensueño, donde el relax, el silencio y el contacto estrecho con la naturaleza estén asegurados. Por todo ello, en este post os propongo pasar unos días y conocer… el Valle de Benasque.

Panorámica parcial del Valle de Benasque en la provincia de Huesca, Aragón

Nos situamos en la Comarca de La Ribagorza, en el extremo más nororiental y accidentado de la provincia de Huesca, donde las altas y majestuosas cumbres de la cordillera de los Pirineos se muestran intratables y abrumadoras.

La oscense, junto a las provincias de Zaragoza y Teruel, componen la Comunidad Autónoma de Aragón, heredera de alguna forma, y si se me permite la licencia en estos tiempos modernos, de la antigua e histórica Corona de Aragón -no confundir con el Reino de Aragón, que tanto tuvo que ver en la gestación de España como entidad política y territorial en el siglo XV, tras su convergencia y unión dinástica con la Corona de Castilla en la figura de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

El Valle de Benasque, “Vall de Benás en patués o benasqués –dialecto local, de transición entre el aragonés y el catalán-, se asienta en la parte septentrional de la Ribagorza, encajado entre la frontera -por el norte- con la vecina Francia, y hacia el oriente con la provincia catalana de Lérida/Lleida (denominación bilingüe castellano-catalán). Su territorio coincide con el curso superior del río Ésera que nace en pleno Pirineo, sobre la cara norte del macizo de la Madaleta, a 2500 mts de altitud.

Río Ésera a su paso por la villa de Benasque

Río abajo, el Ésera atraviesa el Valle de Benasque siguiendo un eje longitudinal norte-sur, hasta que sus bravías aguas lo abandonan tras precipitarse y serpentear por un profundo y cerradísimo cañón, conocido como el Congosto de Ventamillo, que el mismo río ayudó a modelar. Aislamiento natural perfecto en este preciado rincón del Pirineo Oriental aragonés, al que también se conoce como “Valle Escondido”.

No siempre es fácil, pero en este entorno pirenaico se da un cabal e impecable equilibrio entre naturaleza y la, a menudo conflictiva, actividad humana sobre el terreno. No es el caso aquí ya que la conflictividad es inexistente. Por ello uno de los tesoros autóctonos, perfectamente conservado y protegido, lo encontramos en el Parque Natural de Posets-Madaleta, creado en 1994 y cuyo territorio alcanza a otros dos valles, además de Benasque: Chistau y Barrabés.

Parque Natural Posets-Madaleta

El techo del valle, del parque natural y, por extensión, de todo el Pirineo, es el pico Aneto, que con sus interminables 3.404 mts ejerce de celoso guardián sobre el terreno; un terreno que nos brinda una maravillosa sinfonía compuesta por espectaculares picos, ibones –pequeños lagos de montaña-, circos glaciares –únicos en España-, cascadas, barrancos, praderas, bosques de hayas, abetos, pinos rojos, negros… y sin olvidar sus tradicionales aldeas, “llugarsen patués.

La villa de Benasque es el centro estratégico y social del valle que adopta el mismo nombre. Su casco antiguo, de aspecto algo enredado desprende, no obstante, un distinguido ambiente medieval y de montaña, donde predominan retorcidas callecitas a las que se asoman antiguas casonas de aspecto palaciego, con tejados de pizarra y vigas de madera a la vista. Algunas de estas viviendas, que  pertenecieron a familias infanzonas entre los siglos XV y XVII, están rematadas con imponentes torreones que servían de protección y defensa a sus inquilinos, como la Casa Juste.

Palacio de los Condes de Ribagorza, siglo XVI. Benasque

Sin embargo, el monumento estelar de la villa es el renacentista Palacio de los Condes de Ribagorza, del siglo XVI, en plena calle Mayor de Benasque, con sus elegantes ventanales y finas molduras.

Le sigue en importancia la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, documentada ya en el s.XI y de origen románico, si bien ha sufrido numerosas reformas con el tránsito de los siglos y también infortunios, como un voraz incendio accidental en 1925 y su casi total destrucción durante la Guerra Civil española (1936-39).

Parroquial de Santa María la Mayor, siglo XI. Benasque

El valle de Benasque lo componen siete municipios que agrupan a veintiséis aldeas o “llugars”, en patués, como vimos algún párrafo más arriba. Éstas, junto a prominentes cumbres de nieves perpetuas, pequeños lagos –ibones- y nutridos bosques, conforman todo un universo de alta montaña que se completa con la estación de esquí alpino de Aramón-Cerler, muy próxima a la villa de Benasque.

Las pistas de esquí nórdico de Llanos de Hospital, dirección norte hacia la escabrosa y casi inaccesible frontera francesa, y el balneario Baños de Benasque a 1.720 mts de altitud, el más alto de este país, son unos imprescindibles del valle. Y todo ensamblado con esmero y sin estridencias dentro del sobrecogedor escenario del Parque Natural Posets-Madaleta.

Balneario Baños de Benasque

Entre las aldeas del valle, una nos va a sorprender por su extraordinario muestrario de casonas solariegas, fechadas entre los siglos XVI-XVII y personalizadas con soberbios blasones en sus recios muros de piedra. Pasear por las estrechas callejuelas de Anciles, a poco más de un kilómetro de Benasque, sin tráfico rodado –cuyo acceso está prohibido-, atravesar -no sin cierta intriga- antiguos arcos y estrechos pasadizos, todo en medio de un estremecedor silencio, es algo que va más allá de una experiencia turística al uso.

La parroquial de San Pedro Apóstol de Anciles tiene orígenes románicos, pero fue modificada en el siglo XVII. A las afueras de la aldea se sitúa la coqueta ermita de San Esteban de Conques, s.XI, perfecto ejemplo de románico lombardo; estilo arquitectónico que maestros venidos de la región italiana de Lombardía dejaron, entre los siglos XI y XIII, esparcidos por buena parte del territorio de este valle pirenaico, y más allá.

Parroquial de San Pedro Apóstol en Anciles. Siglo XVII

Naturaleza abrupta y de ensueño, arquitectura popular tradicional, buena gastronomía local, posibilidad de actividades diversas al aire libre en un entorno apacible y saludable… el escenario idóneo para aislarse durante unos días.

El Valle de Benasque ofrece la ansiada posibilidad de evadirse de esa realidad pandémica tan peliaguda que a todxs nos afecta en los últimos tiempos, y disfrutar con quietud y sosiego de un merecido descanso estival.

+INFO en: Turismo de Aragón / Aragón Turismo / Gobierno de Aragón / Turismo RibagorzaRutas Pirineos / Red Natural de Aragón      

Todas las fotos de este post fueron tomadas en periodo invernal, antes de la declaración del Estado de Alarma el 14 de marzo de 2020.

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Pic deLuxe: Un arenal sin igual

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Parajes naturales que seducen, que enamoran, que enganchan… España puede presumir de una apabullante variedad de ambientes con los que la naturaleza reclama nuestra presencia para rendirle justa admiración, respeto y pleitesía.

El Principado de Asturias, en el noroeste de la Península Ibérica, concentra todo lo mejor de la montaña, con una sección de los potentes Picos de Europa dentro de sus fronteras, y un litoral asomado al mar Cantábrico que puede hipnotizar con sus ensenadas, acantilados, rías, dunas y arenales.

La foto de este Pic deLuxe nos muestra la Playa de los Quebrantos, en San Juan de la Arena, una singularísima villa marinera levantada sobre un cordón dunar que pertenece al concejo asturiano de Soto del Barco. Este magnífico arenal mide más de 800 metros y se encuentra muy próximo a la desembocadura del río Nalón, el más importante del principado.

Una foto que captura un instante perfecto, con el astro sol a punto de dejarnos hasta la jornada siguiente; una imagen que invita a la relajación, a la ensoñación, a cerrar nuestros ojos, respirar hondo y agradecer a nuestra deidad de cabecera poder ser testigos de instantes tan únicos e irrepetibles. Porque, amigxs, cada ocaso nunca es igual al anterior…

Foto cortesía M.Belén Blanco

IMPORTANTE

En la “nueva normalidad”, NO OLVIDES:
   >HIGIENE FRECUENTE DE MANOS
   >DISTANCIA SOCIAL (1,5 mts)
   >USAR MASCARILLA DE PROTECCIÓN

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La Marina, una Cantabria abierta al mar

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Más allá de la apasionada vehemencia con la que su presidente defiende cada vez que tiene oportunidad, sobre todo en las cadenas televisivas de cobertura nacional, la multitud de bondades de su querida “tierruca”, lo cierto es que a Miguel Ángel Revilla no le falta razón. Es por ello que en el post de hoy conoceremos un pedazo de esa tierra peninsular ibérica al que nunca le había dedicado una sola línea en este blog. Imperdonable. Lo sé. Espero que el presidente Revilla no me lo tenga en cuenta. Hoy hablamos… de Cantabria.

  Bandera de Cantabria 

Cantabria es una de las diecisiete comunidades autónomas en las que se divide administrativamente el mapa territorial de España. Formalmente es una comunidad autónoma uniprovincial, de apenas 5mil km2, definida como “comunidad histórica” en el Preámbulo de su Estatuto de Autonomía de 1981, en tanto este último queda definido como expresión jurídica de la identidad de Cantabria. La capital de esta pequeña región del norte de España está en la elegante y cosmopolita ciudad de Santander.

Ayuntamiento de Santander, la capital de Cantabria

Dentro de los límites geográficos de Cantabria se advierten tres áreas muy bien delimitadas: la Marina o franja costera, de valles bajos, amplios y abruptos acantilados; la Montaña, que, como su nombre indica, referencia toda la barrera montañosa que discurre en paralelo al litoral del mar Cantábrico y conocida como Cordillera Cantábrica. Aquí abundan altas crestas y profundos valles que siguen un eje norte-sur, donde se acumulan fuertes pendientes causadas por la pertinaz erosión de los ríos que nacen no lejos de la costa y bajan hacia ella de manera torrencial.

Praderías y caseríos costeros con el telón de fondo de los Picos de Europa

Campoo y los valles del sur constituyen la tercera zona, la más meridional, con suaves pendientes, masas forestales de roble negro y pino silvestre, y con un clima continental, seco, extremo y de fuerte contraste entre estaciones. Nada que ver con el ambiente más húmedo y templado del norte de la comunidad, de clara influencia atlántica.

Cantabria deslumbra con una hechizante paleta de colores que abarcan desde el verde intenso de sus praderías, alimento para el numeroso ganado vacuno, al azul del omnipresente mar Cantábrico. Pocos pueden ofrecer tanta variedad en tan apretado espacio.

Mirador de la Corneja, Liandres

Desde cumbres que aspiran a tocar el cielo, valles de ensueño, bahías de postal, indómitas playas, miradores naturales, arriscados acantilados, bosques encantados, pueblitos de postal que lucen recias casonas de piedra… hasta la existencia de un legado cultural y monumental que puede codearse con lo más reputado de otras partes del país.

Si bien resulta fascinante perderse entre las cuatro esquinas de esta pequeña y bellísima comunidad autónoma española, lo cierto es que el litoral cántabro, la Marina, nos pone en contacto con un entorno prodigioso y prolijo en belleza y atractivo naturales.

San Vicente de la Barquera, en el extremo occidental de Cantabria

Partiendo del pintoresco municipio de San Vicente de la Barquera, en el occidente de este agraciado terruño al alcance de la frontera con el Principado de Asturias, y siempre con el imponente telón de fondo de las cumbres nevadas de los Picos de Europa, hasta la encantadora y animada villa marinera de Castro Urdiales, en el oriente del mismo y próxima a la muga con el País Vasco/Euskadi, la Marina cántabra es una constante sucesión de arenales para todos los gustos, desafiantes precipicios sobre el agua y espacios naturales protegidos de alto valor ecológico, como el Parque Natural de Oyambre. A lo que hay que sumar iglesias, ermitas, cenobios, museos, catedrales, castillos, imponentes edificios civiles…y una espléndida capital como Santander.

Castro Urdiales, en el extremo oriental de Cantabria

Con un diseño y urbanismo que no dan precisamente la espalda al mar, una refinada estética y un ambiente chic de alta sociedad aristocrática que retrotrae a tiempos de la Belle Époque, la distinguida capital cántabra no dejará a nadie en la indiferencia. Como ya les ocurriera a principios del siglo pasado al rey Alfonso XIII y su consorte, Victoria Eugenia de Battenberg.

Ambos se dejaron seducir por los encantos de la ciudad y su preciosa bahía, las pusieron en el mapa y éstas se convirtieron a renglón seguido en imán para la aristocracia y nobleza europeas. Desde entonces, Santander no ha parado de dar cobijo y retar con placenteras experiencias viajeras a todo aquel que haya querido, o quiera poner los pies en la ciudad y dejarse llevar.

Palacio de la Magdalena en Santander

No te lo pierdas…

Si decides recorrer y aventurarte en la Marina cántabra, no dejes pasar la oportunidad de conocer dos destinos imprescindibles. Déjate caer por Santillana del Mar, a solo una treintena de kilómetros de Santander. Uno de esos impactantes museos medievales a cielo abierto, donde el gastado empedrado de las calles y sus mimados edificios históricos del casco antiguo –siempre concurrido de visitantes- te harán creer que has viajado atrás en el tiempo. Una villa con mucho lustre de medievo, donde la Colegiata de Santa Juliana es su joya más preciada; un exquisito ejemplo del románico del siglo XII.

Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar

No lejos, en la Comarca de la Costa Occidental de Cantabria, y a una veintena de kilómetros de Santillana del Mar, tenemos otra parada obligada en Comillas. Sin pasar por alto sus magníficas playas, el interés de la villa cántabra se centra en su primorosa arquitectura modernista de fines del siglo XIX e inicios del XX, una rareza fuera de su inherente escenario, Cataluña.

Aquí, en Cantabria, el irreemplazable Antonio Gaudi dejó muestra de su temprano talento, entre 1883 y 1885, con el diseño de la Villa Quijano, conocida como “El Capricho”; toda una oda a la originalidad y la fantasía, elementos de los que el arquitecto catalán iba sobrado, y con claras influencias mudéjares y nazaríes propias de su primera etapa.

El Capricho de Gaudi en Comillas

En síntesis estamos ante una vivienda de redondeadas formas, sin aristas y una singularísima torre-minarete que recuerda a un alminar persa. La abundancia de azulejos cerámicos, y otros elementos en distintas tonalidades, confiere a la fachada externa una deliciosa variedad cromática. Sencillamente genial. No en vano es el edificio más espectacular de Cantabria, de esa “Cantabria infinita”, tal y como reza el eslogan turístico promocional acuñado por la administración pública autonómica.

+INFO en: Turismo de Cantabria / Turismo Santander / Turismo Santillana del Mar / Turismo Comillas 

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>El uso de mascarilla es obligatorio, en todo momento y circunstancia, en 16 de las 17 comunidades autónomas de España. El gobierno autonómico de las Islas Canarias impondrá, por su parte, la medida desde la medianoche del 14 de agosto próximo.
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Atento/a si tienes que acudir al aeropuerto

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Estamos, como ya es sabido, en la “nueva normalidad” desde el día 21 de junio, toda vez que fue levantado el Estado de Alarma decretado por el Gobierno central de España -el pasado 14 de marzo- debido a la emergencia sanitaria desatada por la expansión descontrolada del coronavirus SARS-CoV-2 en nuestro país.

Desde esa fecha, 21/6, la movilidad es completa en todo el territorio español, salvo en las zonas donde están apareciendo rebrotes de la enfermedad Covid-19. En estas áreas se está procediendo, con carácter de urgencia, a aplicar medidas de tipo restrictivo para atajar el riesgo de transmisión incontrolada del coronavirus entre la población, incluyendo el confinamiento temporal. Sea como fuere, en este momento España permite a sus ciudadanos desplazarse por el país, y fuera de él, para lo cual éstos pueden utilizar distintos medios de transporte, entre ellos, cómo no, el avión.

Aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas. Pixabay

Si en los próximos días tienes previsto acudir a un aeropuerto de la red nacional gestionada por Aena para trasladarte a otro punto del país, o de la Unión Europea, además de estados asociados al Acuerdo Schengen, la siguiente información podría interesarte. Por tanto si este es tu caso, sigue leyendo. Si no es tu caso, ya que has entrado en el blog, aprovecha para deleitarte con alguna de las 266 entradas publicadas hasta el momento. Seguro que más de una llamará tu atención  🙂

Sigamos pues…

Desde el miércoles pasado, día 8 de julio, el Boletín Oficial del Estado, B.O.E., detalla las limitaciones y obligaciones que todo pasajero debe observar si acude a un aeropuerto español con la intención de iniciar un desplazamiento aéreo, con independencia del motivo del mismo, ya sea por trabajo, turismo, asuntos familiares… Estos protocolos de actuación han entrado en vigor 24 horas después, es decir, a las cero horas del 9 de julio y estarán activos hasta que finalice la situación de alarma sanitaria de la Covid-19.

PIXABAY

Aquí viene el meollo. Todo viajero/a que transite por cualquier terminal aeroportuaria de competencia nacional, deberá portar un billete o tarjeta de embarque válidos, y solo podrá permanecer en las instalaciones por un tiempo no superior a las seis horas con anterioridad al horario de salida previsto de su vuelo.

Por otro lado, el mismo viajero/a deberá usar en todo momento, en tanto permanezca en el interior del aeropuerto, una mascarilla (tapabocas, cubrebocas, barbijo… en países de Latinoamérica) quirúrgica o de protección superior, tipo FFP2/KN95, por ejemplo, además de guardar la distancia interpersonal establecida por Sanidad, ahora, en un metro y medio. Todas estas normas son de obligado cumplimiento y afectan igualmente a acompañantes de menores que vayan a viajar solos y/o personas con discapacidad.

Nota importante:

No están permitidas las mascarillas de tipo higiénico dentro de cualquier instalación aeroportuaria desde el día 9 de julio y hasta nuevo aviso. Si quieres saber más sobre este tipo concreto de mascarilla, haz clic aquí.

Asimismo, y sin perjuicio de todo lo anterior, deberá abstenerse de poner un pie en cualquier aeropuerto nacional toda persona en aislamiento domiciliario por presentar síntomas compatibles, o diagnosticada de facto de Covid-19, o quienes se encuentren en cuarentena en su casa, o dependencia cerrada equivalente, por haber estado en contacto estrecho con persona positiva de la enfermedad maldita. Ni que decir tiene que si presentas síntomas evidentes de albergar al dichoso bichejo como huésped en tu cuerpo, olvídate de ir al aeropuerto. Mejor en tu casa, y aislado bajo control médico.

Lo relataba en una entrada anterior. Ya transitamos en esta extraña nueva normalidad. Es tiempo de verano aquí, en España. Es tiempo de merecidas vacaciones, y más tras un largo y obligado confinamiento doméstico. Es tiempo de salir y viajar, de evadirse corporal y espiritualmente. Pero también es tiempo de responsabilidad individual y colectiva, de disciplina social, de mesura y autocontrol para intentar frenar esta pandemia mundial que ya pasará, tristemente, a los libros de historia. Depende de mí. Depende de ti.

Playa de Lloret de Mar, Cataluña. Foto cortesía Pepa Martín

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>INFO actualizada sobre movimientos y restricciones de viaje en la Unión Europea y área Schengen en la web del Ministerio de AAEE y en Re-open EU

>INFO para viajer@s de cualquier nacionalidad con destino España. Ést@s deberán cumplimentar un Formulario de Control Sanitario (FCS) por vía electrónica y antes de iniciar su viaje, ya sea en avión o barco. Dicho formulario se puede rellenar en la web www.spth.gob.es o a través de la app gratuita SPAIN TRAVEL HEALTH-SpTH. Una vez cumplimentado, se proporciona un código QR que será requerido al ingreso en España. Medida vigente hasta el cese de la alarma sanitaria por la Covid-19. Ten en cuenta que nuestra salud viaja con nosotros, tal como nos recuerdan desde el Ministerio de Sanidad de España.

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