Arrumacos por San Valentín en Titisee

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Hoy 14 de febrero es San Valentín y la tradición marca que en esta fecha los enamorados y enamoradas celebren su día. Más allá de convencionalismos sociales lo cierto es que las parejas, sean de la índole que sean, buscan sorprenderse y afianzar sus recíprocos sentimientos en una fecha señalada como la de hoy.

Cada vez está más extendido el capricho y placer, por qué no, de celebrar esta jornada entre quienes se profesan mutuo amor en algún sitio bello y romántico apartado de sus lugares habituales de residencia. Es decir, una escapada rápida a un bucólico destino donde disfrutar y celebrar San Valentín en intimidad y privacidad.

Hoy os propongo un lugar en el sur de Alemania que por su entorno y belleza naturales harían bueno ese propósito de cumplir con creces el ritual de mostrarse mutuamente pasión y arrumacos en grandes dosis. Me refiero a la sobrecogedora Selva Negra, un macizo montañoso situado en el suroeste alemán, en el “land” o estado federado de Baden Wurtemberg. Su densidad forestal es de tal calibre que el ojo humano percibe un intenso tono oscuro en lugar del color natural de sus tupidos bosques.

Selva Negra, Alemania. PIXABAY

Pues bien, aquí, situados en una naturaleza desbordante y salpicada de pintorescos pueblecitos, aparece un pequeño pero encantador lago de origen glaciar conocido como Titisee, al sur de la susodicha Selva Negra, a una treintena de kilómetros al este de la ciudad de Friburgo. Se cuenta que el emperador romano Tito quedó tan cautivado de este lugar que por ese motivo se le puso su nombre al lago. Y es aquí, en este idílico entorno natural, donde os propongo pasar esta jornada especial de San Valentín.

El lago Titisee tiene una profundidad de unos veinte metros y una superficie de 1.3km2. El vivo azul de sus aguas emerge y contrasta profundamente con el verde de los pinos, abetos y valles que rodean el lago cuando la luz diurna es óptima. En su orilla norte la villa homónima de Titisee será el lugar idóneo para alojarse, celebrar y pasar la noche del día de los enamorados.

Lago Titisee, Alemania

Con todo, este lago natural invita a visitarlo y deleitarse con sus alrededores en cualquier época del año. Ahora en invierno su superficie está congelada y se puede disfrutar patinando sobre él. En primavera y verano, con un clima más benigno, el senderismo, paseos en barco y bicicleta, baños -aunque en unas siempre frías aguas- y la escalada, son sus principales reclamos. El otoño y su tránsito hacia el frío invernal también favorecen un encuentro con este placentero rincón germano.

Estaciones aparte, una de las actividades más populares que podemos realizar en Titisee es bordear el lago con una agradable caminata y disfrutar al tiempo de un entorno de verdes praderas, coloridas casas de campo y, en general, de la espesa vegetación de la circundante Selva Negra.

Una vez acabado el paseo podemos adentranos en las callecitas de Titisee y reponer fuerzas en alguno de sus excelentes restaurantes para después hacer las típicas compras en alguna de sus acogedoras tiendas. Por cierto. No podéis abandonar este lugar sin un célebre reloj de cuco, el tradicional objeto a la venta de la zona.

Feliz San Valentín a tod@s

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Kristina, la princesa que llegó del frío (II)

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En la entrada anterior habíamos dejado a Kristina de Noruega recién llegada a la ciudad castellana de Valladolid. Se había trasladado, tras un largo y penoso viaje desde su país de origen en el norte de Europa, donde reinaba su padre, el rey Haakon de Noruega, hasta la Castilla de Alfonso X, apodado “El Sabio”, para desposarse con un hermano del rey, un pretendiente al que no conocía y tendría todavía que escoger.

Corría el mes de enero de 1258 cuando la joven princesa escandinava arriba desde Palencia a Valladolid, en su último tramo de viaje, de la mano del rey Alfonso X que había acudido a la ciudad del Pisuerga por celebrarse Cortes en ella. Según el acuerdo alcanzado un par de años antes entre ambas casas reinantes, la princesa Kristina escogería a uno de los hermanos del rey castellano para contraer nupcias con él.

  Kristina de Noruega

Sin perder tiempo Kristina y sus consejeros se pusieron a la tarea de elegir compañero de vida para la princesa entre los cuatro hermanos de Alfonso X, a saber: Fadrique, Enrique, Felipe y Sancho. El infante Enrique, que contaba 28 años de edad, era un eficaz intrigante político -su hermano el rey lo sabía bien- y fue descartado inmediatamente, por lo que la decisión se centró en los tres candidatos restantes.

El elegido de la princesa, según la saga islandesa del rey Haakon –“Hákonar saga Hákonarsonar”– redactada por Sturla Thordansen, fue finalmente el infante Felipe, el menor de todos y favorito del rey, su hermano. No obstante la “Crónica castellana” del propio Alfonso X contaría que fue el monarca quien decidió, y no la princesa. Distintas fuentes, distintas interpretaciones.

Pero, ¿quién era Felipe de Castilla?

Antes de conocer a Kristina el infante don Felipe había sido arzobispo electo de Sevilla y abad en la Colegiata de San Cosme y Damián de Covarrubias, en la actual provincia de Burgos. Sin embargo abandonó su prometedora carrera eclesiástica ante la falta de vocación y con la aquiescencia del rey si bien, según algunas fuentes, en un primer momento Alfonso no vio con buenos ojos la decisión de su hermano Felipe de dejar el clero.

  Sepulcro de Felipe de Castilla

Sea como fuere el infante ya era libre para empezar una nueva vida junto a su prometida escandinava y de esta manera ambos contraerían matrimonio un 31 de marzo de 1258, primer domingo tras la Pascua, en la Colegiata de Santa María, en Valladolid.

Tras los desposorios la pareja de recién casados pondría rumbo a la capital hispalense, Sevilla; ciudad en la que residía el infante y donde además su hermano Alfonso tenía establecida de facto la capitalidad del reino tras la reciente reconquista de la ciudad en 1248 por parte de su padre, el ya fallecido rey Fernando III de Castilla, apodado “el Santo”.

Colegiata de Santa María la Mayor, Valladolid. España

Felipe y Kristina fijaron su residencia en el sevillano palacio de Biorraguel, propiedad del hermano y cuñado, don Fabrique, y allí permaneció la princesa noruega hasta su prematura muerte en 1262, tan solo cuatro años después de contraer matrimonio. Contaba 28 años de edad en el momento del óbito y no dejó descendencia. Su cuerpo fue enterrado, por orden de su marido, en la Colegiata de San Cosme y Damián de Covarrubias, donde Felipe había sido abad hasta la edad de 21 años. El traslado del cadáver desde Sevilla hasta Covarrubias representa para Kristina la etapa final de un largo viaje iniciado en 1257 en Tønsberg, Noruega.

¿Cómo murió la joven y delicada princesa venida del frío?

Existen diversas teorías al respecto. La más romántica y con visos de leyenda apunta a que Kristina murió debido a la melancolía y tristeza provocadas por la imposición de vivir en una ciudad y un país muy alejados de los bellos fiordos y escarpadas montañas de su Noruega natal.

Con costumbres y mentalidades en las antípodas, un clima extremo para ella, una barrera idiomática que nunca llegaría a superar, un marido ausente que gustaba de cazar jabalíes -su mayor afición-, la insoportable soledad de palacio con salidas únicamente para visitar la iglesia de San Lorenzo y alguna fiesta esporádica en la Corte… todo lo cual desembocaría en un cuadro de fuerte sentimiento de añoranza y desubicación para la joven princesa que terminaría por pasarle factura.

  Sevilla, España

Otra versión envuelta en halo de leyenda señala que la princesa nórdica moriría por desamor ya que se habría prendado del mismísimo Alfonso, el rey, y éste al estar casado con la reina consorte Violante de Aragón, hermana del monarca aragonés Jaime I, no podría haberla correspondido. En estrecha vinculación con esta teoría se ha especulado otra según la cual habría sido envenenada por la propia reina Violante, conocedora de los secretos amoríos que Kristina profesaba por su marido. Argumentos, todos, no demostrados y que tal vez buscaban el desprestigio del monarca de Castilla.

Una cuarta hipótesis, la más plausible, nos desvela que nuestra princesa de cuento podría haber muerto de meningitis tras una infección fatal de oído. Entre 1952 y 1958, con motivo de unos trabajos de rehabilitación en la colegiata de Covarrubias donde estaba enterrada, se descubrieron varios sarcófagos con cuerpos sin identificar. En uno de ellos se descubrió el cadáver en buenas condiciones de una mujer joven y junto a él se localizó un pergamino con versos de amor y una receta de la época para tratar el mal de oído con “xugo de ajo“. De ahí la conexión: causa probable de muerte derivada de una infección aguda en sus oídos. Hoy esto sería impensable, pero en la Edad Media ciertas patologías sin aparente peligro podían resultar fatales.

El cuerpo de 1,72 mts. de estatura, de cráneo pequeño, cabello rubio bien conservado, uñas rosadas y blanca dentadura lucía incorruptos ropajes con bordados en oro, piedras preciosas y valiosas joyas, todo lo cual delataba que aquel cuerpo de mujer casi momificado e inusual estatura se correspondería con el de una persona de alto linaje.

Tras el pertinente examen médico forense no cabía duda. Los restos de la desdichada y resignada princesa noruega habían sido localizados. Lo siguiente fue restaurar el sepulcro e instalar sobre él una placa conmemorativa, tareas que quedaron conclusas en mayo de 1958. A continuación se realizó un acto de reconocimiento hacia la figura de la malograda princesa nórdica, con la presencia de personalidades españolas y noruegas.

Estatua de la Princesa Kristina en Covarrubias, Burgos. España

A partir de ese momento se intenta restañar la memoria de una mujer a quien el destino le deparó un injusto olvido después de su muerte, más de siete siglos atrás. La vida de la princesa y su memoria se esfumaron casi tan rápido como las relaciones entre su padre y su cuñado, el rey de Castilla. La elección definitiva de Rodolfo I de Habsburgo como nuevo emperador del Sacro Imperio, en perjuicio de Alfonso X, alejaría definitivamente la buena sintonía que un día existiera entre el monarca noruego y el castellano. Y esto influyó de manera decisiva, a su vez, en el desdichado destino de Kristina en tierras de Castilla.

Hacia la restitución de la figura de Kristina Håkonsdatter

El marido de la princesa, el infante Felipe, le había prometido en la boda levantar una capilla en honor a San Olav, el santo patrón del país originario de Kristina, pero su prematura muerte fustraría el anhelado deseo de la princesa de disponer de un lugar, lejos de su amada tierra, donde poder orar a su venerado patrón.

Reparar tal infortunio costaría varios cientos de años hasta que en septiembre de 2011, gracias a los buenos oficios de la “Fundación Princesa Kristina de Noruega” y la “Junta de Castilla y León“, se inauguraba en el paraje del Valle de los Lobos, a las afueras de la encantadora villa medieval castellana de Covarrubias, una pequeña iglesia levantada en acero laminado y madera, al más puro estilo nórdico, para honrar la memoria de Kristina Håkonsdatter.

  Colegiata de San Cosme y Damián

Sin salir de Covarrubias, a solo cuarenta kilómetros de Burgos, puede admirarse hoy día una estatua de la princesa clavada frente a la fachada principal de la Colegiata de San Cosme y Damián en cuyo claustro reposan sus restos dentro de un sarcófago gótico labrado en piedra y la presencia permanente de una bandera de Noruega. La estatua se realizó en bronce y fue alzada en Covarrubias con motivo de un homenaje que se rindió allí en 1978 a Kristina y al que asistieron distintas personalidades del país escandinavo y la Banda Municipal de Tønsberg.

Sarcófago de Kristina de Noruega en la Colegiata de Covarrubias

En la actualidad las relaciones de amistad entre la Real Embajada de Noruega, a través de la Fundación Princesa Kristina, y el pueblo de Covarrubias son muy estrechas y se plasman cada mes de octubre en la celebración de un festival anual de música, “Notas de Noruega“, en la Capilla de San Olav y un mercadillo de productos típicos del país vikingo que ofrece a sus visitantes artesanía local, salmón y libros noruegos en versión española.

Sin duda una excelente manera de estrechar lazos culturales y honrar la memoria de una princesa quien, hace siglos, llegó del lejano frío nórdico para quedarse “ad eternum” en los ásperos y rigurosos campos de Castilla.

Fotos Wikipedia

SEPULCRO DE FELIPE DE CASTILLA EN LA IGLESIA DE STA. MARÍA DE VILLALCáZAR DE SIRGA, PALENCIA CC BY-SA 3.0  AUTOR: FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ

COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR, VALLADOLID CC BY-SA 3.0 AUTORA: LOURDES CARDENAL

SEPULCRO KRISTINA DE NORUEGA EN LA COLEGIATA SAN COSME Y DAMIÁN de COVARRUBIAS, BURGOS CC BY-SA 4.0 AUTOR: ECELAN

 

Dedicado a Inmaculada…

Kristina, la princesa que llegó del frío (I)

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El post de hoy (dividido en dos partes) está dedicado a una historia tan apasionante como desdichada y me atrevería a decir, muy desconocida. Este es el relato de un viaje épico que cierta princesa casadera escandinava realizó en plena Edad Media desde el gélido norte de Europa hasta la recia y soleada Castilla, al sur del Viejo Continente, para celebrar esponsales con un infante castellano.

Pero situémonos en tiempo y lugar…

A mediados del siglo XIII Alfonso X, titular de la Corona de Castilla y apodado “el Sabio”, aspiraba con ahínco -por vía materna- al trono del Sacro Imperio Romano Germánico. En su denodado intento por alcanzar el cetro imperial comprendió que era vital el apoyo de otras casas reinantes europeas, en especial nórdicas, y puso el punto de mira en la corte noruega del rey Haakon IV.

  Alfonso X “El Sabio”

A su vez para el monarca nórdico era prioritario el comercio con la ciudad libre y hanseática de Lübeck, en el norte de la actual Alemania, con el fin de abastecer a su reino de trigo báltico. De ahí que emprendiera una activa búsqueda de apoyos en otros países a través de lazos diplomáticos y culturales que garantizaran comercio e influencia. Unir su casa a la de “Borgoña” en Castilla, con la perspectiva de que el rey castellano llegara a coronarse un día emperador, permitiría a Haakon IV tener mayor peso y prestigio en el norte de Europa.

  Haakon IV de Noruega

La maniobra, tan hábil como diplomática, beneficiaba claramente a unas partes en apariencia muy dispares, sin conexiones y ávidas de poder. En este contexto de extraña política de alianzas se fraguó un compromiso matrimonial concertado entre Noruega y Castilla en el año1256. Y es así como entra en escena la joven Kristina Håkonsdatter, única hija del monarca noruego y protagonista de esta historia.

El acuerdo de matrimonio sellado con el rey castellano Alfonso X el Sabio contemplaba que Haakon IV enviaría a su hija, la princesa Kristina, a tierras ibéricas a fin de contraer matrimonio con uno de los hermanos del rey castellano, todavía por determinar, y emparentar así ambas casas reales. Todo lo cual significaba que a su llegada a Castilla la princesa nórdica tendría que elegir a su futuro cónyuge entre una terna de candidatos antes de pasar por el altar. Surrealista si no fuera porque en la Edad Media era común tejer alianzas entre reinos mercadeando con princesas e infantas en edad casadera.

  Kristina Håkonsdatter de Noruega

El destino final para Kristina de Noruega en tierras de Castilla sería la ciudad de Sevilla, previo paso por Valladolid donde iba a contraer matrimonio de conveniencia. Hasta su meta a orillas del río Guadalquivir la bella princesa de “ojos azules como nuestro cielo, cabellos como nuestro sol, y tez como la nieve de los montes escandinavos” debería realizar un larguísimo y complejo viaje por mar y tierra no exento de peligros y contratiempos.

Comienza el viaje…

Es así como en un plácido día del verano de 1257 Kristina de Noruega, acompañada del embajador Loðinn leppur que gozaba de la total confianza de su padre, el rey Haakon, emprende viaje por mar desde la costera ciudad de Tønsberg, no lejos de Oslo, con rumbo a la corte castellana de Alfonso X. Le acompañaban al zarpar un séquito de cien hombres armados, numerosas damas de compañía y el obispo Pedro de Hamar.

  Tønsberg, Noruega

La nave, un enorme drakkar vikingo, cargaba personas pero también la preciada dote de la princesa, un ajuar rico en joyas de oro y plata, pieles blancas, además de otras reliquias y piedras preciosas.

Su primera parada, empujados por el mal tiempo, fue en el puerto de Yarmouth, al sur de Inglaterra, para luego cruzar el Canal de la Mancha y desembarcar en Le Havre, en tierras francesas de Normandía. Allí compran setenta caballos y posteriormente se dirigen a visitar al rey francés Luis IX en la corte de Paris remontando el río Sena. La comitiva real nórdica detalla al monarca galo sus intenciones de alcanzar tierras peninsulares por mar a través de la ruta occidental de Gascuña, en el Golfo de Vizcaya.

  Yarmouth, Inglaterra  Le Havre, Francia

Luis IX, en un alarde de honestidad y protección hacia la figura de la joven princesa casadera, advierte al grupo de los peligros de tal ruta marítima por la presencia de piratas sarracenos; malhechores sin escrúpulos que no dudarían un instante en abordar el barco vikingo, saquearlo y matar a los varones y violar a las mujeres. Es en este punto cuando propone al cortejo real que continúe viaje por tierra, atravesando de norte a sur el territorio de su reino y acompañados por un guía que proporcionaría el propio rey.

  Paris, Francia

Haciendo caso de las advertencias y consejos de Luis IX, la princesa Kristina y su abultado séquito se ponen en marcha a pie y caballo para encarar la parte más complicada de su largo viaje. La llegada del otoño y las frías noches va a obstaculizar, y mucho, su accidentado periplo viajero. Por el camino dejan atrás aldeas, monasterios y castillos. Algunas noches duermen a cubierto pero otras muchas tienen por único techo un desangelado y hostil cielo raso.

  Narbona, Francia

De esta manera, y no liberados de penurias como vemos, alcanzan la ciudad de Narbona, en el sur de territorio francés. Aquí se despiden del guía real para continuar camino ya en solitario atravesando los Pirineos por el este y entrar en territorio del Condado de Barcelona, perteneciente por aquel entonces a la Corona de Aragón. Su siguiente parada sería Girona donde la princesa va a ser recibida a las afueras de la ciudad con total entusiasmo por el conde, un obispo y más de trescientos hombres. Con posterioridad a tal recibimiento el cortejo real noruego enfilaría camino hacia Barcelona.

  Girona, España

Allí, a las puertas de la luminosa ciudad mediterránea, la princesa noruega será agasajada con todos los honores por el mismísimo Jaime I, rey de Aragón, y la presencia de tres obispos y un desbordante séquito. Dicen que el soberano aragonés, viudo de la reina Violante de Hungría, quedó prendado por la belleza nórdica de la princesa y que incluso llegaría a pedir su mano un tiempo después, cuando ella ya se encontraba en Castilla y aún estaba pendiente de elegir marido.

Sin embargo tal matrimonio perjudicaría los intereses de la monarquía noruega que tenía puesta la mirada en el control de la portuaria Lübeck con el apoyo del rey castellano, si éste finalmente accedía al trono del Sacro Imperio de Occidente, por lo que se declinó la propuesta aragonesa en favor de la alianza antes convenida con los castellanos.

  Barcelona, España

Tras las lisonjas y atenciones recibidos durante un par de días en la ciudad condal, Kristina de Noruega continua su viaje hacia Castilla y es así como el 22 de diciembre de 1257 la comitiva real escandinava entra por fin en tierras castellanas a través de Soria. Allí la esperan en su recibimiento el obispo de la ciudad y el infante Luis, hermano pequeño del rey Alfonso X el Sabio. El acontecimiento va a suponer, de facto, la primera toma de contacto de la princesa con el territorio y la familia que la habían traído desde tan lejos en el mapa.

  Soria, España

Soria da paso a Burgos en la siguiente etapa. Allí llega Kristina de Noruega en las vísperas de Nochebuena del mismo año de 1257 y se aloja en una de las celdas del burgalés monasterio femenino cisterciense de Santa María la Real de las Huelgas. Es recibida por doña Berenguela, a la sazón poderosa abadesa del convento y hermanísima del rey Alfonso. El de las Huelgas tuvo enorme importancia pues este cenobio era cabeza y matriz de todos los monasterios de monjas de la orden del Císter y allí se proclamaron reyes, se armaron caballeros y sirvió de panteón real durante la Edad Media.

Monasterio de las Huelgas, Burgos, España   Catedral de Burgos

Se cuenta que en Burgos nuestra princesa y su distinguido séquito oyeron misa y ella tuvo a bien donar a la impresionante catedral, entonces en construcción, un cáliz de oro de su valioso ajuar. Todo antes de proseguir camino hacia Palencia donde llega en los primeros días del año 1258 y en cuyas puertas le espera el rey Alfonso X al frente de una muestra de lo más granado de su ejército. El monarca conocerá en la pequeña ciudad palentina, al fin, a la persona que haría posible que dos casas reinantes en extremos opuestos de Europa pudieran emparentarse. Para sus propios fines e intereses, por supuesto.

  Tierras de Palencia, España

Desde Palencia el monarca castellano acompaña a la virtuosa y delicada hija de Haakon IV hasta Valladolid donde será recibida el 4 de enero de 1258 con fervor y cariño por el pueblo, la nobleza y el clero. Había terminado para Kristina, la princesa venida del frío, la primera etapa de su larguísimo y arduo viaje desde tierras noruegas.

  Valladolid, España

En la siguiente entrada conoceremos la identidad del futuro esposo de Kristina de Noruega así como su final en la asfixiante capital hispalense, Sevilla, por entonces recién arrebatada a los árabes y centro político de la corte castellana. “Hermosa ciudad mora de caserío apretado y larga raigambre histórica, codiciada por su clima benigno, los higos dulces del monte Ibal Al Rahma y especialmente por sus mujeres de boca grande y ojos negros”, apuntaban las semblanzas de la época…

Fotos Wikipedia

Tønsberg CC BY-SA 3.0 Autor: Helge Høifødt

Yarmouth CC BY-SA 2.0 Autor: Christine Matthews

Monasterio de las Huelgas CC BY 3.0 Autor: Jesús Serna

Extremadura, el tren a ninguna parte

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Comenzamos un año nuevo al que quiero daros la bienvenida y desearos que todas vuestras expectativas se vean colmadas durante su transcurso. Y vamos a estrenar este 2019 con un post duro y reivindicativo. A ver si de una vez por todas se agita alguna conciencia.

La situación del ferrocarril en la comunidad autónoma de Extremadura, al oeste de España, con un trazado decimonónico y material cuasi obsoleto, es sencillamente INSOSTENIBLE e INTOLERABLE. Para un amante de todo lo que rodea al mundo del tren, y usuario de este evocador medio de transporte cada vez que es posible, observar cómo se repiten una y otra vez graves incidencias dentro de los 725 kilómetros de vías férreas convencionales que discurren en el interior de territorio autonómico extremeño, o en sus proximidades, es INACEPTABLE.

Extremadura, una región por la que este bloguero siente afecto y devoción sinceros, no se merece tener un ferrocarril INDECENTE e IMPROPIO del siglo XXI. Con vías sin electrificar, un solo sentido, traviesas de madera que en muchos casos fueron colocadas allí en el siglo XIX y obligan a circular a velocidades insufribles de 50 km/h, un material rodante compuesto por unidades con años de servicio a cuestas en otras partes de España y que son llevadas, sin pudor, para finalizar su vida útil en tierras extremeñas… con todas estas premisas es muy difícil prestar un servicio público de una CALIDAD y SEGURIDAD MÍNIMAS.

Entre el día 1 y 2 de enero, más de ciento sesenta sufridos pasajeros -entre ellos varios niños y un bebé- se quedaron tirados a un par de kilómetros de la estación de Navalmoral de la Mata, en la provincia de Cáceres, de noche, en medio de la nada, a oscuras, sin calefacción, sin agua, sin W.C., cuando pretendían viajar entre Badajoz y Madrid, la capital de España. Tuvieron que pasar varias horas hasta que Adif, el gestor ferroviario español, los trasladó en autobuses hasta su destino final. La odisea finalizó con cuatro horas y media de retraso. Tremendo.

Estación de ferrocarril de Navalmoral de la Mata, provincia de Cáceres

Foto Wikipedia. Dominio Público

Solo en las primeras cuarenta y ocho horas de este recién estrenado año 2019 se registraron media docena de incidencias significativas; una de ellas afectando al único tren Talgo que opera entre Madrid y Extremadura. En los inicios del verano de 2018 una locomotora en este mismo trayecto finalizó ruta abruptamente entre llamas, sí amig@s, entre llamas. Poco tiempo después, en octubre, otro convoy procedente de Extremadura se quedó parado, sin gasóil, a las puertas de Madrid. En la misma jornada otras tres incidencias graves sacudieron el servicio ferroviario extremeño. Las averías, retrasos y cancelaciones están a la orden del día en esta injustamente olvidada parte del país.

Renfe -el operador ferroviario español- ha pedido disculpas, vía Twitter, a los afectados y ha prometido una investigación para determinar qué ocurrió en el tren de media distancia averiado a las afueras de Navalmoral de la Mata el día 1, entrada la noche. Por el momento se ha decidido como medida de urgencia -y maquillaje- que un mecánico viaje a bordo de cada tren extremeño para afrontar cualquier avería que pueda surgir en cualquier trayecto, hecho por desgracia muy recurrente.

Sin embargo este gravísimo panorama no se acaba pidiendo disculpas o asignando mecánicos de última hora a cada tren. Se necesitan acciones concretas, de calado, y menos palabras. Más inversiones públicas para que Extremadura, cuyos ciudadanos pagan impuestos religiosamente como el resto de ciudadanos de este país, tenga de una vez un ferrocarril DIGNO y PROPIO del siglo XXI, no de 1890, a su disposición. Y disfrutarlo. Porque viajar en tren siempre es un placer. Corrección: casi siempre, visto lo visto.

2018, resumen de un año (casi nada) viajero

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En mi larga trayectoria como viajero, más corta como bloguero, sin duda este 2018 ha marcado un vivo punto de inflexión. Nunca antes había permanecido quieto tantos meses sin poder realizar una de mis grandes pasiones en la vida que es viajar. Y no por voluntad propia.

Durante este año me diagnosticaron algo muy peligroso y para evitar males mayores me vi arrastrado a pasar por el quirófano. Era la opción más eficaz para encarar al maligno de modo adecuado y vencerle. Tras el paso obligado por el “taller” despediré este atípico año recuperándome y con la esperanza puesta en una pronta vuelta a la normalidad.

Sobra decir que ha sido complicado con estos mimbres atar un plan de salidas viajeras, en especial fuera de España. He podido, en cambio, hacer alguna escapada rápida hacia el norte del país y visitar por ejemplo esa ciudad a orillas del Cantábrico que exhibe un elegante aire aristocrático en todas sus esquinas; una ciudad sinónimo de arte y cultura que tiene en el afamado festival internacional de cine que lleva su nombre uno de sus principales referentes. Me refiero, claro está, a San Sebastián/Donostia, en la comunidad autónoma del País Vasco/Euskadi. Así mismo hubo un hueco para visitar la que yo he bautizado como “Riviera Alavesa” plasmada en el espectacular embalse Ullíbarri-Gamboa situado a las afueras de Vitoria-Gasteiz, la capital del País Vasco.

En La Rioja, comunidad autónoma vecina, tuve ocasión de pisar auténtico suelo del Camino de Santiago en Santo Domingo de la Calzada, en las cercanías de la Sierra de la Demanda, y también probar entre tesoros artísticos un excelente vino de Rioja en Haro, casi en los confines del mapa autonómico, en la Rioja Alta.

Y hablando de la incomparable sierra de la Demanda. Su puerta natural de entrada por el norte estaría en el bonito pueblo de Ezcaray. En su día gozó de una potente industria textil y maderera. Hoy, sin embargo, su reclamo está en los puentes medievales sobre el río Oja, en los palacios que sirvieron de residencia a moradores de aristocrática alcurnia, en las hermosas ermitas de Santa Bárbara y Nuestra Señora de Allende, en la cercana estación de esquí de Valdezcaray y, cómo no, en esas siempre bien pertrechadas barras de pinchos presentes en todos los bares y mesones de la localidad riojana.

Sin abandonar La Rioja tenemos una cita en el Monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla, no lejos de la calceatense Santo Domingo. Allí un monje realiza hace mil años unas anotaciones en romance riojano, la entonces lengua vernácula de la zona, sobre un códice originalmente redactado en latín.

  Códice Emilianense 60, pág. 72  Claustro monasterio de Yuso

Fotos Wikipedia. Dominio Público

Esas notas se conocen como glosas, las Glosas Emilianenses, y están manuscritas entre las líneas del texto principal del códice y en los márgenes de determinados pasajes para facilitar una mejor comprensión de la gramática y clarificar significados. Para muchos en este idílico lugar estaría nada menos que la cuna del idioma español, a partir de esas anotaciones en riojano precastellano.

Cambiamos de escenario. Castilla y León es la comunidad autónoma más grande de España en extensión con sus casi 95 mil km2 que alcanzan a nueve provincias. Su vasto territorio se articula alrededor del gran río ibérico que no es otro que el Duero, cuyo cauce es compartido con el vecino país peninsular, Portugal.

El patrimonio histórico, artístico y natural de Castilla y León no tiene rival dentro de España. La mayor concentración de arte románico del mundo se encuentra aquí y varios enclaves naturales de la comunidad autónoma han sido declarados reserva de la biosfera por la UNESCO. Numerosos palacios, más de cuatrocientos museos, medio millar de castillos, cientos de iglesias y ermitas, una docena de catedrales, una concatedral… la lista es casi tan amplia como su territorio.

La provincia más oriental en el mapa de Castilla y León es Soria. Una “city break” a su pequeña capital resultará una absoluta delicia si se busca arte, historia y cultura en pequeñas grandes dosis. Estrechas y animadas calles, recogidas placitas, sorprendentes iglesias románicas, palacios con encanto, contundente gastronomía… el menú para degustar un par de días en la recia pero acogedora Soria es lo suficientemente atractivo como para no dejarlo pasar.

Pisar Castilla y León suponía para mi el deber de no abandonar su territorio sin visitar Burgos, uno de los mejores ejemplos en la región de ciudad -o “burgo”- que entierra sus raíces en pleno medievo. Fue capital del condado de Castilla en el siglo X, pero también lo fue más tarde del reino de Castilla y de manera intermitente de la Corona de Castilla, entre los siglos XIII y XVI.

Y si hay un señuelo que llama la atención desde kilómetros a la redonda, ése no es otro que las magníficas torres afiladas de la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María, la catedral de Burgos, cuya construcción se inicia en el año 1221. Casi ocho siglos de vida la contemplan.

Con permiso de otras catedrales, la de Burgos es uno de los arquetipos más imponentes del estilo gótico en suelo español, si bien su patrón de diseño hay que buscarlo en el país vecino del norte, Francia. Sus flamantes torres cuadradas se coronaron, sin embargo, con bellísimas agujas caladas de clara influencia germánica, ya en pleno siglo XV.

A unos cuarenta kilómetros al sureste Burgos, sin dejar la provincia homónima, nos topamos con Covarrubias, una deliciosa villa medieval a orillas del río Arlanza, cuna del primer condado independiente de Castilla y cabeza de uno de los señoríos monásticos más importantes; una villa que parece estar anclada todavía en los tiempos de Chindasvinto, el enérgico, conspiranoico y sanguinario rey visigodo del siglo VII, y del legendario conde Fernán González, artífice de la unificación del viejo condado de Castilla en el siglo X. Ambos podrían pasar, aunque en periodos temporales diferentes, por ser los fundadores de esta bella población de viviendas de blanca fachada y entramado de oscuros maderos. Covarrubias es, sin duda, un espléndido ejemplo de genuina arquitectura rural castellana.

Y ya está. Esto es lo que ha dado de sí este inusual año que se nos va de las manos y pasará a mejor vida en pocas horas. No puedo ocultar mi resignación ante esta suerte de obligada abstinencia viajera. Tampoco evitar echar de menos esa adrenalina que toma posesión de tu cuerpo cuando llegas a un aeropuerto y te pones en marcha hacia una nueva aventura. Esto es algo que con probabilidad solo entenderán quienes, como este humilde bloguero, sencillamente sienten pasión por viajar.

Así ha transcurrido este 2018. No ha resultado fácil mantener viva durante estos meses esta querida, para mi, ventanita viajera ante la casi ausencia de nuevos contenidos que exponer en el escaparate. Solo queda esperar que el año entrante depare mejores expectativas.

Gracias a tod@s por haber estado ahí a lo largo de estos trescientos sesenta y cinco días. Os dejo con una pequeña galería de imágenes de este año.

  San Sebastián/Donostia  Ullíbarri-Gamboa  Sto. Domingo de la Calzada  Haro  Ezcaray  Soria  Burgos  Covarrubias

FELIZ AÑO NUEVO 🙂

Y al fin llegó ella, la Navidad

Así es queridos lectores y lectoras. Hoy llegamos al punto álgido de este paquete de jornadas tan especiales que llamamos Navidad. Esta próxima tarde dará paso a una de las noches más ilusionantes y esperadas del año por cuanto todos y todas, en mayor o menor medida, nos juntaremos alrededor de una mesa llena de exquisitas viandas y espumosas bebidas para celebrar en familia la tradicional Nochebuena. Y mañana será el día grande: Navidad, 25 de diciembre.

Empezamos pues, de verdad, este periodo tan querido pero no olvidemos, también odiado por muchos y muchas, lo cual no es óbice para concluir que la Navidad llega a nuestras vidas en realidad mucho antes. Desde finales de noviembre, a punto de empezar el periodo de Adviento que marca el inicio del año litúrgico cristiano, buena parte del planeta se transforma, muta, para disfrazarse de toda esa magia y simbología de luz y color que nos instala ya de facto en época navideña, aunque falten todavía semanas para su llegada oficial.

Este blog quiere unirse a esa suerte de modo navideño que todo lo invade estos días. Desde estas humildes líneas quiero desearos una muy Feliz Navidad y también un venturoso y próspero Año Nuevo 2019. Que todas las expectativas y deseos se vean colmados y cumplidos ampliamente durante estas jornadas únicas y claro está, las venideras a partir del día 1 de enero.

El próximo post se publicará justo antes de que finalice este viejito 2018. Será el ya tradicional resumen viajero del año; un año que por circunstancias que en ocasiones se interponen en nuestras vidas, ha sido muy poco viajero. Pero ni anticipemos ni hagamos spoiler…

La entrada de hoy, como no podía ser de otra manera, está aderaza con fotos navideñas tomadas estos días en mi ciudad de residencia, Madrid, la capital de España. Una ciudad que, como muchísimas otras a lo largo y ancho de este planeta azul (cada vez menos), se acicala y pone guapa para ofrecer su cara más encantadora, colorida y animada a quien en ella vive, y desde luego a quien decida acercarse hasta aquí para disfrutar por estos lares de la mágica ilusión de la Navidad.

FELIZ NAVIDAD y PROSPERO AÑO NUEVO
BON NADAL i FELIÇ ANY NOU
BON NADAL e FELIZ ANINOVO
ZORIONAK eta URTE BERRI ON

… A TOD@S 🙂

Santo Domingo de la Calzada, un ineludible alto en el Camino

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Tal vez tú, lector o lectora de este blog, hayas realizado en algún momento de tu vida el introspectivo y terapéutico Camino de Santiago, total o parcialmente, por alguna de sus variantes habituales dentro de territorio español, ya sea el camino Francés, el Portugués, del Norte -a través de la cornisa cantábrica-, el que se solapa con la Ruta de la Plata desde el sur de España… En definitiva distintos itinerarios, aptos para peregrinos de todo pelaje y condición, cuyo objetivo final siempre es el mismo: alcanzar la última morada del apóstol Santiago en la incomparable ciudad gallega de Santiago de Compostela.

  La concha en el “Camino”

Dicho lo anterior, la ruta más o menos oficial por ser la principal puerta de entrada desde Europa para lograr la ansiada meta compostelana es el camino Francés; ése que nace en el pueblito de Roncesvalles, en el Pirineo navarro, y a lo largo de setecientos cincuenta kilómetros nos lleva hasta nuestro piadoso destino en la húmeda y mágica Galicia.

Y puestos entonces sobre el camino Francés, a 562 kilómetros de Santiago de Compostela se encuentra uno de los puntos más reveladores de toda la ruta Jacobea. Estamos en la Comunidad Autónoma de La Rioja, en su parte más occidental -conocida como Rioja Alta-, y sobre una gran planicie, antesala de la cercana Sierra de la Demanda, una magnífica torre de aire catedralicio recorta el horizonte. Es la señal. Estamos a punto de entrar en Santo Domingo de la Calzada.

Santo Domingo de la Calzada, La Rioja

El origen de la calceatense Santo Domingo se debe a su fundador, Domingo García, ejemplo de eremita de la época y natural de Viloria, en la vecina provincia de Burgos, quien en la segunda mitad del siglo XI y muy comprometido con el Camino de Santiago, puso en marcha en este lugar un albergue y hospital para peregrinos y construyó un puente para salvar las aguas del río Oja que facilitara el paso por la zona a los sufridos caminantes compostelanos.

La cosa no acabó ahí pues levantó una iglesia, construyó un pozo y desvió el tradicional camino de peregrinaje sobre la antigua calzada romana entre Logroño y Burgos, muy dificultosa para los peregrinos, a una nueva construida en piedra entre Nájera y Redecilla del Camino. De esta manera el Camino de Santiago redirigió su paso hacia la villa fundada por el santo y de ahí le sobreviene a la misma el sobrenombre de “la Calzada“. Todo lo cual contribuyó de manera notable a que el pequeño burgo se convirtiera con el paso del tiempo en un importantísimo núcleo religioso y económico, sobre todo a partir de la Baja Edad Media.

A los orígenes le sigue un milagro, o tal vez leyenda. Quién sabe. No es el único que se le atribuye al santo, pero sí el más popular y conocido. Se cuenta que Santo Domingo intercedió con su gracia en el siglo XIV para demostrar la inocencia de un peregrino alemán acusado de un robo que no había cometido y condenado a muerte.

Una vez ahorcado, sus padres, también peregrinos, se acercaron al lecho de muerte de su hijo y para asombro de padre y madre, le encontraron vivo. Éste les sorprendió con una increible revelación. Su vida había sido salvada por la gracia del santo. Cuando los padres le comunicaron el hecho al corregidor, el incrédulo funcionario real espetó a ambos progenitores que su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que estaba a punto de cenar. De repente las dos aves saltaron del plato, recuperaron las plumas y se pusieron a brincar y cacarear en un evidente alarde de vida. Desde entonces se mantienen en el interior de la catedral un gallo y una gallina, vivos, dentro de un gallinero en estilo gótico del s.XV. Parejo al milagroso acto hay un dicho local que reza: “En Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada“.

Calle Mayor en Santo Domingo de la Calzada

Situados convenientemente en origenes y milagros, lo siguiente es sumergirse intramuros para examinar el alcance de esta joya del Camino de Santiago; una joya rodeada por los restos de la vieja muralla del siglo XIV de la cual quedan pocos metros, algunos no muy bien conservados hay que decir, algún torreón y tres puertas de acceso. Puertas que nos llevarán sí o sí hasta la calle Mayor, el alma mater de Santo Domingo de la Calzada.

Su angosta anchura y algunas marcas con la tradicional concha nos recuerdan que pisamos auténtico suelo del viejo camino compostelano. Una calle tomada por gentes de toda procedencia que hacen suyas posadas, tiendas, tabernas y restaurantes por doquier para saciar sed y apetito.

Pero la calle Mayor también guarda celosa tesoros en forma de palacios, como el retocado palacio del Obispo Juan del Pino, conocido como “Casa Trastámara“, el edificio civil más antiguo de Santo Domingo de la Calzada, lugar donde vivió y murió Enrique II de Trastámara. Palacios que se codean con casonas blasonadas, como la Casa de Lorenzo de Tejada, del siglo XVII, un edificio civil cuya fachada en piedra de sillería y con balcones de espléndida rejería, se remata con un bello alero doble de canes tallados.

Casa Lorenzo de Tejada

Tampoco podemos olvidarnos de la Casa de la Cofradía de Santo Domingo -s.XVI-, que aloja el Albergue de Peregrinos desde 1968. El edificio, sede de la cofradía asistencial más antigua del Camino de Santiago y fundada en el siglo XI por el santo, tiene un patio donde se guardan aves de repuesto para el gallo y la gallina que viven de manera permanente en la catedral.

Albergue de Peregrinos en Santo Domingo de la Calzada

En el cruce de la calle Mayor con la de las Monjas se levanta el Monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación. Se trata de una abadía cisterciense, hogar desde 1610 de un puñado de monjas de la orden del Cister, cuyo tesoro más preciado está en el altar mayor de la iglesia clasicista de nave única en forma de cruz latina: un retablo en estilo barroco riojano de mediados del XVIII con la imagen de Nuestra Señora de la Anunciación. En el monasterio los peregrinos encontrarán un albergue gratuito en la antigua Casa del Capellán.

Monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación

La plaza del Santo se abre paso a mitad de recorrido de nuestra calle Mayor. Y de nuevo hay que detenerse. Nuestra mirada se fijará en lo más granado de la ciudad: la Ermita de la Virgen de la Plaza, donde se guarda la talla de la patrona de la ciudad, el Antiguo Hospital de Peregrinos, construido por el santo en el siglo XI -la versión actual es del s.XV-, y que estuvo operativo hasta 1840 cuando se trasladó al Convento de San Francisco. En la actualidad es un Parador Nacional de Turismo. La Torre exenta y la Catedral de Santo Domingo completan la pequeña plaza.

Ermita de la Virgen de la Plaza

La bellísima y barroca Torre exenta es, además de la más alta de La Rioja, uno de esos escasos ejemplos en España de torre separada del cuerpo principal de la catedral. La que nos ocupa es del siglo XVIII y se decidió su construcción alejada unos pocos metros del edificio catedralicio debido al subsuelo arenoso y, según la leyenda, los cimientos se rellenaron con cuernos de ciervos y vacas de la comarca.

La contigua catedral de Santo Domingo de la Calzada en plena plaza del Santo merece por sí sola una inexcusable visita. Esta catedral lo es titularmente desde 1232 y además de cobijar los huesos de Santo Domingo en un sepulcro situado en el brazo del crucero, también es la residencia habitual del gallo y gallina que representan el milagro del Camino de Santiago. Como buen ejemplo de iglesia de peregrinación, su planta tiene forma de cruz latina con tres naves, capillas entre los contrafuertes, doble crucero y un claustro del siglo XIV.

Nota: lamento la ausencia de fotos sobre la catedral. Durante mi visita el edificio se encontraba envuelto en lonas debido a obras de remodelación y mantenimiento en su fachada exterior.

  Torre Exenta

Justo detrás de la recogida plaza del Santo tenemos la amplia Plaza de España, o plaza Mayor. Si la primera es el centro religioso y espiritual de la pequeña localidad riojana, la segunda vendría a ser el centro político, social y lúdico de la misma, con su elegante ayuntamiento, un edificio barroco del siglo XVIII con acogedores soportales, construido sobre una antigua puerta medieval dado que la plaza surgió en el s.XIV con la aparición de la muralla.

La de España hizo las veces de plaza de mercado, de toros, almacenamiento de grano… Malhechores y gentes de dudosa reputación acabaron con sus huesos en la Cárcel Real, en los bajos del actual edificio del Corregimiento de Rioja, en el lado oriental de la plaza.

Plaza de España, con el ayuntamiento (izda) y Corregimiento de Rioja (dcha)

Santo Domingo de la Calzada rezuma y presume de edificios religiosos en forma de iglesias, ermitas y conventos, además de la catedral. No deberiamos, entonces, abandonar la ciudad sin visitar el herreriano Convento de San Francisco, con su magnífico retablo mayor de inicios del siglo XVII. Una parte de este complejo conventual está destinado a taller diocesano de restauración de obras de arte, otra a hospital y una tercera a Parador de Turismo.

Convento de San FranciscoMonumento al Peregrino

Justo frente al convento no pasa desapercibido el Monumento al Peregrino. En una ciudad que nació y tiene su razón de ser en la figura del peregrino y del Camino de Santiago, no podía faltar este paticular homenaje a ambos, obra del escultor de la tierra, Vicente Ochoa. Porque Santo Domingo de la Calzada representa para cualquier peregrino, sea cual sea su creencia religiosa, eso, un ineludible alto en el Camino.

Oficina de Turismo: Edificio Centro de Interpretación del Camino de Santiago en la Calle mayor, 33

+INFO en la web de turismo de La Rioja

Haro, algo más que una copa de (buen) vino

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Conocida como “la capital del Rioja“, que no de La Rioja, Haro es una de esas pequeñas ciudades españolas donde vivir de una manera agradable, sostenida, sin agobios y en un entorno único inundado de enormes viñedos y centenarias bodegas de crianza, provoca sí o sí una sana envidia a quienes habitamos en desmedidas urbes de acero, hormigón, ruido y mucha contaminación.

Haro se situa a menos de cincuenta kilómetros de Logroño, la capital autonómica de La Rioja, en una esquina fronteriza de “la Rioja Alta” con las provincias de Álava, en el País Vasco, y Burgos, perteneciente a Castilla y León. De hecho el río Ebro, que bordea la pequeña ciudad riojana por su oriente, marca la frontera con tierras alavesas, en tanto que el cruce con tierras burgalesas hay que buscarlo apenas seis kilómetros hacia el norte, en el punto sobre el Ebro donde convergen las tres fronteras de las tres comunidades autónomas, lo que se conoce como un trifinio.

Viñedos y centenarias bodegas en el barrio de La Estación, Haro

Haro, como apunta su web de turismo, es sinónimo de fusión, de una inteligente mixtura de paisaje, gastronomía, cultura y, sobre todo, vino; ese preciado y afrutado caldo con Denominación de Origen Calificada Rioja cuya fama y reconocimiento traspasa límites internacionales y constituye casi la razón única de ser de todo un pueblo.

Pero Haro, además, ofrece un notorio muestrario de maravillosas iglesias y elegantes palacios levantados entre los siglos XVI y XVIII, alojados todos y todas en gran parte dentro de un mimado casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural en 1975 y conocido como “La Herradura“. Todo lo cual invita a visitar casi de manera inexcusada esta villa altoriojana si nos encontramos de viaje por la zona.

Ayuntamiento de Haro

El lugar central de reunión en la Herradura habría que ponerlo en la Plaza de la Paz donde destaca el edificio civil más importante de la ciudad, su ayuntamiento. Se construyó en el siglo XVIII en estilo neoclásico durante el reinado de Carlos III, conocido como “el rey albañil“.

La fachada, con la balconada y sus cuatro enormes ventanales, está levantada en piedra de sillería, con una inscripción en la cornisa que reza “Reinando Carlos III, Año de 1769“, la misma cornisa que sujeta un reloj colocado allí en 1857. Por encima, coronando la fachada, el escudo barroco de Haro, el único elemento que parece desafiar la aparente sobriedad del resto.

Plaza de la Paz, Haro

Algún párrafo más arriba apuntaba la presencia de numerosos palacios señoriales que vendrían a reafirmar la relevancia de estas edificaciones civiles que prodigaron en la villa de Haro entre los siglos XVI y XVIII. Síntoma y signo del poder que llegaron a acumular un puñado de influyentes familias locales que otrora residieron por estos pagos y cuyas notables residencias han quedado como testigos mudos para ser admirados hoy, en pleno siglo XXI. Los estilos van desde el renacentista al neoclásico pasando por el barroco, el herreriano o el plateresco, y no son más que un ejemplo de la evolución del tiempo y como éste influye y marca el normal devenir de la arquitectura en general.

  Palacio de Tejada en Haro

El muestrario palaciego es amplio, pero no debemos pasar por alto algunos ejemplos tan insignes como el Palacio de Bendaña, de Tejada, de los Condes de Haro, de las Bezaras, de los Salazar o la Casa Pisón. Mención especial para estos dos últimos que además se levantan como armoniosos vecinos, uno al lado del otro, en la calle Siervas de Jesús, a escasos metros de la Plaza de la Paz.

El primero nos muestra un estilo de transición, entre la profusión ornamental del plateresco y la rígida austeridad del herreriano, en tanto que el segundo es un edificio barroco que introduce el hierro como elemento adicional y un pulcro color blanco en su cornisa.

Palacio de los Salazar Casa Pisón

En Haro, como no podía ser de otra manera en un país donde la Iglesia atesora un enorme patrimonio, tenemos destacados ejemplos de arquitectura religiosa. La parroquial de Santo Tomás, para gloria y devoción de Santo Tomás Apóstol en cuyo nombre fue levantada a los pies del cerro de La Mota, el primitivo núcleo de la ciudad, destaca por la magnífica portada en estilo plateresco y ante todo por su extraordinaria torre.

Una torre modelo para otras de la región que exhibe un estilo gótico en su parte inferior, más barroco en la superior, y un cuerpo de campanas octogonal coronado por una cúpula con linterna. El interior acoge nada menos que quince bóvedas de crucería estrellada y tres naves de igual altura, si bien lo más alabado hay que buscarlo en su policromado retablo del altar mayor, de 1730, el más grande de toda La Rioja; el coro, de fines del s. XVII, y el órgano, de fines del s. XVIII.

Torre de la iglesia de Santo Tomás

La Basílica de Nuestra Señora de la Vega se construyó en honor a la Virgen de la Vega, patrona del municipio, en cuyo soberbio retablo mayor de estilo barroco encuentra acomodo la imagen de la Virgen. La leyenda cuenta que la basílica existió desde tiempos de la aparición de la Virgen, hacia el siglo X, en la zona conocida como La Vega, extramuros de la villa. El actual templo barroco data de inicios del siglo XVIII, consta de tres naves y está cubierto por una bóveda de arista sobre arcos de medio punto.

Basílica de Nuestra Señora de la Vega, Haro

Haro, aquella minúscula aldea riojana surgida en la Edad Antigua al amparo de un cerro donde la luz de un faro iluminaba la desembocadura de las aguas del modesto río Oja sobre el omnipresente Ebro, por entonces navegables, es hoy una ciudad abierta al mundo a través de su tesoro más codiciado y presente en las mesas más selectas: el vino de Rioja. Pero como hemos visto, también hay vida más allá del reputado caldo para quienes decidan venir hasta esta incomparable esquina del noroeste de la Comunidad Autónoma de La Rioja.

FOTO Palacio de Tejada CC BY 3.0 / Autor: José Luis Filpo Cabana

Rincones con encanto: Palacio de Cristal en el madrileño Parque de “El Retiro”

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Se trata de un auténtico pulmón verde en pleno corazón de Madrid, la capital de España. Un parque de 118 hectáreas concebido como un enorme jardín artístico, con longeva historia a cuestas y unos vecinos tan ilustres como el Paseo del Prado y su inigualable repertorio de museos, la célebre Puerta de Alcalá o la aristocrática iglesia de los Jerónimos. Testigo del paso por España de la dinastía de los Austrias, fue uno de ellos, Felipe IV, quien en el siglo XVII decide dar vida a un proyecto paisajístico alrededor del por entonces periférico Palacio del Buen Retiro. Ideado inicialmente para uso y disfrute exclusivo de la Corte, no sería hasta el año 1868 reinando ya otra dinastía, los Borbones, que los jardines pasarían a manos municipales y, por tanto, accesible para todos los madrileños. Hablamos, cómo no, del Parque de El Retiro.

En el interior de este verde paraíso urbano encontramos joyas tan admiradas por los visitantes como su estanque y el grandilocuente monumento a Alfonso XII, la popular Rosaleda, el Paseo de las Estatuas o de Argentina, la Casita del Pescador… y naturalmente el Palacio de Cristal.

Palacio de Cristal en el parque de El Retiro, Madrid

El que nos ocupa hoy es, sin duda, uno de los ejemplos más relevantes de la llamada arquitectura de hierro y cristal que tuvo especial predicamento durante el siglo XIX. El Palacio de Cristal fue levantado en 1887 sobre el solar del antiguo Pabellón Real con motivo de la “Exposición Colonial de Flora de las Islas Filipinas” que se celebró en Madrid durante ese año. Tras la exposición, y debido a la gran belleza de sus líneas, se decidió conservar el singular edificio convirtiéndose a partir de entonces en sede del Museo de Ultramar.

Ricardo Velázquez Bosco fue el encargado de su diseño y para ello se inspiró en otra construcción de 1851 y similar factura ubicada en Londres, la capital británica: el Crystal Palace. Originalmete concebido como un enorme invernadero para la acogida de plantas tropicales, en la actualidad es una sala de exposiciones y eventos del cercano Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Esta edificación de metal recubierta de inmensas planchas de vidrio se asemeja a una catedral, con su ábside, dos brazos, columnas jónicas de hierro, una grandiosa cúpula de casi 23 metros que se eleva por encima de la cubierta y una portada de estilo griego que descansa sobre una terraza. Esta terraza, a su vez, es abrazada por una elegante balaustrada, interrumpida solo por unas escaleras que se adentran en las mansas aguas del coqueto lago artificial que se extiende frente al palacio.

El Palacio de Cristal y su lago regalan al visitante uno de los rincones más hermosos y cautivadores del famoso parque madrileño. Un delicado y espléndido edificio decimonónico de límpidas vidrieras que brota sobre una suave colina del terreno y bajo la atenta mirada de magníficos ejemplares de ciprés de los pantanos -cuyos troncos están parcialmente sumergidos bajo las aguas del lago- y castaños de Indias que parecen flirtear entre sí.

Para finalizar, una curiosidad. El Palacio de Cristal sirvió de escenario para que un 10 de mayo de 1936 Manuel Azaña fuese elegido por votación, y posterior toma de posesión, presidente de la Segunda República española.

Horarios y accesos

El Palacio de Cristal se encuentra en el Paseo República de Cuba núm 4, dentro del recinto del parque de El Retiro, en Madrid.

Puede vistarse de noviembre a marzo entre las 10 y 18 horas, y de abril a septiembre entre las 10 y 22 horas. Durante el mes de octubre el horario se extiende de 10 a 19 horas. Bajo circunstancias meteorológicas especiales, como fuerte lluvia, el edificio puede cerrarse al público por motivos de seguridad.

El palacio permanece cerrado el 1 y 6 de enero, 2 de mayo -fiesta de la Comunidad de Madrid-, además del 25 y 31 de diciembre.

Entrada libre y gratuita

Podemos visitarlo llegando en metro, estaciones de Atocha en Línea 1, Ibiza en Línea 9 y Retiro, en Línea 2.

Soria Ya

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Fue lo primero que me llamó la atención cuando nada más iniciarse este otoño desembarqué en sus calles. Decenas y decenas de pancartas en tela adheridas a ventanas y balcones rezaban una leyenda muy simple pero contundente: Soria ¡Ya!.

Me había propuesto conocer Soria, la gran ignorada capital de provincia castellana, en el extremo más oriental de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y la curiosidad por esa suerte de grito reivindicativo empezó al principio desplazando lo que vendría en ser habitual cuando uno visita una ciudad por vez primera: recorrer sus calles y empaparse de su patrimonio histórico artístico. Pero había tiempo para todo. Simplemente se sumaba un aliciente más: saber qué había detrás de aquel quejido unánime de los vecinos.

Indagando y preguntando descubrí que “Soria Ya” es un plataforma ciudadana que pelea con tesón desde el lejano 2001 por sacar a Soria del flagrante olvido que padece por parte de los poderes públicos del Estado. No tiene, como movimiento vecinal, una adscripción política definida –según reza su página web– y lo único que mueve a sus promotores y seguidores es reivindicar y demandar políticas que reviertan en la provincia aprovechando el evidente potencial socioeconómico que ésta posee para propiciar así su imperioso desarrollo. Su objetivo, en concreto, se focaliza en cuatro áreas claves que la plataforma considera olvidadas y bloqueadas: infraestructuras viarias, ferroviarias, industriales y educativas.

   Pancarta de Soria ¡Ya!

En la primera algo se ha conseguido. La capital provincial está al fin conectada por autovía con Madrid, la capital de España, y el incómodo puerto de Piqueras en la carretera Nacional 111, que comunica Soria con Logroño, la capital de La Rioja, se puede salvar con un moderno túnel. Pero poco más. “Soria Ya” todavía tiene fuelle y razón de ser.

Soria, sin embargo, presenta también al viajero la otra cara, una más amable, complaciente y tentadora; la de una ciudad pequeña, llena de encantos, de aire medieval, con sus rojizos tejados, con una riqueza patrimonial bien visible en sus rincones, plazas, calles, callejuelas y parques, como la Alameda de Cervantes, popularmente conocida como “La Dehesa“, un sugerente y romántico espacio verde que contiene una pequeña y sencilla joya en forma de ermita. Todo el conjunto da forma a un envoltorio histórico bien apañado que permite recorrerlo en poco más de tres horas, dando un placentero paseo al mismo tiempo.

El río Duero a su paso por la periferia de Soria

Soria es sinónimo de poesía y narrativa, aquella que le otorgaron los Machado, Bécquer, Gerardo Diego o Unamuno. Leyendas, misterios, historias de caballeros templarios… todos y todas brotan de las orillas del vecino Duero para crear un halo mágico, irresistible, que cubre toda la ciudad y atrapa a quienes deciden acercarse hasta la capital de esta humilde e incomprendida provincia de la Castilla más áspera y profunda.

Para empezar. Quien haga un alto en el camino aquí, en Soria, debe recorrer el Collado, la siempre peatonal, animada y concurrida arteria comercial, evocadora de tiempos pasados quizá algo más gloriosos, que comunica la plaza Mayor con la plaza Mariano Granados, dejando por el camino y a un lado las plazas de San Estaban, de Ramón y Cajal o San Clemente, conocida como “el tubo“.

El Collado, Soria

Al Collado hay que acudir con calma y sosiego para deleitarse con casonas solariegas, galerias acristaladas, soportales y entrar en el casino, al cual acudía con regularidad el mismísimo Antonio Machado, quien fuera distinguido vecino de Soria y en cuyo reconocimiento se dio nombre a un instituto de enseñanza en la ciudad; un edificio recio, sobrio, pero magnífico ejemplo de arquitectura jesuítica despojada de todo adorno. Todavía se conserva en su interior el aula donde el ilustre escritor impartió su sabia docencia.

Instituto Antonio Machado

Soria, también sinónimo de medieval. Numerosas iglesias, conventos y ermitas desparramadas por ese dédalo de calles y callejuelas del casco viejo así lo atestiguan. Para mi la más sorprendente por su pureza y belleza es la iglesia de Santo Domingo y su contiguo convento de las Clarisas, una gema para mayor gloria de Dios del románico español, en pie desde el siglo XII. Por favor, no hay que perderse el pórtico de la fachada, todo un homenaje al Apocalipsis y la vida de Cristo; puro prodigio, armonía, filigrana y poesía, un genuino libro en piedra horadado como colofón con un soberbio rosetón.

Iglesia de Santo Domingo y el adyacente convento de las Clarisas

Tal vez menos importante, pero en absoluto para desdeñar en monumentalidad, es la iglesia de San Juan de Rabanera, coetánea de la de Santo Domingo en el tiempo, con su espléndido ábside románico y virtuosos detalles bizantinos. Por último la Concatedral de San Pedro, en las proximidades del puente medieval sobre el Duero, con su notabilísimo claustro de puro románico del siglo XII que da paso a un templo que en sí data del siglo XVI y contiene trazas platerescas en fachada y tres naves góticas cubiertas con bóveda de crucería en el interior.

Iglesia de San Juan de la Rabanera Concatedral de San Pedro

Soria, portadora de admirables palacios. Como el majestuoso palacio de los Condes de Gomara; cien metros de auténtica arquitectura civil soriana. Un edificio nobiliario en tres cuerpos levantado en el siglo XVI, con fachada de sillares de piedra y una torre cuadrangular que cierra la grandiosidad de lo que hoy es la sede de la Audiencia Provincial.

Palacio de los Condes de Gomara

El de los Condes de Gomara no es el único en destacar. La calle Aduana Vieja es con seguridad la más palaciega de todas cuantas componen el callejero soriano. Aquí se dan cita el palacio del Vizconde de Eza (s.XII), el palacio de don Diego Solier (fines del XVI), y para mi uno de los más bonitos y coquetos de la ciudad castellana: el palacio Viejo de los Rios y Salcedo.

De aire renacentista, este edificio del siglo XVI, de tres pisos en mampostería y sillares, destaca por su distinguida ventana en esquina. Un primor. Hoy brinda su espacio a las instalaciones del Archivo Histórico Provincial.

Palacio Viejo de los Ríos y Salcedo, actual Archivo Provincial

Hemos mencionado nombres de diferentes plazas que jalonan por aquí y allá la enredada malla urbanística de Soria. Pero la más significativa, sin duda, es la plaza Mayor que acoge a la institución política local más importante: el ayuntamiento.

El actual consistorio soriano se levanta sobre la antigua Casa de los Doce Linajes, una hermandad del medievo compuesta por una docena de caballeros en representación de otras tantas familias nobles de Soria y cuya ocupación principal era regir los destinos del lugar. La edificación actual, en piedra de sillería de planta baja porticada y dos pisos superiores -con balcones el primero y ventanas rasgadas el segundo-, se construyó en el s. XVII aprovechando lo que era el patio central de un corral de comedias.

Plaza Mayor con el ayuntamiento (dcha.) y la Casa de la Ciudad (izda.)

El edificio del ayuntamiento guarda buena vecindad con otro contiguo en ángulo recto, la Casa de la Ciudad; un centro cultural cuyo añejo y venerado reloj, el viejo y querido tocahoras, marca impenitente el paso del tiempo para propios y foráneos.

IMPRESCINDIBLE

No debéis abandonar Soria sin disfrutar del paseo más bucólico y popular que brinda la ciudad a sus visitantes. Nada más sobrevolar las aguas del río Duero utilizando el anciano puente ataviado con sus arcos y tajamares medievales, un Duero aun en esos primarios pasos a través de la geografia peninsular tras nacer en Urbión, encontraremos un antiguo cenobio de caballeros templarios, San Polo, a unos trescientos metros del puente bordeando entre álamos la orilla del río.

Desde este punto, San Polo, nos espera una cómoda y amena caminata de algo más de un kilómetro, siempre con el río a nuestra derecha, al final de la cual nos toparemos con la hermosa ermita de San Saturio, a los pies de la sierra de Santa Ana.

Ermita de San Saturio con la pasarela sobre el Duero

La pequeña iglesia se emplaza en un lugar asombroso, encaramada a la roca, incrustada, como si estuviera hábilmente suspendida en el aire sobre las aguas del Duero. De planta octogonal, alberga un encomiable altar barroco y debe su nombre a Saturio, patrono de Soria; un anacoreta visigodo que vivió en siglo VI, de familia noble y acaudalada, quien donó sus bienes a los pobres y se retiró a vivir como un ermitaño en una cueva, la misma que se situa bajo la actual ermita del siglo XVIII.

Podemos regresar a la ciudad cruzando la pasarela peatonal a los pies del templo y enfilar el paseo de San Prudencio, en la parte opuesta del Duero, hasta entrar de nuevo en Soria, esa misma Soria amable pero reivindicativa con la que se abría este post…

Más INFO en la Oficina de Turismo de la Junta de Castilla y León, calle Medinaceli 2, Soria.