Cuestión de apellidos

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El mundo de la aviación comercial sigue dando mucho, muchísimo juego. Son tantas las historias que se producen a diario a lo largo y ancho del planeta afectando a ese complejo mundo de los aeropuertos, aviones de pasajeros, y por ende a estos últimos, los pasajeros, que finalmente darían para escribir varios tomos. Y no digamos entradas para un blog. Una auténtica mina.

Esta es la última.

Veréis. Estamos acostumbrados a que las aerolíneas ejecuten sobrecargos en sus billetes por diferentes conceptos. El resignado viajero suele tragar en la mayor parte de los casos para poder embarcar y realizar el desplazamiento que le lleve a destino. Lo que ocurre es que a veces, sobre la marcha, suceden percances inesperados, rozando casi el surrealismo si no fuera porque siempre todo está amparado en una, cómo decirlo, más que dudosa permisividad legal. Que se lo digan por ejemplo a víctimas de “overbooking”.

Hace unos pocos días una familia tailandesa se disponía a embarcar en un vuelo de la compañía Thai Airways International en el aeropuerto de Bangkok. Al chequear los billetes con los pasaportes el personal de Thai denegó el embarque aduciendo que entre billetes y pasaportes no había coincidencia en los apellidos.

Mostradores de facturación de Thai Airways en aeropuerto de Bangkok

¿Qué había sucedido?

Nuestra familia había comprado previamente los billetes a través de la web oficial de la aerolínea, pero no había espacio suficiente para incorporar todos los caracteres de los apellidos debido a que estos eran… demasiado largos. Fue entonces cuando el padre se vio obligado a acortar los nombres completos para poder realizar la compra en internet. Sin embargo al llegar al aeropuerto los problemas surgieron con las verificaciones y la solución propuesta por el personal de la compañía aérea fue simple y tajante: o pagaban un sobrecoste para modificar los apellidos en los pasajes… o sencillamente compraban unos nuevos. Ante la perplejidad la familia optó por abonar el extra para realizar el embarque.

Poco después del infortunado incidente el padre de familia publicó una queja en un sitio web muy popular de su país contando su desdichado caso y denunciando que la aerolínea le había obligado a pagar un dinero por tener unos nombres y apellidos demasiado largos. La circunstancia de que estos no encajaran en un formulario de compra “online” no era, al fin y al cabo, problema de él.

Hay veces que ciertas historias absurdas acaban bien. Días después de aparecer la viralizada queja en internet, la compañía aérea decidió reembolsar el sobrecoste pagado en el aeropuerto a nuestra abnegada familia. La aerolínea terminó reconociendo la limitación de caracteres en su sistema de reserva vía web -25 en total- por lo que se comprometía a mejorar dicho sistema para solventar incidentes similares… y desafortunados añadiría yo.

Un Boeing 747-400 de Thai Airways

No quiero cerrar este post centrándome en la actuación de Thai Airways. Las aerolíneas tienen el deber de cumplir con estricto celo todos los protocolos de seguridad a fin de evitar males mayores. Y entre ellos está la correcta identificación de los pasajeros. Hasta ahí bien por la aerolínea. Sin embargo en este caso concreto el problema del tamaño de unos nombres y apellidos no podían ser imputados a sus dueños. La evidencia del caso era tal que el incidente podría haberse solventado in situ sin agraviar más a la familia. La razón, en mi modo de ver, estaba inequívocamente de su lado.

Consejo

Revisad vuestros pasaportes y contad número total de letras entre nombres y apellidos. Especial atención en País Vasco y Comunidad Foral de Navarra. Alguna compañía aérea por ahí fuera podría poneros pegas 🙂

Fotos Wikipedia. Domino Público

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Tempus fugit

Ciento noventa y siete entradas después, hoy 2 de mayo de 2018 este pequeño blog cumple cuatro años. Cuando echo la vista atrás sencillamente me parece casi irreal que este humilde proyecto de bitácora viajera haya resistido el paso del tiempo.

Todo este intervalo temporal me ha servido para llevar hasta vosotr@s lo que me ha sucedido durante su trascurso, tanto en el aspecto trotamundo como personal, sin exponer, eso sí, mi propio ámbito de privacidad más allá de lo estrictamente necesario. Porque compartir experiencias, emociones en los tiempos tecnológicos que corren está bien, de moda y hasta es “cool”, pero con límites y sentido común.

Siempre he intentado, y así lo he manisfestado en varias ocasiones durante estos años, elaborar un producto entretenido, atractivo dentro de mis modestas posibilidades, y divulgativo para quien tenga un mínimo interés en alimentar alma e intelecto. No sé si lo he conseguido, si lo consigo o conseguiré, pero voluntad, cariño y seriedad siempre he puesto en esta “mi” criatura cibernética.

A lo largo de este tiempo he recibido correos de personas que me han propuesto algún proyecto de colaboración en el blog y en todos los casos he declinado amablemente la oferta, no sin antes agradecer que se dejaran caer por aquí. “La Mochila De Marco Polo” no sería lo mismo si diera cabida a agentes externos. Este blog es un proyecto estrictamente personal, sin ánimo de lucro, diseñado por mi y con una, llamemos, línea editorial que solo yo como autor puedo y debo firmar. Mis lectores/as me entenderán.

Cuatro años no son nada, o mucho, según se mire. Por eso la vida de este blog puede parecer a ojos de este bloguero un mundo, unas veces, o un fugaz momento, otras. El tiempo en ocasiones es calmoso y pausado, otras se nos va de las manos sin apenas darnos cuenta. Ahora que lo sopeso casi me inclino por esta última. Tempus fugit. En definitiva…

Tres leyes a “tener bien en cuenta” si te das una vuelta por el Reino Unido

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Lo que tendría que haberse considerado una simple “falta administrativa” se convirtió en un todo proceso judicial; un calvario para dos jóvenes turistas españoles que en mayo de 2007 robaron unas banderas colgadas de unas farolas en Riga, la capital de Letonia. Era el día de la fiesta nacional, habían tomado unas copas -quizá alguna de más- y al pasar por el malecón del río Daugava, a su paso por Riga, descolgaron las banderas para llevárselas como recuerdo, según declararían más tarde.

El río Daugava a su paso por Riga, Letonia

La cuestión es que fueron sorprendidos por la policía, arrojaron las banderas al agua y fueron detenidos y encarcelados, acusados de un delito de ultraje a la enseña nacional, castigado con hasta seis años de cárcel según la legislación del país báltico. Un mes después fueron liberados con cargos y una fianza de 3.800 euros por barba. Viajaron a España pero en noviembre de ese mismo año tuvieron que volver a Letonia para la celebración del juicio. Finalmente la odisea para ambos jóvenes terminó en una multa por el mismo importe de la fianza impuesta y pudieron regresar definitivamente a España.

Esta noticia, muy resumida, me sirve de prólogo a este post debido a que muchos países mantienen en vigor normas, cómo decir, insólitas, surrealistas, desfasadas por haber sido redactadas -en algunos casos- hace más de un siglo, que a veces provocan una maliciosa sonrisa, pero con consecuencias penales, en ocasiones graves, si se incumplen.

Sin pretender restarle el humor y respeto que todo esto merece, aquí van tres normas vigentes a día de hoy en el Reino Unido, y por tanto de obligado cumplimiento si os animáis a visitar este país, algo por otro lado de lo más habitual entre trotamundos de todo pelaje.

La primera. Si tenéis la peste, habéis leído bien, ni se os ocurra tomar un taxi en este país. Además los taxistas tienen prohibido transportar cadáveres y perros con rabia. Oh My God!

Un taxi londinense. Foto Pixabay

La segunda. Si vais caminando por cualquier calle del Reino Unido y no podéis contener las ganas de orinar, las féminas tenéis permiso para hacerlo sin problemas en plena vía pública. Es más, si os encontráis en estado de buena esperanza podéis miccionar hasta en el casco de un policía. Ver para creer. Los varones también tenemos vía libre en plena calle ante un apretón de vejiga, pero eso sí, sólo podemos hacerlo “apuntando” hacia el neumático de nuestro automóvil y siempre manteniendo la mano derecha apoyada sobre él. Inaudito.

Y la tercera. Cuando viajamos lo normal es comunicarnos con el móvil enviando mensajitos y emoticonos a través de esa famosa aplicación de mensajería instantánea o red social al uso. Pero todavía queda algún despistado, yo entre ellos, que utiliza el correo postal para enviar la típica tarjeta a nuestros familiares y amigos.

  Sellos con la efigie de la reina Isabel II

Foto vía Wikipedia

Pues bien, si optáis por esta anticuada pero encantadora vía, ni se os ocurra pegar el sello con la testa de su “graciosa majestad británica” boca abajo. Es ilegal y se considera un acto de traición si os descubren. Casi tan quimérico como el asunto de las banderas que abrió este post.

Rincones con encanto: el Bow Bridge de Nueva York

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El planeta Tierra está lleno de maravillosos lugares. Unos surgidos por obra y gracia de la propia naturaleza. Otros por obra y gracia de la mano del ser humano. Y todos están ahí para deleite de nosotros, humildes bichos vivientes sobre la faz del globo terráqueo.

Hace unos años, a comienzos de esta década, en febrero de 2010, los neoyorquinos eligieron el rincón más romántico del archiconocido “Central Park” de la ciudad de los rascacielos respondiendo a una encuesta del Departamento de Parques. Y por mayoría el veredicto recayó en el protagonista de nuestro post de hoy, el Bow Bridge, o “Puente del Arco”, con probabilidad el puente más coqueto de Nueva York y auténtica musa para fotógrafos de toda índole y condición. Su inconfundible silueta en forma de arco de violinista recorta plácido el denso decorado verde del célebre e inmenso parque situado en el centro mismo de ese mar de hormigón y acero que inunda Manhattan.

El Bow Bridge fue diseñado en 1862 por dos arquitectos que a su vez fueron los autores intelectuales de Central Park: Calvert Vaux y Jacob West. Tiene una longitud de poco más de veintiseis metros, se construyó en hierro fundido y su pasarela se hizo con la resistente y dura madera de ipé. Con todo, el puente, el segundo más antiguo de Estados Unidos, no pasó por buenos momentos en la década de los años setenta del siglo pasado. Cayó en el más puro abandono; su estructura fue pasto del óxido y la piedra se pudría literalmente. El paupérrimo estado de las arcas municipales impedía su mantenimiento y gracias a generosas donaciones privadas el Bow Bridge pudo resurgir y evitar su más que probable colapso.

Un sosegado paseo por el interior de este pulmón verde en medio de la Gran Manzana nos llevará de manera irremisible hasta él. Un lugar en el que siempre, sea primavera, verano, otoño o invierno, nos encontraremos con alguien que a buen seguro estará contemplando, absorto, la serena armonía que desprende esta original y bella creación humana.

Y uno, en mitad de su propia contemplación, no puede dejar de reflexionar y llegar a la conclusión de que el ser humano, con todas sus grandezas y miserias, es capaz de sacar lo mejor de sí mismo para dar a luz criaturas como ésta…

Foto vía Wikipedia CC BY-SA 3.0 / Autor Bryan Schorn

Localización

Bow Bridge sobrevuela el lago de Central Park, a la altura de la calle 74, al oeste de Bethesda Terrace, conectando Cherry Hill con el bosque del Ramble.

Australia y Europa ya están más cerca a partir de hoy

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No. Australia y Europa no han experimentado ninguna suerte de deriva continental a través del océano que las haya aproximado de repente entre sí. En el mundo actual las distancias se miden más en tiempo que en longitud, y en ese aspecto encuentra su justificación el titular del post de hoy.

Veréis. La compañía australiana Qantas ha puesto a operar la ruta Perth-Londres y si todo ha ido bien, a la hora en que se publique esta entrada en el blog, hoy domingo 25 de marzo de 2018, un Boeing 787-9 Dreamliner” con capacidad para 236 pasajeros habrá invertido alrededor de diecisiete horas en cubrir los 14.498 kilómetros que separan ambas ciudades… en un solo salto, es decir, sin escalas. Se trata pues de un vuelo de larga, larguísima distancia, realizado en el menor tiempo posible al no existir paradas intermedias, lo que abre nuevas y rotundas oportunidades en el campo de la aviación comercial.

Perth, en la costa este de Australia. Foto vía Pixabay

Ya en febrero de 2017 otra aerolínea, Qatar Airways, había experimentado otro hito histórico al enlazar Doha, la capital del pequeño emirato situado en el Golfo Pérsico, con Auckland, en Nueva Zelanda. La distancia de esa ruta es ligeramente superior -14.535 kms-, por lo que no va a ser desbancada por la que acaba de inaugurar este domingo Qantas. Sin embargo, la trascendencia de la ruta que estamos dando a conocer hoy radica en que se trata de la primera vez que Australia y Europa quedan unidas de forma directa, y sin molestas escalas, por un avión comercial de pasajeros.

London Eye y el célebre Big Ben. Foto vía Pixabay

Mucho han cambiado las cosas, y el mundo, desde que en 1947 se inaugurara por Qantas la conocida como “Ruta Canguro“. Esta ruta aérea enlazaba la enorme isla continente con la capital británica en un interminable y agotador viaje que duraba cuatro días y nueve escalas intermedias. ¿Os lo imagináis? En 2018 sería impensable, casi una tomadura de pelo.

El avión elegido tampoco ha sido una casualidad precisamente. Un Boeing 787-9 Dreamliner. Se trata de una aeronave de tamaño medio y fuselaje ancho, con doble pasillo, que gasta un 20 por ciento menos de combustible, genera menos emisiones de CO2 y su impacto acústico es muy inferior al de otros artefactos voladores similares. Tal vez uno de los mejores candidatos para tamaña aventura.

Un Boeing 787 aproximándose al aeropuerto londinense de Heathrow. Foto Wikipedia

Esta ruta histórica es la primera, pero a buen seguro no será la única con la que Qantas enlace ambos continentes. Paris y Frankfurt ya están en lista de espera para unirlas por aire con la lejana e indómita tierra de los caguros. Solo es cuestión de tiempo.

¡Felices vacaciones de Pascua a tod@s!… Si tenéis la suerte de poder pillarlas, como decimos acá en España 🙂

El puente 25 de Abril, un icono lisboeta en peligro

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Me referí a él hace pocas entradas cuando contaba en el blog las excelencias de nuestro país vecino, Portugal, en el campo del turismo internacional como destino de primer orden. Pues bien, el puente 25 de Abril, todo un icono de Lisboa, la bella y nostálgica capital portuguesa, está en serio peligro de colapso según recientes estudios técnicos.

Miles y miles de españoles lo han cruzado cuando se han acercado a Lisboa desde España en sus automóviles. Su característica estructura metálica en vivo color rojo sobrevolando el estuario del río Tajo, antes de su desembocadura en el vasto Atlántico, nos lleva a confundirlo, o casi, con el Golden Gate de la ciudad estadounidense de San Francisco. Algunos piensan que el lisboeta es una mala imitación del californiano, incluso una suerte de regalo envenenado de los yanquis, pero es innegable su evocador parecido.

El Puente 25 de Abril sobre el río Tajo a su paso por Lisboa

Algo que también los relaciona es el hecho de que nuestro puente se levantó con ayuda norteamericana. El famoso Plan Marshall puso la financiación, Estados Unidos aportó los ingenieros y la mano de obra corrió por cuenta de los portugueses. Y así el 6 de agosto de 1966 quedaba inaugurado el que por entonces se bautizaría como Puente Salazar, para mayor loa y gloria de la figura del dictador en el poder desde 1934, António de Oliveira Salazar. Más adelante, con la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974 -que devolvería la democracia al país vecino-, se rebautizaría con el nombre que lleva todavía hoy. De justicia, pues en su primera etapa el puente fue utilizado de forma mezquina como elemento de propaganda al servicio del “Estado Novo” salazarista.

Sea como fuere el ya veterano puente 25 de Abril supuso un hito en la historia de la capital de Portugal al unir, al fin, las dos orillas del Tajo; la urbana al norte, con la rural y alentejana “margem sul” al otro lado. Antes ya habían visto la luz diferentes proyectos que no llegaron a cuajar. Dignos de mención, por la parte que nos toca, fueron los diseños que llevaran la firma de los españoles Carles Buïgas, con su túnel prefabricado de tres kilómetros y funicular incluido -para peatones- que partiría desde el “Bairro Alto”; o el de Alfonso Peña Boeuf, quien confesaría en sus memorias que había quedado harto de los portugueses tras el vano intento. Lo cierto es que la inestabilidad política y la precariedad de la economía lusa en aquellos difíciles años veinte y treinta no propiciaban precisamente la digestión de grandiosas inversiones en el país vecino.

Inconfundible silueta del puente 25 de Abril

Hoy, en 2018, más de cinco décadas después de ver la luz, el simbólico puente 25 de Abril está herido. Fisuras en las vigas, tornillos sueltos, trozos de acero de hasta tres kilos que se precipitan sobre las aguas del Tajo… El riesgo de colapso es muy serio. El gobierno portugués se ha puesto manos a la obra y este mes comienzan las obras para restituirlo a su estado original. Ojalá no sea demasiado tarde y cruzarlo con nuestros vehículos siga brindando ese mágico y potente poder de seducción que siempre aporta un primer encuentro con Lisboa, la bella capital portuguesa al aproximarnos a ella.

Fotos vía portal Pixabay.com

Cuidado con lo que dices a bordo

Que viajar en avión es sinónimo de toda una fuente inagotable de anécdotas, más o menos graciosas, graves o intensas, nadie puede discutirlo. Sin embargo a bordo pueden llegar a acontecer hechos que en ocasiones rozan el absurdo. Hace un tiempo ya publiqué una historia absolutamente hilarante en torno a una pasajera que pretendía volar con un compañero de viaje muy, muy peculiar. Si queréis recordarlo, o leerlo por primera vez, solo tenéis que hacer clic aquí.

La historia que da forma al post de hoy tampoco está exenta de su cuota de hilaridad. Veámos. Una pareja de jóvenes pretendía volar el pasado sábado 17 de febrero con la compañía Emirates entre Birmingham, Gran Bretaña, y Dubái, capital del emirato homónimo en el Golfo Pérsico. Llegado el momento facturaron equipaje y procedieron a embarcar en el impresionante Airbús A380 de la aerolínea citada. Una vez dentro del avión Beth Evans, de 24 años, y Joshua Moran, de 26, la involuntaria pareja protagonista de nuestra historia, ocuparon los asientos asignados en sus tarjetas de embarque. Hasta ahí todo normal. Ahora se desatan los acontecimientos.

Mientras la tripulación se entregaba a la tareas y procedimientos de seguridad previos a la operación de despegue del avión, Beth le comenta a su pareja, Joshua, que siente un fuerte dolor en el vientre debido a su periodo menstrual. La mala suerte para ambos quiso que una auxiliar de vuelo pasara justo por su lado cuando las palabras salían de los labios de Beth. Tras unas breves preguntas la auxiliar no se lo piensa dos veces y pone el hecho en conocimiento de sus superiores quienes, tras analizar la situación, toman la drástica decisión de obligar a la pareja a desembarcar del Airbús de Emirates. Beth y Joshua sencillamente quedaron en estado de shock. Indignados, enfadados, sin dar crédito, tuvieron que abandonar sus asientos y volver a la terminal del aeropuerto británico.

Un Airbús A380 de Emirates

¿Qué había ocurrido?

La tripulación de cabina había consultado con un equipo médico localizado en ¡Estados Unidos! tras cerciorarse de que ningún profesional de la medicina viajaba a bordo. Después de poner el caso en conocimiento de los médicos se tomó la decisión de invitar/obligar a la pareja a un desembarque ante el temor de que los dolores de Beth fueran a más en pleno vuelo. Y es que amigos y amigas del blog, cualquier compañía aérea puede negarse a que un pasajero/a viaje en uno de sus aviones si tiene la seria sospecha de que éste/a podría sufrir graves problemas de salud durante el vuelo. Es más, no existe legislación que fuerce a las aerolíneas a reembolsar el precio del pasaje en un caso de expulsión. Es decir, amparo para la compañía, desamparo para el pasajero. Será legal pero las consecuencias pueden ser tremendas.

Beth Evans y Joshua Moran perdieron las 250 libras, unos 290 euros por pasaje y los gastos del hotel que habían reservado en Dubái. Pero además ambos no olvidarán nunca, seguro, la amarga experiencia. Sin embargo, en mi opinión, lo peor de este humillante caso radica en que la aerolínea tiró de reglamento sin la molestia de cerciorarse, a bordo, de la posible gravedad de la dolencia que padecía la pasajera antes de iniciar el vuelo. Algún médico habría a mano en el propio aeropuerto. Digo yo.

Pic deLuxe: Un paraíso llamado Virgin Beach

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Ahora que en Europa nos encontramos bajo los implacables efectos del tenaz frio invernal podemos mirar, no sin cierta resignación, hacia otros rincones del planeta que gozan, en estas mismas calendas, de un envidiable clima en escenarios no menos envidiables, casi de película. Uno de esos rincones tan codiciables está en la isla indonesia de Bali.

Imaginemos una playa de fábula: arena casi blanca, casi desierta, casi silenciosa, apartada de los clásicos circuitos que trabajan los operadores turísticos en esta parte del mundo. En un lugar como Bali, siempre en el punto de mira de un ingente número de viajeros y curiosos, dar con una apacible playa donde mandan el silencio y el relax se presenta casi como una quimera. Y sin embargo esa playa existe y tiene nombre: Virgin Beach. El nombre le viene como anillo al dedo. No hay duda.

Virgin Beach se localiza en la parte oriental de la isla de Bali, en el distrito de Karangasem. Al abrigo de unos promontorios y una exhuberante vegetación, bajo un implacable sol tropical, alcanzar Virgin Beach no resulta nada fácil. Por eso mismo los turistas no gastan tiempo y dinero en llegar hasta este remoto y húmedo paraiso de blanca arena y envidiables olas. Y los pocos que llegan será para disfrutar de sus indulgentes aguas, algunos “warungs” donde sirven delicioso pescado fresco y las increíbles vistas de un entorno sin igual.

Foto Pic deLuxe cortesía de Mario P. Borruel

“28 Jahre Berlin mit und ohne Mauer”, algo más que una exposición

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A comienzos de esta semana, el lunes 5 de febrero, la “multikulti” y vibrante capital alemana, Berlín, cumplió 28 años, 2 meses y 27 días sin el trágico Muro que la dividió en plena Guerra Fría durante el siglo XX. Exactamente los mismos años, meses y días que se mantuvo levantado en pie hasta que empezó a resquebrajarse en aquella inolvidable noche del 9 de noviembre de 1989.

Todo comenzó en la calurosa madrugada del 13 de agosto de 1961. En aquella fatídica fecha el gobierno lacayo germano oriental comandado por un títere de nombre Walter Ulbricht -oscuro personaje al servicio de la Unión Soviética dirigida en aquel momento por un seguidor fiel de la ortodoxia comunista como era Nikita Jrushchov-, ordena levantar un muro alrededor de la parte occidental de la vieja capital del Reich.

El bloguero frente al Muro de Berlín

Berlín había sido dividida tras la Segunda Guerra Mundial en cuatro sectores de ocupación por las potencias aliadas que habían conseguido doblegar a la Alemania nazi de Adolf Hitler. Tres de los sectores, bajo administración y control de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, estaban concentrados en la parte oeste de la ciudad. En frente, la parte este; la que controlaba la cuarta potencia aliada victoriosa, la Unión Soviética, y de facto capital de una dictadura del proletariado en manos de Ulbricht, máximo dirigente de la República Democrática Alemana -RDA- y siempre en el ojo del gran oso ruso.

En el verano de 1961 la sangría migratoria entre el este y el oeste se había hecho insoportable para el gobierno comunista de la RDA y el régimen corta de raíz la delicadísima situación provocada por la masiva fuga de sus ciudadanos hacia el otro lado en busca de libertad y mejores condiciones de vida. Es entonces cuando se toma la dramática decisión de levantar un “muro de protección antifascista”, según rezaba la propaganda comunista; un muro que rodeara y aislara -al menos en teoría- a los sectores aliados occidentales para tratar de estrangularlos. Sin embargo en la práctica esta suerte de muralla disuasoria con sus 156 kilómetros de longitud, 43 de ellos por el interior de la ciudad, dividió de manera trágica y traumática a familias y amigos, en definitiva seres humanos, pero no consiguió en ningún momento doblegar a los tres aliados capitalistas que resistieron el órdago de Walter Ulbricht y sus acólitos soviéticos del Kremlin.

East Side Gallery, en Mühlenstrasse. La sección más larga conservada del Muro de Berlín

Cerca de tres décadas después, una gélida noche de noviembre de finales de los años ochenta del siglo pasado, el Muro, aquel muro casi infranqueable que contó en su haber con más de un centenar de muertos caídos en su intento por franquearlo, empieza a desmoronarse de manera casi fortuita, accidental, tras una precipitada rueda de prensa del régimen de la Alemania marxista a media tarde donde se comunica que el Muro se abre para todos los berlineses orientales. La pesadilla había terminado. El colapso y cierre por defunción de la RDA había comenzado.

Bernauer Strasse

En Berlín hay una calle que representa como ninguna el drama y la fatalidad que supuso el Muro. Es la Bernauer Strasse. Originalmente, y durante la ocupación cuatripartita, esta calle formaba parte de la frontera entre el este y el oeste de la vieja capital; en concreto separaba el sector francés de ocupación del soviético. Y justo aquí empezó a levantarse con alambradas de espino y barricadas primero, y hormigón después, aquel muro de la infamia el 13 de agosto del 61.

Bernauer Strasse en Berlín

Unos años después de la caída del Muro y de la Reunificación alemana se inauguró en esta calle -a la altura del número 111- el “Memorial y Centro de Documentación del Muro de Berlín“, Gedenkstätte Berliner Mauer, en alemán, al lado mismo de su antiguo trazado. Allí, frente al edificio del Centro de Visitantes, se conserva uno de los fragmentos más auténticos que queda en pie de este ignominioso paredón, con la temida y mortífera “Todesstreifen“, o “Franja de la Muerte” que yacía tras él, y una torre de vigilancia.

El centro de documentación es uno de esos lugares que hay que visitar en Berlín para dimensionar el alcance real que tuvo durante su existencia esa brecha hormigonada en el plano de la ciudad y sobre la vida de sus sufridos habitantes. El Muro de Berlín fue la trágica metáfora de la división de bloques que padeció el mundo tras la enloquecedora y sanguinaria Segunda Guerra Mundial: la Guerra FrÍa.

Centro de Visitantes del Memorial Muro de Berlín en Bernauer Strasse Muro de Berlín en Bernauer Strasse

Aquí, en el Centro de Documentación de Bernauer Strasse, podemos admirar desde el día 6 de febrero una exposición fotográfica, difícil de superar, bajo el nombre de “Berlín, 28 años con y sin Muro“, “28 Jahre Berlin mit und ohne Mauer“, en alemán. Una muestra de cincuenta y ocho espléndidas instantáneas, la mayoría inéditas y de autores privados de la Fundación Muro de Berlín, que ofrecen una visión única, y a veces estremecedora, de la vida cotidiana de aquel Berlín dividido por un muro en dos mitades diametralmente opuestas.

Cada fotografía representa a cada uno de esos años transcurridos entre 1961 y 2018, dando así al visitante la excelente posibilidad de comprobar cómo ha ido evolucionando la ciudad a lo largo de casi seis décadas, a medio camino entre dos siglos. El foco de esta magnífica exposición está puesto sobre todo en lugares y personas. En cada instantánea se advierte la tensión política y emocional de cada momento de ese arco temporal que nos lleva desde el ya lejano 1961 hasta nuestros días.

Antigua “Franja de la Muerte” aledaña al Muro en Bernauer Strasse

Si estáis en Berlín o tenéis pensado visitar la capital alemana en los próximos meses, no dejéis de acercaros a ver esta magnífica exposición que permanecerá abierta al público hasta el próximo 15 de agosto. El horario de la muestra comienza a las diez de la mañana y finaliza a las seis de la tarde, de martes a domingo.

Dirección

Besucherzentrum, Gedenkstätte Berliner Mauer, 119 Bernauer Straße

Accesos en transporte público

Autobús 247. Os deja en la puerta
Tranvía M10
Metro línea U8, estación Bernauer Strasse
S-Bahn, lineas S1-S2-S25-S26, estación Berlin Nordbahnhof

+INFO en la web del Memorial Muro de Berlín

Un mito de altos vuelos

Yo era apenas poco más que un inquieto adolescente a quien la visión de un avión, cualquier avión, despegando o aterrizando de un aeropuerto le hacía soñar con otros mundos lejanos e indómitos. Y fue en uno de esos aeropuertos, el por entonces Madrid-Barajas, rebautizado hace unos años como “Adolfo Suárez” en recuerdo del primer presidente del gobierno español de la democracia, donde lo vi por primera vez. Majestuoso, con su inconfundible joroba sobre el fuselaje; hasta con un punto de elegancia. Era la primera vez en mi vida que tenía la oportunidad de avistar un Boeing 747 reposando manso e imperturbable sobre una pista aeroportuaria. Hoy, el popular “Jumbo” o “Reina de los Cielos”, como ha sido apodada la mítica aeronave, está a punto de decir adiós para siempre.

Otra criatura voladora de la familia estadounidense Boeing, en este caso el formidable 777, o el eficiente Airbus A330 de la competencia, están certificando el irreversible final del legendario Jumbo al posicionarse como sus idóneos sustitutos inmediatos. Un avión cuya historia comienza a finales de la década de los años sesenta del siglo XX cuando el primer 747 se eleva hacia los cielos sobre la ciudad de Everett, al lado de Seattle, en la costa oeste de Estados Unidos. Ocurrió el 9 de febrero de 1969 y sin embargo habría que esperar casi un año, hasta el 22 de enero de 1970, para que la Reina de los Cielos sobrevolara el Atlántico en su primer vuelo inaugural y oficial entre Nueva York y Londres.

Primer Boeing 747 presentado a la prensa y al público en Everett, Estados Unidos, un 30 de septiembre de 1968. Foto Wikipedia

El Boeing 747 ha representado un hito incontestable en la historia de la aviación comercial. Tenía capacidad para transportar más de cuatrocientos pasajeros y literalmente “redujo el mundo”, en palabras de la propia empresa fabricante. Sus seis mil millas de radio permitieron que este mítico avión tuviera a tiro casi cualquier parte del mundo en el contexto de aquellas primeras décadas en las que estuvo operativo. Una posición prominente que mantuvo hasta que la propia casa madre, Boeing, empezó a diseñar nuevos y más potentes aviones empujada por el aliento competitivo que siempre ha supuesto el otro gran fabricante de aeronaves civiles y equipos aeroespaciales que es el consorcio europeo Airbus. La consiguiente caída en los pedidos, sobre todo de su modelo estrella, el B747-400, ha hecho el resto.

A finales del año pasado la compañía aérea norteamericana Delta daba de baja definitiva a su último Jumbo tras un vuelo de despedida entre Detroit y Everett, lugar éste último donde Boeing fabrica varios modelos de su variada familia de aviones y desde donde, como señalé más arriba, se puso en el aire el primer 747 de la historia en 1969. Y volviendo al aeropuerto donde este humilde bloguero descubrió con ojos de adolescente curioso su primer Jumbo, el Adolfo Suárez de Madrid, aquí se vio aterrizar el último B747 de la aerolínea española Iberia un 7 de julio de 2006. El primero lo hizo en 1971. Con todo, el fin del fin aún se demorará un poco más. Algunas compañías europeas como British o Lufthansa no renuncian a seguir operando un tiempo con los 747 que todavía completan su amplio catálogo de existencias.

Boeing 747-400 de British Airways. Foto Pixabay

En cuanto a mi puedo añadir para concluir este post que he tenido el placer de embarcar en la mítica Reina de los Cielos en dos ocasiones. La primera en un vuelo transoceánico entre Paris y Nueva York y la segunda entre Amsterdam y Tokio. Ambas fueros experiencias increíbles al ser consciente en todo momento del peso de la historia, la tradición y el valor que como pionero hay trás el épico Jumbo. Hasta siempre.