Soria Ya

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Fue lo primero que me llamó la atención cuando nada más iniciarse este otoño desembarqué en sus calles. Decenas y decenas de pancartas en tela adheridas a ventanas y balcones rezaban una leyenda muy simple pero contundente: Soria ¡Ya!.

Me había propuesto conocer Soria, la gran ignorada capital de provincia castellana, en el extremo más oriental de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y la curiosidad por esa suerte de grito reivindicativo empezó al principio desplazando lo que vendría en ser habitual cuando uno visita una ciudad por vez primera: recorrer sus calles y empaparse de su patrimonio histórico artístico. Pero había tiempo para todo. Simplemente se sumaba un aliciente más: saber qué había detrás de aquel quejido unánime de los vecinos.

Indagando y preguntando descubrí que “Soria Ya” es un plataforma ciudadana que pelea con tesón desde el lejano 2001 por sacar a Soria del flagrante olvido que padece por parte de los poderes públicos del Estado. No tiene, como movimiento vecinal, una adscripción política definida –según reza su página web– y lo único que mueve a sus promotores y seguidores es reivindicar y demandar políticas que reviertan en la provincia aprovechando el evidente potencial socioeconómico que ésta posee para propiciar así su imperioso desarrollo. Su objetivo, en concreto, se focaliza en cuatro áreas claves que la plataforma considera olvidadas y bloqueadas: infraestructuras viarias, ferroviarias, industriales y educativas.

   Pancarta de Soria ¡Ya!

En la primera algo se ha conseguido. La capital provincial está al fin conectada por autovía con Madrid, la capital de España, y el incómodo puerto de Piqueras en la carretera Nacional 111, que comunica Soria con Logroño, la capital de La Rioja, se puede salvar con un moderno túnel. Pero poco más. “Soria Ya” todavía tiene fuelle y razón de ser.

Soria, sin embargo, presenta también al viajero la otra cara, una más amable, complaciente y tentadora; la de una ciudad pequeña, llena de encantos, de aire medieval, con sus rojizos tejados, con una riqueza patrimonial bien visible en sus rincones, plazas, calles, callejuelas y parques, como la Alameda de Cervantes, popularmente conocida como “La Dehesa“, un sugerente y romántico espacio verde que contiene una pequeña y sencilla joya en forma de ermita. Todo el conjunto da forma a un envoltorio histórico bien apañado que permite recorrerlo en poco más de tres horas, dando un placentero paseo al mismo tiempo.

El río Duero a su paso por la periferia de Soria

Soria es sinónimo de poesía y narrativa, aquella que le otorgaron los Machado, Bécquer, Gerardo Diego o Unamuno. Leyendas, misterios, historias de caballeros templarios… todos y todas brotan de las orillas del vecino Duero para crear un halo mágico, irresistible, que cubre toda la ciudad y atrapa a quienes deciden acercarse hasta la capital de esta humilde e incomprendida provincia de la Castilla más áspera y profunda.

Para empezar. Quien haga un alto en el camino aquí, en Soria, debe recorrer el Collado, la siempre peatonal, animada y concurrida arteria comercial, evocadora de tiempos pasados quizá algo más gloriosos, que comunica la plaza Mayor con la plaza Mariano Granados, dejando por el camino y a un lado las plazas de San Estaban, de Ramón y Cajal o San Clemente, conocida como “el tubo“.

El Collado, Soria

Al Collado hay que acudir con calma y sosiego para deleitarse con casonas solariegas, galerias acristaladas, soportales y entrar en el casino, al cual acudía con regularidad el mismísimo Antonio Machado, quien fuera distinguido vecino de Soria y en cuyo reconocimiento se dio nombre a un instituto de enseñanza en la ciudad; un edificio recio, sobrio, pero magnífico ejemplo de arquitectura jesuítica despojada de todo adorno. Todavía se conserva en su interior el aula donde el ilustre escritor impartió su sabia docencia.

Instituto Antonio Machado

Soria, también sinónimo de medieval. Numerosas iglesias, conventos y ermitas desparramadas por ese dédalo de calles y callejuelas del casco viejo así lo atestiguan. Para mi la más sorprendente por su pureza y belleza es la iglesia de Santo Domingo y su contiguo convento de las Clarisas, una gema para mayor gloria de Dios del románico español, en pie desde el siglo XII. Por favor, no hay que perderse el pórtico de la fachada, todo un homenaje al Apocalipsis y la vida de Cristo; puro prodigio, armonía, filigrana y poesía, un genuino libro en piedra horadado como colofón con un soberbio rosetón.

Iglesia de Santo Domingo y el adyacente convento de las Clarisas

Tal vez menos importante, pero en absoluto para desdeñar en monumentalidad, es la iglesia de San Juan de Rabanera, coetánea de la de Santo Domingo en el tiempo, con su espléndido ábside románico y virtuosos detalles bizantinos. Por último la Concatedral de San Pedro, en las proximidades del puente medieval sobre el Duero, con su notabilísimo claustro de puro románico del siglo XII que da paso a un templo que en sí data del siglo XVI y contiene trazas platerescas en fachada y tres naves góticas cubiertas con bóveda de crucería en el interior.

Iglesia de San Juan de la Rabanera Concatedral de San Pedro

Soria, portadora de admirables palacios. Como el majestuoso palacio de los Condes de Gomara; cien metros de auténtica arquitectura civil soriana. Un edificio nobiliario en tres cuerpos levantado en el siglo XVI, con fachada de sillares de piedra y una torre cuadrangular que cierra la grandiosidad de lo que hoy es la sede de la Audiencia Provincial.

Palacio de los Condes de Gomara

El de los Condes de Gomara no es el único en destacar. La calle Aduana Vieja es con seguridad la más palaciega de todas cuantas componen el callejero soriano. Aquí se dan cita el palacio del Vizconde de Eza (s.XII), el palacio de don Diego Solier (fines del XVI), y para mi uno de los más bonitos y coquetos de la ciudad castellana: el palacio Viejo de los Rios y Salcedo.

De aire renacentista, este edificio del siglo XVI, de tres pisos en mampostería y sillares, destaca por su distinguida ventana en esquina. Un primor. Hoy brinda su espacio a las instalaciones del Archivo Histórico Provincial.

Palacio Viejo de los Ríos y Salcedo, actual Archivo Provincial

Hemos mencionado nombres de diferentes plazas que jalonan por aquí y allá la enredada malla urbanística de Soria. Pero la más significativa, sin duda, es la plaza Mayor que acoge a la institución política local más importante: el ayuntamiento.

El actual consistorio soriano se levanta sobre la antigua Casa de los Doce Linajes, una hermandad del medievo compuesta por una docena de caballeros en representación de otras tantas familias nobles de Soria y cuya ocupación principal era regir los destinos del lugar. La edificación actual, en piedra de sillería de planta baja porticada y dos pisos superiores -con balcones el primero y ventanas rasgadas el segundo-, se construyó en el s. XVII aprovechando lo que era el patio central de un corral de comedias.

Plaza Mayor con el ayuntamiento (dcha.) y la Casa de la Ciudad (izda.)

El edificio del ayuntamiento guarda buena vecindad con otro contiguo en ángulo recto, la Casa de la Ciudad; un centro cultural cuyo añejo y venerado reloj, el viejo y querido tocahoras, marca impenitente el paso del tiempo para propios y foráneos.

IMPRESCINDIBLE

No debéis abandonar Soria sin disfrutar del paseo más bucólico y popular que brinda la ciudad a sus visitantes. Nada más sobrevolar las aguas del río Duero utilizando el anciano puente ataviado con sus arcos y tajamares medievales, un Duero aun en esos primarios pasos a través de la geografia peninsular tras nacer en Urbión, encontraremos un antiguo cenobio de caballeros templarios, San Polo, a unos trescientos metros del puente bordeando entre álamos la orilla del río.

Desde este punto, San Polo, nos espera una cómoda y amena caminata de algo más de un kilómetro, siempre con el río a nuestra derecha, al final de la cual nos toparemos con la hermosa ermita de San Saturio, a los pies de la sierra de Santa Ana.

Ermita de San Saturio con la pasarela sobre el Duero

La pequeña iglesia se emplaza en un lugar asombroso, encaramada a la roca, incrustada, como si estuviera hábilmente suspendida en el aire sobre las aguas del Duero. De planta octogonal, alberga un encomiable altar barroco y debe su nombre a Saturio, patrono de Soria; un anacoreta visigodo que vivió en siglo VI, de familia noble y acaudalada, quien donó sus bienes a los pobres y se retiró a vivir como un ermitaño en una cueva, la misma que se situa bajo la actual ermita del siglo XVIII.

Podemos regresar a la ciudad cruzando la pasarela peatonal a los pies del templo y enfilar el paseo de San Prudencio, en la parte opuesta del Duero, hasta entrar de nuevo en Soria, esa misma Soria amable pero reivindicativa con la que se abría este post…

Más INFO en la Oficina de Turismo de la Junta de Castilla y León, calle Medinaceli 2, Soria.

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Tokio, cinco veces por semana más cerca

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Ya se hacía eco este blog hace dos años de la buena nueva. Iberia, la compañía aérea española de referencia, regresaba en 2016 a Tokio, la capital de Japón, tras dieciocho largos años de pausa forzada por las circusntancias, principalmente económicas, en una clara y renovada apuesta por el influyente nicho que representa el mercado nipón.

Un avión de Iberia en aproximación al aeropuerto de Madrid-Barajas

En un primer momento Iberia decidió operar esta ruta directa -sin escalas- hacia el lejano oriente con una frecuencia de tres vuelos por semana y ahora, coincidiendo con el segundo aniversario del feliz regreso a Japón, la aerolínea española ha decidido aumentar desde el pasado 20 de octubre esa frecuencia a cinco vuelos semanales: martes, jueves, viernes, sábados y domingos desde el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas hacia Narita, el principal aeropuerto internacional de Japón, a sesenta kilómetros de Tokio.

La apuesta no termina ahí. En una clara maniobra de inmersión cultural y gastronómica, el Airbus A330-200 de Iberia que realiza esta ruta se ha convertido en una suerte de atractivo escaparate nipón a bordo. La idea es que desde el momento de nuestro embarque nos sintamos de alguna manera como si ya estuvieramos pisando suelo japonés y nos empapemos desde ya de todo lo que ofrece este singularísimo y ancestral país, donde tradición y modernidad conviven en una más que perfecta simbiosis.

Tokio, la capital de Japón

Tal es la implicación de la compañía aérea española en esta ruta que ha bautizado a uno de sus aviones como “Tokio”, lo que demuestra el esmero, mimo y exclusividad con el que Iberia quiere cuidar esta apuesta empresarial dirigida al “País del Sol Naciente”.

TOQUE ORIENTAL A BORDO

Y para que la inmersión sea total, el menú que se ofrece durante el vuelo no defrauda ni al viajero más escéptico que embarque rumbo hacia la otra esquina del planeta. Con una carta a base de productos típicos y característicos de Japón, en bussines class se ofrece al pasajero, entre otros, pato braseado en soja, langostinos y el tradicional pollo katakurico o timbal de cangrejo con wasabi y hoja de shisho con hinojo marino.

En clase turista la oferta es algo más modesta pero tampoco defrauda. Curry japonés de cerdo con arroz choi sum y shitake, los populares noodles yakisoba salteados con verduras y pollo, o platos aderezados con elementos genuinos de la cocina nipona como la sopa de miso o la salsa de soja; todos forman parte del menú a bordo. Sabor oriental dentro de una aeronave occidental.

Iberia ya vuela entre España y Japón cinco veces por semana en respuesta a la excelente demanda y acogida que ha tenido desde el comienzo esta ruta intercontinental, la más larga que opera en la actualidad la aerolínea española. Y es que el atractivo que genera en ambos lados la posibilidad de viajar y acercarse uno al otro en un solo salto, con el consiguiente ahorro de tiempo, unido a la curiosidad e interés mutuos por dos culturas y modos de entender la vida tan dispares, ha provocado que una compañía aérea, en este caso española, haya asumido el resuelto papel de puente entre los dos países. Una decisión afortunada, muy afortunada 🙂

Fotos vía portal Piaxabay.com

¿Quieres viajar a Corea del Norte? Toma nota

Para todos los trotamundos viajar es el mayor de los placeres terrenales y si, además, nos ponen pocas trabas para hacerlo, mucho mejor. Por fortuna los españoles poseemos unos de los pasaportes más poderosos del planeta, circunstancia que nos permite deambular por la mayor parte del mundo sin prácticamente escollos administrativos y burocráticos impuestos por los gobiernos de turno. Pero hay excepciones. Viajar por ejemplo a la Federación Rusa o Turkmenistán, por citar solo algunos ejemplos clásicos, se convierte en una tarea algo tediosa por la obtención de visados -costosos a su vez- y permisos que suelen demorar semanas, para lo cual hay que dotarse de importantes dosis de paciencia. Y luego está, queridos lectores y lectoras, el caso de la República Popular Democrática de Corea, comúnmente conocida como Corea del Norte.

   Bandera de Corea del Norte

La república popular juche, una ideología que vendría a ser una versión autóctona del marxismo-leninismo, asentada al norte del paralelo 38 sobre la península de Corea en el sureste asiático, es un caso paradigmático de dificultad y obstrucción para intentar cruzar sus fronteras y visitar el país surgido del armisticio firmado en 1953 con sus vecinos del sur tras una cruenta guerra que, paradójica y técnicamente, aun no ha terminado entre los dos estados nacidos al amparo de ese armisticio. Porque se trata de un frágil y provisional alto el fuego. Solo eso. No hay un tratado de paz sellado y rubricado entre Corea del Norte y Corea del Sur. Todavía.

Así las cosas, qué tenemos que hacer en este momento, octubre de 2018, si a los viajeros nos atrapa esa irresistible tentación que provoca visitar unos de los países más herméticos y enigmáticos del planeta ataviado con su característica áurea de secretismo y misterio. Solo hay que seguir leyendo.

Plaza Kim Il-sung en Pyongyang, la capital de Corea del Norte

Un axioma para empezar: es imposible organizar un viaje por nuestra cuenta. Si queremos visitar Corea del Norte deberemos contactar con un agencia autorizada por el régimen norcoreano, generalmente china, que se encargará de todos los trámites y permisos de viaje: vuelos -desde Pekín-, hoteles, visados… Sobre este último capítulo, visado, tendremos que aportar pasaporte en vigor, tres fotografías, un formulario rellenado previamente y una suerte de currículum donde especificaremos nuestro nivel de estudios, profesión y datos de contacto. El papeleo, como vemos, no es para desdeñarlo y requiere bastante tiempo de anticipación -al menos entre tres y cuatro meses- para tenerlo todo a punto en la fecha prevista de viaje.

Monumento a la fundación del Partido del Trabajo en Pyongyang

Una vez dentro de Corea del Norte el itinerario turístico estará perfectamente diseñado y establecido de antemano. Es decir, no podremos movernos libremente por el país o dentro de las ciudades. Desde el primer instante que pisemos suelo norcoreano nos adjudicarán un guia turístico que será nuestro compañero inseparable de viaje mientras permanezcamos en el interior de las fronteras del país comunista. Intentar zafarse de su “compañía” podría acarrear serias consecuencias para el viajero. Las restricciones y prohibiciones afectan incluso a nuestro hotel: nunca podremos abandonarlo a nuestra libre voluntad para salir y husmear por las calles.

Arco del Triunfo en Pyongyang

Más cuestiones a tener en consideración si deseamos visitar Corea del Norte:

Podemos tomar fotos y hacer grabaciones en video, tranquilos, pero nunca de instalaciones, edificios o vehículos militares. En cuanto a las grandilocuentes estatuas que no pasan precisamente desapercibidas de los máximos dirigentes de país, vivos o muertos, que “adornan” las plazas de ciudades como Pyongyang, la retrofuturista capital, nunca pueden fotografiarse cortadas, lo que se interpretaría como una falta de respeto hacia el insigne personaje inmortalizado en la estatua. Y cuidado con intentar llevarse algún cartel colocado en la calle u objeto relacionado con la propaganda del régimen. Lo mínimo que puede costarnos esta conducta en apariencia tan inocente, es la cárcel. Y este tipo de alojamiento ya no es tan agradable.

Monumento a Kim Il-sung y Kim Jong-il en la colina de Mansudae, Pyongyang

Una consideración final dirigida a inquietos viajeros ávidos de innata curiosidad: en Corea del Norte solo veréis lo que el gobierno de Kim Jong-un quiera que veáis. No olvidéis esta premisa ni vayáis más allá de ella.

Agencias radicadas en China para tramitar un viaje a Corea del Norte y recomendadas por este blog:

Koryo Tours y Young Pioneer Tours

Fotos vía portal Pixabay.com

Dedicado a Mario P. Borruel

Singapur y Nueva York, cada vez más cerca

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No puedo ocultar, y lo he expresado en esta ventana en más de una ocasión, mi auténtica fascinación por el ferrocarril como medio de transporte de viajeros. Sin embargo tampoco puedo dejar de reconocer otra fascinación, no menos oculta, que atañe a la forma de moverse por el mundo. Me refiero a los vuelos comerciales de pasajeros que permiten cruzar el globo terráqueo de una punta a otra, en un solo salto, desafiando cada vez más y más la longitud recorrida. El último récord estaba en manos de la aerolínea Qatar Airways, desde febrero de 2017, al cubrir la ruta entre Doha, la capital catarí, y Auckland, en Nueva Zelanda, en “solo” quince horas y cincuenta y nueve minutos. Una proeza si tenemos en cuenta la ubicación de ambas en el mapamundi, separadas por poco más de catorce mil quinientos kilómetros.

La alegría para la compañía del emirato del Golfo Pérsico va a durar poco. La plusmarca de la que ésta hacía gala va a ser batida justo hoy, once de octubre de 2018, por la que se considera mejor aerolínea del mundo: Singapore Airlines. La aerolínea de la pequeña isla-ciudad-estado del sur de Asia va a pulverizar la marca de su rival catarí al enlazar sin paradas las ciudades de Singapur y la siempre incombustible y fascinante Nueva York, en la costa este de Estados Unidos, en América del Norte.

Vista de Singapur desde el hotel Marina Bay

Las cifras, absolutamente superlativas, asombran de nuevo a los más profanos en temas aeronáuticos y, cómo no, a este bloguero. Atentos, por si hay dudas, a las siguientes líneas.

Un flamante Airbus A350-900ULR, especialmente diseñado por el consorcio aeronáutico europeo para cubrir rutas ultralargas, va a despegar hoy del aeropuerto Changi de Singapur y aterrizará en el Newart Liberty International Airport de Nueva York diecisiete horas y cincuenta minutos después. Tal vez muchas horas, pensaréis algunos, pero no olvidemos que la distancia que separa ambos aeropuertos es de 16.700 kilómetros. Una locura.

El nuevo Airbus A350 es una de esas maravillas de la ingeniería aeronáutica y se va a convertir en la nueva joya de la corona del consorcio aeroespacial europeo. En las antípodas del mastodóntico Airbus A380, el nuevo “juguete” que va a surcar los cielos entre Singapur y Nueva York solo tiene capacidad para 161 pasajeros ubicados en dos configuraciones: 67 asientos de Bussines Class y 97 de Premium Economy, es decir, no hay lugar para la sufrida clase turista.

Menos pasajeros confieren más espacio para y entre ellos y, sobre todo, ahorro de combustible, el detalle para mi más importante, circunstancia que transfiere a esta nueva criatura voladora una eficiencia tal vez nunca vista hasta ahora. Su revolucionario diseño se completa con techos más altos, ventanillas más amplias y un cuerpo de tubo más ancho que evitará esa desagradable sensación de claustrofobia que padecen muchos pasajeros.

Un Airbus A350-900ULR, previo a ser pintado para Singapore Airlines

Foto Wikipedia CC BY-SA 4.0 Autor Edward Louis Richter

En el interior del A350 todo está cuiadado hasta el más nímio de los detalles. Un sistema de entretenimiento con cientos de opciones “on demand”, auriculares con cancelación de ruidos, suaves almohadas, copas de champagne… Incluso el exquisito menú que se servirá a bordo, creado y supervisado por reconocidos nutricionistas, conseguirá que los pasajeros se mantengan siempre bien hidratados al tiempo que disfrutan de una alimentación sana y equilibrada, tanto en comidas como desayuno, algo desde luego nada habitual en la inmensa mayoría de las aaerolíneas.

Y como no hay espacio para la improvisación, en la filosofía de Singapore Airlines está que los usuarios de este larguísimo vuelo que hoy ve la luz noten, lo menos posible, los siempre temidos y molestos efectos del jet lag. Para ello, y en cooperación con una reputada firma de bienestar estadounidense, se ha ideado un novedoso programa de ejercicios y estiramientos que tiene por objeto la relajación del pasajero y favorecer la calidad y duración de su sueño a bordo. A esto ayudará, por aquello de estar pendientes hasta el último detalle, una cuidada y trabajada iluminación LED interior que propiciará una atmósfera de tranquilidad y aclimatación del pasajero a los distintos husos horarios que atraviesa la ruta del avión entre ambas urbes.

Nueva York con el icónico puente de Brooklyn y la torre de la Libertad

La compañía aérea asiática es la última en incorporarse a esta pertinaz lucha por llegar cada vez más lejos sin incómodas y latosas escalas. Al igual que otras proezas que llevan tras de sí la firma del ser humano, solo es cuestión de tiempo que esta marca que verá hoy la luz en la aviación comercial de pasajeros para colocar más cerca en el tiempo las ciudades de Singapur Y Nueva York, se vea superada.

Kotor, la joya adriática en serio peligro

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Esto del turismo y los viajes resulta ser una de las actividades más placenteras para el ser humano. Desplazarse fuera de nuestro sitio habitual, contactar con otras gentes, empaparse de otras culturas y degustar gastronomías diferentes a la nuestra nos abre a un mundo siempre atractivo, incluso adictivo. Y si no que se lo pregunten a viajeros empedernidos. El problema surge cuando la mayoría de nosotros ponemos en el punto de mira los mismos lugares y después los visitamos de manera masiva, invasiva y compulsiva.

Hasta hace bien poco visitar el Adriático, en el sur de Europa, era sinónimo de ir como borreguitos a la hermosísima ciudad croata de Dubrovnik, la conocida como “Perla del Adriático”. Su irrepetible centro histórico ha atraido tradicionalmente a legiones de turistas que han machacado el marmóreo y brillante pavimento de sus calles más antiguas de forma implacable y sin pausa.

Vista general de la ciudad de Kotor y su bahía en Montenegro

Sin embargo desde hace un tiempo esos mismos turistas han empezado a dirigir su radar hacia otra ciudad que si bien se encuentra en otro país vecino, Montenegro, está a tiro de piedra por carretera de la perla del Adriático. Esa ciudad se llama Kotor y su ubicación al fondo de la Bahía de Boka Kotorska, en lo que se considera el fiordo más meridional del Viejo Continente -si bien se trata en realidad de un cañón sumergido de un antiguo río hoy desaparecido-, está atrayendo a miles y miles de viajeros por la incomparable belleza de su entorno y sobre todo por su cuidado, esmerado y amurallado casco antiguo declarado Patrimonio Mundial en 1979 por la UNESCO.

Sus laberínticas calles, estrechas plazas, palacios de aire veneciano e iglesias románicas del medievo que modelan el fortificado centro histórico de Kotor se está viendo azotado por ingentes hordas de visitantes en lo que hasta hace poco era un destino tranquilo y a salvo de un turismo de masas. Esa ausencia preservaba la buena salud de su incomparable patrimonio histórico y monumental, y el turismo que llegaba hasta allí era limitado y de calidad. En los últimos tiempos las cosas están cambiando rápidamente y la buena salud de la otrora tranquila y plácida Kotor empieza a resquebrajarse.

Plaza de Armas en el casco histórico de Kotor con su reloj del s.XVII

Las cifras son implacables. En época estival desembarcan cada día en la pequeña ciudad montenegrina unos 10 mil cruceristas que la invaden de manera literal y convierten su recogido centro intramuros en algo imposible para ser visitado de una manera racional y placentera. La propia UNESCO no es ajena a este despropósito y amaga con sacar a Kotor de su preciada lista. Alguien tendrá que sacar conclusiones y poner freno a esta situación lo antes posible.

Este bloguero tuvo ocasión de visitar Kotor durante la primavera de 2014. Personalmente fue una experiencia a medio camino entre excitante y aventurera. Fue allí, respirando aquella atmósfera que todavía rezumaba cierta naftalina yugoslava, donde aún era posible tomar tranquilamente un café en una terraza de la céntrica plaza de Oružja, o de Armas, mientras contemplaba absorto la vecina torre con su reloj del siglo XVII, haciendo compañía a los pescadores locales que se apostaban a última hora de la tarde en la apacible orilla del fiordo para sacar de sus frías aguas la cena del día o deleitándome con las impresionantes vistas desde lo alto del fuerte de San Juan, fue allí, decía, donde decidí poner en marcha este blog. Apenas un mes después, a principios de mayo, nacía “La Mochila De Marco Polo”

Ullíbarri-Gamboa, asueto y esparcimiento en la “Riviera Alavesa”

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Que a los humanos nos encanta el agua para darnos un chapuzón, refrescarnos o batir la plusmarca del momento en cualquier estilo de natación, no sorprenderá a casi nadie. La búsqueda de paradisiacas playas de fina arena y agua tibia en el caso del litoral costero, o bien de ríos, lagos, piscinas naturales y artificiales en el caso de tierra adentro, es el objetivo de muchos de nosotros, y más en época estival.

En el norte de la Península Ibérica una comunidad autónoma absolutamente maravillosa disfruta de ambos escenarios. Tiene litoral, el bravo y enérgico Cantábrico, pero también una amable y bella tierra interior. Me estoy refiriendo al País Vasco (en lengua castellana), Euskadi o Euskal Herría (en euskera); cualquiera de los tres nombres sería válido para referirse a este pedazo en el mapa de esa España húmeda y verde que se extiende por casi toda la franja cantábrica, de oriente a occidente.

Embalse de Ullíbarri-Gamboa, Álava, País Vasco. España

La capital de esta comunidad autónoma, Vitoria-Gasteiz, se sitúa en Álava, la única de las tres provincias en las que se divide el territorio foral que no disfruta de vistas hacia el mar Cantábrico. Las otras dos portadoras de tal privilegio serían Vizcaya y Guipúzcoa. Y sin embargo a escasos quince kilómetros al nordeste de Vitoria nos encontramos con un pequeño mar interior que hará las delicias de cualquier bañista en busca del líquido elemento para paliar los efectos del calor y de la canícula veraniega. Es la particular “Riviera alavesa” y se ubica en el entorno y las aguas del embalse de Ullíbarri-Gamboa. Un par de playas bendecidas por la calidad que otorgan sus banderas azules, Landa y Garaio, certificarán que nos encontramos ante esta auténtica riviera interior.

Pero hagamos un poquito de historia. A finales de los años cincuenta del siglo pasado se procedió al llenado del embalse con las aguas del río Zadorra. Como en muchos otros casos similares a este, varios pueblos perecieron bajo las aguas de la nueva criatura. Mendizabal, Landa y Zuazo quedaron totalmente sumergidos. Por su parte Garaio, Azua, Ullíbarri-Gamboa, Nanclares de Gamboa y Orenin salvaron algunos caseríos, si bien Orenin se convirtió en una isla sin acceso. Ullíbarri-Gamboa, del cual toma su nombre el embalse, se trasladó piedra a piedra hasta la orilla. La hermosa iglesia de San Andrés es fiel testigo de aquella obligada mudanza.

Concejo de Ullíbarri-Gamboa, en el municipio de Arrazua-Ubarrundia

Foto Wikipedia. Dominio Público

Este espectacular lago artificial está emplazado en el municipio alavés de Arrazua-Ubarrundia y es el epicentro de lo que se conoce como la “Llanada Alavesa“, un espacio natural que, aunque alterado por el hombre, conserva un altísimo valor ambiental debido a que estamos en presencia de un humedal que atrae a miles de aves y donde tiene su hogar la colonia más importante de garza imperial dentro de los límites del País Vasco, además de garcetas comunes, garcillas bueyeras, anfibios e invertebrados. El panorama lo van a completar bosquetes de quejigos, vegetación típica de ribera que brota al amparo de arroyos y ríos que desaguan en el embalse, tierras de cultivo y pequeños de núcleos de población.

Playa de Landa en el embalse de Ullíbarri-Gamboa

El perímetro de Ullíbarri-Gamboa se extiende hasta los cuarenta y cinco kilómetros, distancia que podemos cubrir haciendo piernas, bien caminando, bien en bicicleta, para disfrutar del celoso cuidado y excelente conservación de los tres parques que se han creado al abrigo del embalse: Garaio, Landa y Mendixur. Recorrerlos es una de las prácticas favoritas de alaveses y visitantes foráneos. Por cierto, esos mismos alaveses que ya no pueden concebir el valle de Gamboa sin su embalse, un lugar perfecto para bañarse, comer, tomar el sol y practicar deportes acuáticos y tan ecológicos como remo, piragüismo e incluso windsurf debido las buenas condiciones de viento que se dan en verano tras el mediodía.

Vista de Ullíbarri-Gamboa desde el “Club Náutico de Vitoria”

La excelencia de las instalaciones y servicios que rodean el embalse ayudan a pasar una inmejorable jornada de sol y playa con zonas de baño perfectamente señalizadas y áreas de recreo con mesas, asadores y juegos infantiles. A la salida del tranquilo pueblito de Ullíbarri-Gamboa hacia Landa se encuentra el moderno Club Náutico de Vitoria, con su embarcadero, restaurante, piscina y zona de esparcimiento. Desde su terraza podremos disfrutar de unas excelentes vistas sobre las aguas del embalse. ¿Es o no la particular riviera alavesa?

Accesos

Desde Vitoria-Gasteiz por la N-240 hasta el Km.7 donde está el cruce con la A-3004. Por esta carretera provincial alcanzamos en apenas un kilómetro la población de Durana donde tomaremos la A-3002 hacia el norte. En unos diez minutos cubriremos los apenas ocho kilómetros que nos separan de Ullíbarri-Gamboa.

Una irresistible “City Break”

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Es más que probable que lectores y lectoras de este blog dispongan de unos pocos días libres durante el próximo otoño debido a que, de manera premeditada, dejan aparcadas para entonces algunas jornadas a costa de privarse de ellas durante las vacaciones de verano. Una época que, por lo general, muchos viajeros aprovechan para realizar una escapada rápida a alguna ciudad europea, lo que viene en llamarse una “City Break”. Los bajos precios que imperan en el mercado turístico del Viejo Continente tras el subidón estival atraen cada vez a más viajeros que se lanzan a cubrir este nicho otoñal en alza; una manera de revitalizar el trasiego de personas y equipajes a lo largo y ancho de las fronteras europeas en la recta final del año.

Catedral de Vilnius, la capital de Lituania

Una agencia de viajes, Travel Supermarket, ha reunido una serie de datos para terminar concluyendo que este próximo otoño una ciudad europea de la antigua órbita soviética se va a convertir en destino irresistible para una corta escapada debido a sus bajos precios. Esa ciudad es la capital de Lituania, Vilnius.

Es más. Para ayudar a crear ese gusanillo que inevitablemente nos enganche y lleve hasta esta bella capital de una de las tres repúblicas bálticas, las empresas turísticas de Vilnius califican ya a la ciudad como el “punto G de Europa”. En un golpe de efectividad han creado un eslogan que reza: “Nadie sabe dónde está, pero cuando lo encuentras, es increíble”. Y es que a pesar de que en los últimos años Lituania, Letonia y Estonia, las tres exrepúblicas soviéticas del Báltico, reciben a más visitantes, lo cierto es que el desconocimiento que se tiene en el otro extremo de Europa de estos tres pequeños países es bastante palmario.

Calle Gedimino, en el centro histórico de Vilnius

Vilnius, como también Riga y Tallin, las capitales de Letonia y Estonia respectivamente, atraen, y mucho, con su espléndido patrimonio monumental e histórico, por más que la huella de su pasado soviético todavía sea palpable en ellas.

La capital de Lituania ofrece un bellísimo y pulcro casco antiguo donde el barroco campa a sus anchas y se compagina armoniosamente con una cuidada oferta cultural que hará las delicias de quien se acerque hasta ella. Además su coste de vida, muy asequible para los europeos occidentales, ayuda a que una corta estancia, una “City Break”, sea algo más que una encantadora y atractiva escapada otoñal en la Europa del Este…

Pic deLuxe: Colmar, puro romanticismo alsaciano

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Situada a una media hora por autopista desde Estrasburgo alcanzamos el corazón mismo de la Alsacia francesa, una suerte de museo urbano que guarda la esencia de un maravilloso arte renano y una arquitectura renacentista aderezada con gótico alemán, influjo todos ellos de una frontera, la germana, que no se encuentra lejos. Una de esas joyas que permanecen inmunes al paso de los siglos por más que ese mismo arco temporal a veces no haya sido del todo magnánimo con ella. Es Colmar, la bellísima y pulcra Colmar, orgullo de Alsacia, situada en el nordeste de Francia.

Esta pequeña ciudad, donde ingentes cantidades de cigüeñas hacen suyas altas torres y edificios por doquier para anidar y sobrevolar, custodia en su interior una alhaja de enorme valor. Es la “Petite Venise“, la Pequeña Venecia. Sí, una versión más del inigualable original situado en la península itálica. Aquí, en este reducto de hermosas casas de entramado de madera con paredes de colores del muelle de la Poissonnerie y sus encantadores puentecitos sobre el Lauch, siempre adornados con vistosas flores, aquí, decía, el romanticismo campa a sus anchas para deleite y placer de quienes llegan hasta este pintoresco rincón.

Es la foto que ilustra este post, este Pic Deluxe que invita a visitar la pequeña y delicada joya alsaciana. Y más durante este mes de agosto que se celebra en ella la feria de los vinos, un acontecimiento donde alternan degustaciones, gastronomía, exposiciones y espectáculos. Porque Colmar, además de otras muchas bondades, es la capital del vino de Alsacia… Un valor añadido.

Y el pueblo más bonito del mundo es…

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Pues queridos lectores y lectoras, el pueblo más bonito del mundo es Bled y está a orillas de su lago homónimo, a unos cincuenta kilómetros al noroeste de Ljubljana, la capital de Eslovenia. No lo digo yo, aunque podría secundar tal afirmación. Lo dice una de las redes sociales más potentes que ahora mismo dominan el ciberespacio, es decir, Instagram.

Si nos atenemos a los datos objetivos que maneja esta red social, Bled y su idílico entorno -lago incluido- acumula la nada desdeñable cifra de casi 400 mil instantáneas en su haber. Solo hay que teclear #Bled en Instagram y aparecerán más de 370 mil publicaciones (y subiendo) relacionadas con este coqueto pueblo de unos cinco mil habitantes situado al norte de Eslovenia, a los pies de los majestuosos, y siempre encalados por la nieve, Alpes Julianos. Todo un récord.

Bled, a orillas del lago del mismo nombre, con los Alpes Julianos al fondo

Sin embargo, y para ser fieles a la realidad, lo que verdaderamente atrae a “instagramers” de todo el mundo hasta este bello rincón de cuento en los Balcanes es, sin duda, el lago de origen glaciar a cuya ribera se asoma la pequeña localidad. Y no solo eso. También la bucólica islita -Blejski Otok, en esloveno- que emerge de las turquesas aguas en el centro del célebre lago, con la preciosa iglesia de la Asunción de María (s.XVII) y donde contraer matrimonio se ha convertido en codiciado deseo de ardua consecución para los miles de eslovenos que con tesón lo intentan cada año.

Hay usuarios de la red social que utilizan métodos clásicos para conseguir su anhelada instantánea. Hablamos de cámaras fotográficas al uso o el mismísimo teléfono móvil con el que subir la soñada foto a la red segundos después de ser tomada. Pero los hay tan sofisticados que incluso utilizan drones para capturar la fotografía de su vida y convertir megapixeles en fenómeno viral nada más publicar en la popular red social.

Isla Blejski Otok, con su iglesia del siglo XVII, en el centro del lago Bled

Este bloguero tuvo ocasión de visitar Bled y su lago hace cinco años como una etapa más dentro de un periplo viajero que le llevó desde Chamonix, en Francia, hasta Bled en Eslovenia, atravesando todo el norte de Italia. A la hora de escribir este post se agolpan en mi mente recuerdos y muchas imágenes de aquella gira primaveral, pero desde luego Bled quedó inmortalizado como uno de los lugares que más impacto me produjo.

Es dificil determinar si Bled es el pueblo más bonito del planeta. En este tema, como en tantos otros, siempre seremos rehenes de nuestra propia e inevitable subjetividad. Dicho esto solo quedaría añadir que la pequeña villa eslovena motivos tiene, y encantos no le faltarían, para la obtención de tan noble título…

Viena modernista, capítulo final

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Lo he escrito en otros rincones de este blog. La capital austriaca es un auténtico muestrario de arquitectura; un referente arquitectónico en el más amplio sentido del término. Viena acoge grandiosos ejemplos en estilo gótico, barroco y sobre todo historicista, muy vinculados todos a la longeva familia de los Habsburgo.

Sin embargo con el tránsito del XIX al XX surgirán nuevas corrientes renovadoras que van a tener fuerte arraigo en otras partes del Viejo Continente y, naturalmente también aquí, en Austria. Me refiero al Art Nouveau en Bélgica y Francia, Jugendstil en Alemania y países nórdicos, Modern Style en el área de influencia anglosajona, Liberty o Floreale en Italia, Modernismo en España y Sezessionsstil más específicamente en Austria. Misma corriente, distintos nombres. Josef Maria Olbrich y Otto Wagner serán dos de los máximos exponentes de la Sezessionsstil en la vieja capital imperial.

Wiener Secessionsgebäude © Bwag/CC-BY-SA-4.0

El primero, Olbrich, marcó tendencia con un osado edificio construido en 1898, situado muy cerca de la Ringstrasse, a pocos metros del siempre atestado mercado vienés Naschmarkt. De él tomará su nombre la variante modernista austríaca. Es el Wiener Secessionsgebäude o Pabellón de la Secesión, el primer centro de exposiciones de arte moderno de toda Europa Central.

Iglesia de San Leopoldo © Bwag/CC-BY-SA-4.0

En cuanto al segundo, Otto Wagner, se le puede considerar el maestro de la arquitectura y decoración modernista que ha modelado el paisaje urbano vienés hasta prácticamente nuestros días. Trabajó sobre una variante geométrica del Art Nouveau dando lugar a estructuras que siguen un patrón simétrico, práctico y sobrio. En su legado nos ha dejado brillantes edificios como la Caja Postal de Ahorros, la Iglesia de San Leopoldo, en el distrito 14, y las estaciones, puentes y balaustradas del antiguo tren urbano –el Wiener Stadtbahn– que en la actualidad ocupan las líneas 4 y 6 del metro de Viena.

Estación Alser Strasse y viaducto de la línea U6 del metro vienés

Este post cierra la amplia cobertura que “La Mochila De Marco Polo” ha dado a la impecable capital de Austria. Descubrir lo que esconden tras de sí muros, calles, aceras, plazas, parques, iglesias, museos, palacios o cafés de esta irrepetible ciudad europea es lo que encontraréis con solo pinchar la etiqueta “Viena” del blog. Sentirse transportados en tiempo y lugar, además de acabar atrapados, como este bloguero, por esa atmósfera y belleza únicas que todo lo impregna en la vieja capital imperial, estará asegurado. O casi… Espero 🙂