Aterrizamos

Hace exactamente ocho años, tal día como hoy -en 2014- se ponía en marcha este modesto blog llamado «La Mochila De Marco Polo». Y hoy, 2 de mayo de 2022, el blog ha llegado a su punto final. Han sido ocho años de auténtica aventura literaria, recorriendo y plasmando todo tipo de vivencias y andanzas a través del mundo y de mi propio país, España. En este último post tengo que confesar que, para mí, editar y publicar esta bitácora viajera ha resultado ser una experiencia total, llena de momentos excitantes, irrepetibles y positivos.

En 2014 nacía el blog como necesidad, como medio de dar salida a tanta práctica viajera que por aquel entonces copaba mi vida. Algunos amigos (gracias Pepa y Álvaro) me sugerían de cuando en cuando que tenía que plasmar tanto currículo viajero de alguna manera y, sin duda, una bitácora en Internet era el medio más idóneo.

Así fue como mientras giraba visita por los territorios de Croacia y Montenegro durante el mes de abril de 2014, decidí que había llegado el momento. Pocas semanas después, el día 2 de mayo y coincidiendo con la festividad oficial de la comunidad autónoma en la que resido, minutos antes de las once de la noche veía la luz el primer post de este blog: Despegamos

Comentaba líneas arriba que La Mochila De Marco Polo nació en un contexto de máxima experiencia viajera, con varios desplazamientos al año tanto dentro como fuera de mi país, pero sobre todo fronteras allende. El blog tenía una productividad máxima y se iban llenando entradas casi sin darme cuenta. Por no hablar de todas aquellas que fueron escritas y subidas casi en tiempo real mientras viajaba.

Ese escenario por desgracia ha cambiado de manera muy sustancial a día de hoy. La aparición de la Covid-19, con todo lo que ello ha traído de negativo para viajar durante un par de años, máscuestiones de salud personal, han provocado que en 2022 la situación sea muy diferente a la que este bloguero gozaba en 2014. Por ello, y tras una pausada meditación a fines del año pasado, tomé la decisión de cerrar hoy esta querida bitácora mía, justo coincidiendo con su octavo aniversario.

Antes de finalizar quiero expresar mi enorme gratitud a quienes me han seguido todo este tiempo, tanto de manera continuada como más esporádica. Todos y todas han contribuido a enriquecer esta querida ventanita cibernética viajera con sus visitas y comentarios.

El blog deja de actualizarse, pero sigue encendido, al menos mientras esté activa la plataforma WordPress donde se aloja «La Mochila De Marco Polo». Por tanto las 316 entradas publicadas hasta hoy mismo siempre estarán ahí, a vuestra entera disposición.

No obstante, seguimos en contacto a través de mis dos cuentas de Instagram:

@jmb.abella

@lost_in_benasque

Fue un placer… 🙂

Foto PIXABAY

Berlín, guía básica de la capital alemana (III)

HACIENDO SHOPPING EN LA CIUDAD

Dos calles en Berlín para hacer compras impulsivas y meditadas, que de todo hay. Una en el este y otra en el oeste de la ciudad. Friedrichstraße y Kurfürstendamm. La eterna dicotomía en la ciudad más bicéfala de Alemania y de toda Europa. Son dos arterias comerciales bien diferentes, pero unidas por sus elevados y prohibitivos precios. Ahora bien, si quieres gastar, no te preocupes. Podrás hacerlo.

Para presupuestos más modestos siempre se puede curiosear y descubrir delicatessen, moda casual o extravagante y accesorios originales en Bergmannstrasse, Oranienstrasse, Akazienstrasse y la Schönhauser Allee. Sin olvidar los acogedores mercadillos semanales, como el de Hackescher Markt, en Berlín Mitte. Cada sábado allí encontrarás ropa y joyería hecha a mano, además de platos preparados al momento.

Quartier 206 en Friedrichstraße

Friedrichstraße es, sin duda, la calle más elegante y sofisticada de Berlín, con ese aire tan parisino y distinguido que se adueñó, tras un completo lavado de cara después de la reunificación de la ciudad, de aquella arteria gris y sin alma típica de los años de plomo del Berlín ocupado por el Ejército Rojo. Galeries Lafayette y Quartier 206 son los ejemplos máximos de ese Berlín tan exclusivo y exquisito instalado a este lado de la capital.

Kurfürstendamm, o Ku´damm como gusta llamar a los berlineses, fue y sigue siendo la calle más importante y elegante del oeste de la capital alemana. Durante la división de la ciudad, la Ku´damm representó a la perfección su rol como escaparate capitalista y de consumo del Berlín occidental.

Kurfürstendamm en Berlín oeste

Hoy, tras la caída del Muro, Kurfürstendamm sigue ocupando un puesto de excelencia. Sus exclusivas boutiques y excelentes zapaterías, dentro de ese aire de alta burguesía que desprende esta refinada avenida, marcan la diferencia y satisfacen a los más exigentes.

Y ahora una recomendación que, además, supondrá un viaje en el tiempo. No dejes de visitar los míticos almacenes «KaDeWe», acrónimo de “Almacenes del Oeste», en el corazón de lo que fue Berlín occidental durante la división. Entra en el histórico edificio, la galería comercial más popular del entonces llamado «Berlín libre», y sube a la planta de alimentación, la sexta. Sus delicatesen no tienen competencia en la ciudad.

Almacenes KaDeWe en la Tauentzienstraße 21-24

Antes de acabar este apartado dedicado a las compras quiero llevarte hasta otro lugar verdaderamente singular del centro de Berlín. Se trata de los «Hackesche Höfe», un complejo de nueve patios situado en el histórico Barrio de los Graneros, Scheunenviertel, entre Neue Schönhauser Straße y Oranienburger Straße, en Berlín-Mitte.

Estos patios fueron reformados a conciencia en la década de los noventa, luciendo hoy un atractivo estilo modernista para acoger encantadoras boutiques y pequeñas tiendas. En las proximidades tenemos la Augustraße y sus numerosas galerías.

Hackesche Höfe

Otra buena opción son los mercadillos de segunda mano, con una variada e interesante oferta en antigüedades y todo tipo de cachibaches usados, tales como ropa, productos de electrónica, electrodomésticos, muebles… Y especial atención para buscadores de objetos de la extinta República Democrática Alemana porque este tipo de mercadillos son un auténtico filón.

DÓNDE COMER

Berlín satisface con creces todos los paladares, por sofisticados que sean. Toda la cocina internacional está perfectamente representada en la ciudad de la mano de rústicos o vanguardistas restaurantes, cuyas cocinas están comandadas por chefs de la más variopinta procedencia y nacionalidad, en continuo proceso creativo, buscando nuevos sabores e innovadores conceptos de restauración. Por tanto es fácil degustar desde lo más conocido y cercano para nosotros hasta lo más extraño y exótico. El viajero pone los límites.

Ahora bien, hay que dejarse seducir también por la gastronomía local. Si algo define a la cocina berlinesa es la contundencia. Seducir el paladar del comensal con delicados aromas y sabores no entra en los esquemas de los aguerridos cocineros locales.

Berliner Leber, hígado al estilo berlinés acompañado con rodajas de manzana frita, aros de cebolla y puré de patata

Así las cosas, la estrella del firmamento culinario berlinés es el Eisbein, codillo de cerdo servido con puré de guisantes. El Berliner Leber, hígado de ternera preparado de diversas maneras; Sülze, una gelatina que contiene trozos de carne y verduras acompañada con patatas fritas y las populares Frikadellen, filetes de carne picada de cerdo o ternera, siguen al Eisbein en la lista de favoritos.

Mención aparte es la Street Food, o comida callejera, ideal para quienes no quieren perder mucho tiempo en su apretada agenda viajera en Berlín. Ingredientes de alta calidad, sabores exóticos y un ambiente relajado es lo que define a este tipo de restauración, donde el currywurst y el döner kebab han alcanzado categoría de culto.

Infinidad de opciones para comer en Berlín

El asombro de la diversidad gastronómica de la capital alemana lo encontramos en bares especializados en postres, bistró de aperitivos, locales con lema «de la granja a la mesa», o los renovados mercados cubiertos, como el popular e histórico Markthalle Neun, en Eisenbahnstraße 42/43, donde podemos degustar, salvo domingos, auténticas exquisiteces de muchas partes del planeta, por supuesto recién preparadas:

  • Fish Klub, con pescado fresco, ostras y marisco
  • Panadería italiana Sironi
  • Carnicería acristalada Kumpel & Keule
  • Empresa manufacturera de pasta Mani in Pasta
  • Cerveza artesanal de Heiden Peters
  • Café 9

MÁS VISITAS POR EL CIRCUITO BERLINÉS

Terminamos esta guía de la ciudad de Berlín visitando otros lugares de interés que completan, así, nuestro circuito por la capital alemana.

Estamos de nuevo en la zona central del antiguo sector occidental de la ciudad, en la Breitscheidplatz, casi frente a la nostálgica estación de ferrocarril del Zoo, entre la Ku´damm y Tauentzienstraße. En este punto una desdibujada iglesia no pasa desapercibida. Se conserva tal y como quedó tras la Segunda Guerra Mundial, medio derruida.

Torre de la Kaiser Willhelm-Gedächtnis Kirche

Todo un símbolo al horror y la barbarie que se abatieron sobre la vieja capital del III Reich en las últimas semanas de la contienda mundial, en abril de 1945. Se trata de la “Kaiser Willhelm-Gedächtnis Kirche”, la Iglesia Conmemorativa del Kaiser Guillermo. Casi estremece contemplarla más de tres cuartos de siglo después del fin de la guerra.

Más atrás hablabamos del Muro. Íntimamente ligado a este símbolo de la Guerra Fría está el «Checkpoint Charlie», el paso fronterizo más famoso entre el este y el oeste. En este caso separaba el sector americano del soviético, y sin duda fue uno de los escenarios más calientes en la siempre tensa relación entre Este y Oeste. Podemos imaginar, pues, que aquello era un nido de espías y contraespías hace pocas décadas.

El célebre puesto de control está ubicado en un cruce de calles y allí se conserva una réplica de la garita, rodeada con sacos terreros, que usaron los americanos durante casi treinta años para supervisar el paso de personas y vehículos, sobre todo extranjeros, desde y hacia la zona comunista.

Checkpoint Charlie

Todavía queda el cartel desafiante que advertía en cuatro idiomas: «Usted está dejando el sector americano». El omnipresente y temido Muro pasaba justo por allí desde que se empezó a levantar en aquella fatídica madrugada del 13 de agosto de 1961.

A pocos metros de la garita está el “Museo Casa Checkpoint Charlie”, un museo privado que es ideal para alcanzar a comprender lo que fue la historia del Muro y de la Guerra Fría. Para llegar al Checkpoint Charlie sólo tienes que bajar caminando por la Friedrichstrasse. Al llegar a su cruce con la Zimmerstrasse te encontrarás con las legiones de turistas que a diario visitan este punto caliente de la posguerra mundial.

Puede seguirse el antiguo trazado por el que discurría el Muro a su paso por el centro de la ciudad. Para ello se han colocado dos filas de adoquines en la calzada, justo por donde transcurría la famosa pared de hormigón con cables de acero incrustado para aumentar su resistencia. Cada cierto espacio una placa metálica incrustada en el suelo reza la leyenda: «Berliner Mauer 1961-1989».

Hablamos de 43 kilómetros de doble muro de hormigón que serpenteaba por el interior de la ciudad, con una franja de terreno entre ambas paredes sembrada de minas, fosos, alambradas, armas automáticas, más de trescientas torres de vigilancia… y todo el temible complejo fronterizo fuertemente vigilado por policías fronterizos del Este -los temidos “vopos”- con la ayuda de perros adiestrados. Este terreno mortífero se conocía como «Todesstreifen» o “Franja de la Muerte”.

La cuarta generación del Muro, a finales de los 70, marcó su cenit. El Muro era tan sofisticado que se convirtió casi en inexpugnable para cualquier intento de huida hacia el oeste a través de él. Por eso las fugas se produjeron en su mayor parte utilizando túneles excavados en el subsuelo, bajo la frontera. Era un método costoso y no exento de riesgo, pero no tanto como intentarlo en superficie.

Torre de vigilancia en el parque Schlesischer Busch, barrio de Alt Treptow. Se trata de una de las tres torres, «Wachturm», que quedan en pie sobre el área urbana de Berlín en lo que fue la Franja de la Muerte
La misma torre en 1989 con la aledaña Franja de la Muerte. CC BY-SA 3.0 Roehrensee

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«Veinticinco años sin el Muro de Berlín»

EL NUEVO CENTRO

Muchos turistas preguntan dónde está el centro de Berlín si antes de la caída del Muro existían dos centros diferenciados, según nos encontráramos en la parte occidental -proaliada-, o en la oriental -prosoviética-. Pues bien, tras la reunificación de la ciudad y del país en 1990 se empezó a diseñar un nuevo centro para una nueva ciudad. Y se decidió que se emplazaría en la antigua e histórica «Potsdamer Platz”.

Este lugar era un enorme descampado antes de 1989 porque por allí pasaba el fatídico Muro. Por si esto no fuera suficiente desgracia, una doble pared, cuya separación en este punto resultaba mayor que en otras partes, dejaba encerrado entre ambas un vasto e inhóspito espacio deshabitado, vigilado día y noche por los vopos, la temida policía de fronteras del régimen comunista de la Alemania Oriental.

Potsdamer Platz en 1975. CC BY-SA 2.0 Edward Valachovic

Un enorme descampado lleno de minas quedó al descubierto a medida que la pared divisoria fue cayendo; descampado que hubo que desactivar y limpiar a conciencia en los meses sigueintes al colapso del Muro en noviembre de 1989. Había que dejar seguro y despejado un lugar donde antes de la Segunda Guerra Mundial se encontraba el verdadero y animadísimo centro del Berlín de entreguerras.

Aquí se había instalado en los años 20 del siglo pasado el primer semáforo luminoso y con señales acústicas de Europa para regular el gran tráfico rodado que transitaba la zona. Hoy existe en el mismo lugar una réplica del semáforo de marras. En 1961 el Muro lo arrasó todo y Potsdamer Platz se convirtió en un vasto y peligrosísimo erial, con el Muro cercándolo todo.

La actual y futurista Potsdamer Platz no se parece a la primitiva plaza ubicada allí antes de la contienda mundial. Se ha querido dotar a todo el entorno de un estilo propio que lo diferencie completamente de lo que había en este lugar antes del conflicto mundial. Tan sólo se conserva el nombre de la plaza en honor a lo que representó antes, durante y después de la guerra, hasta la reunificación alemana en 1990. Desde entonces ha pasado a ser el nuevo centro de la recuperada capital del país.

Transformación del área de Potsdamer Platz a comienzos del nuevo milenio

En esta plaza han dejado su sello los mejores estudios de arquitectura de Europa con afamados arquitectos a la cabeza, como Renzo Piano y Richard Rogers. Las sedes de Daimler AG y de los Ferrocarriles alemanes, “Deutsche Bahn”, son las nuevas y vanguardistas joyas arquitectónicas de este lugar.

Si algo caracteriza a la nueva Potsdamer Platz son sus altos y modernísimos edificios. No dejes de subir a la Torre Kollhoff porque a 100 metros de altura disfrutarás de una vista perfecta de lo más simbólico de Berlín. Pero tal vez lo más llamativo y espectacular de esta plaza de nuevo cuño sea el complejo Sony Center, con su techo galáctico y su diseño absolutamente rompedor.

El broche de oro para nuestra visita a la capital alemana…

CONCLUSIÓN

¿Sigue habiendo dos ciudades en una? Para ser honestos la respuesta tiene que ser afirmativa. En este nuevo centro unificador que pretende ser la Potsdamer Platz confluyen la vieja ostentación del oeste y el tren del desarrollo al que intenta subirse en las últimas décadas el viejo distrito Mitte, el escaparate socialista del antiguo Berlín oriental. Ambos conviven, se toleran, pero siguen siendo dos.

Berlín, guía básica de la capital alemana (II)

CALLEJEANDO

Casi todo lo importante para explorar en Berlín se encuentra en el distrito “Mitte”, Centro, en alemán. Básicamente, y para poco tiempo, lo principal que hay que ver y visitar está situado aquí. Y dentro del Mitte destaca, sobre todo, la llamada «Isla de los Museos», una isla que forma el río Spree a su paso por el centro histórico y donde están ubicados los cinco museos (la ciudad tiene 170) más importantes de la capital germana.

Extremo norte de la Isla de Los Museos con el Bodemuseum en primer término

La soberbia y exclusiva lista de museos la componen el Altes Museum, Neues Museum, Alte Nationalgalerie, Bodemuseum y la estrella, el Pergamón. Dentro de este último podrás admirar el Altar de Zeus de la ciudad de Pérgamo, la Puerta de Ishtar de Babilonia o la Puerta del Mercado Romano de Mileto, a tamaño natural. Un auténtico viaje por otras civilizaciones y culturas, Mesopotamia, Grecia, Roma… y sin salir del recinto museístico.

Pergamon Museum

Imprescindible, si el tiempo impide girar visita completa al pentágono museístico insular, es el “Neues Museum”. El motivo lo encontramos en una inquilina muy especial: el bellísimo busto de Nefertiti, la mítica reina egipcia.

Durante toda la etapa de división de la ciudad el busto de Nefertiti estuvo expuesto en un coqueto palacio del oeste de Berlín, el Palacio de Charlottenburg, antigua residencia veraniega de los reyes prusianos. Desde allí volvió, en octubre de 2009, a su antigua ubicación en el Neues Museum, tras someter el venerable edificio a un exhaustivo proceso de reconstrucción y rehabilitación dado había quedado muy dañado durante la Segunda Guerra Mundial.

Palacio de Charlottenburg

Estando en Berlín acabarás pasando, antes o después, bajo la “Puerta de Brandenburgo”, una de las dieciocho puertas de acceso que tenía la ciudad en épocas pretéritas. Es el auténtico símbolo de la reunificación alemana y el más conocido fuera de Alemania. En la parte superior destaca la cuadriga a cuyas riendas está la diosa Victoria.

Nada más pasar bajo sus arcos en dirección «este» comienza la “Pariser Platz”, donde se encuentra el mítico “Hotel Adlon”, el más lujoso y vip de la capital alemana.

Puerta de Brandemburgo
Hotel Adlon, en la Pariser Platz

A continuación, frente a nosotros, el gran bulevar berlinés: «Unter den Linden», literalmente «Bajo los Tilos». Una hermosa y elegante avenida que conecta la Puerta de Brandenburgo con Alexander Platz, el centro del antiguo Berlín comunista.

Recorrer esta avenida de casi kilómetro y medio es una delicia para los sentidos. Quedarás impresionado ante la belleza de nobles edificios barrocos y neoclásicos del siglo XVIII y XIX que han sido rescatados y restaurados tras cuarenta años de dejadez y abandono comunista.

La Unter den Linden en el siglo XIX por Eduard Gaertner, pintor alemán decimonónico especializado en paisajismo y arquitectura. A la izquierda, la imponente Ópera Imperial, hoy Staatsoper

Uno de los primeros edificios que verás al enfilar la avenida, a tu derecha, es precisamente la embajada rusa. Los soviéticos, como potencia ocupante del distrito Mitte tras la Segunda Guerra Mundial, limpiaron de escombros la derruida avenida y plantaron de nuevo los tilos.

A continuación levantaron su imponente embajada, en el más puro estilo estalinista y en el mismo lugar donde había estado la legación diplomática antes de la guerra. Para ello no escatimaron medios ni dinero. Se trajeron incluso bloques de piedra de la vieja Cancillería del Reich que había ocupado Hitler, no lejos de allí, hasta el final de la contienda mundial.

Continuando con el paseo, siempre en dirección este, pasarás por delante de la Universidad Humboldt, donde estudió Carlos Marx, la Biblioteca Nacional, el Museo de Historia Alemán y otro bello edificio: la “Staatsoper”, la sede de la Ópera Estatal alemana.

Universidad Humboldt en la Unter der Linden
Museo de Historia Alemán

Antes de llegar al final de la Unter den Linden, a la altura precisamente de la «Staatsoper», nos podemos desviar unos pocos metros hacia nuestra derecha para ir al encuentro de la Gendarmenmarkt, o el Mercado de los Gendarmes, proyectado en 1688; un recinto bautizado después con diferentes nombres a través del tiempo hasta que en 1799 adoptó su denominación actual.

Gendarmenmarkt con la Catedral Francesa en el lado derecho de la foto

La Gendarmenmarkt está considerada como la plaza más hermosa de la capital alemana, un lugar de encuentro donde se celebran diversos eventos de carácter cultural a lo largo del año. El edificio central de la plaza es el Konzerthaus -s.XIX, buen ejemplo de neoclasicismo-; en el lado norte está la Französischer Dom (Catedral Francesa en estilo neoclásico) y en el lado sur la Deutscher Dom (Catedral Alemana en estilo neobarroco), ambas del siglo XVIII.

La Unter den Linden termina justo en el primero de los dos puentes que atraviesan la Isla de los Museos. Aquí, a parte de los cinco museos mencionados antes, se encuentra la “Berliner Dom”, la catedral protestante (hay otra católica en una plaza adyacente a la Unter den Linden) en cuya cripta reposan los restos de los miembros de la egregia dinastía de los Hohenzollern.

Abierta en 1905, esta edificación religiosa fue construida en estilo alto renacimiento italiano y trazas barrocas. Fue muy dañada durante la Segunda Guerra Mundial y los comunistas de la vieja RDA apenas acometieron una reconstrucción superficial a mediados de los setenta del siglo pasado.

Catedral protestante o Berliner Dom

Tras la Reunificación alemana volvió a su esplendor original. Destaca la impresionante cúpula coronada por una linterna con cruz dorada y flanqueada por cuatro torres. Frente a ella, al otro lado del río Spree, se encontraba el ostentoso Palacio Real, hogar de electores de Brandemburgo, reyes prusianos y emperadores alemanes, sucesivamente.

Pero la suerte de la residencia real cambió en pleno siglo XX. Tras la contienda mundial acaecida entre 1939 y 1945, el palacio fue dinamitado en 1950 por orden de los jerarcas de la RDA a quienes se les atragantaba la continua presencia del mismo. Según ellos el palacio, aunque dañado, desprendía un insoportable hedor imperialista y militarista, algo tabú para la élite comunista germano oriental.

En su lugar se levantó un horrendo edificio, el Palacio de la República, sede de la Volkskammer, o Cámara del Pueblo, el parlamento de la extinta República Democrática Alemana. Corrió la misma suerte que la antigua residencia barroca imperial y fue demolido en 2008, en este caso por la peligrosa presencia de asbesto en su estructura.

Catedral de Berlín, izquierda, y Forum Humboldt, derecha

Con el nuevo milenio se obró el milagro: el viejo palacio barroco volvió a la vida tras una lenta y costosa reconstrucción como parte integrante del bautizado Foro Humboldt, obra del arquitecto italiano Franco Stella. Las caras norte, sur y oeste del renacido palacio brillan ahora con un característico color amarillo en tono membrillo. La fachada este, sobre el río, es lisa y moderna, en un soberbio contraste con el resto del noble edificio. El interior del Forum acoge dos museos, el Etnológico de Berlín y el Museo de Arte Asiático.

Volviendo a la catedral, Cuando salgas de ella llegarás al segundo puente encima del río y al terminar de cruzarlo, justo debajo, a la izquierda de tu sentido de marcha, se encuentra el “Museo de la DDR”, un lugar perfecto para adentrarse en lo que fue la antigua República Democrática Alemana. Visítalo si puedes. Te sorprenderá.

La Unter den Linden es un testigo privilegiado de la historia de la vieja capital imperial. La aristocracia que se codeaba con los Hohenzollern tenía en este bello bulevar su lugar de encuentro y reunión. Hoy, paseando por la reputada avenida hay que hacer un alto en alguno de sus numerosos cafés, restaurantes, o en las tiendas que se han asentado allí como soporte a pie de calle de los edificios más nobles de la ciudad.

Ayuntamiento Rojo de Berlín con la icónica esfera giratoria de la torre de televisión, detrás

Pasado el río, y camino de Alexander Platz, encontraremos a la derecha el ayuntamiento de Berlín, conocido como “Rotes Rathaus”, literalmente Ayuntamiento Rojo. Durante la época de división de la ciudad fue la sede del consistorio del Berlín comunista. El calificativo de «rojo» no se debe a la tendencia política de sus regidores de entonces, sino al llamativo color rojo de los ladrillos que se utilizaron en la construcción de la fachada.

Otros lugares de interés: en Alexander Platz tenemos la famosa Torre de televisión con sus 365 mts. de altura. Sube hasta el Telecafé situado en la esfera giratoria, a 200 metros sobre el suelo, y desde allí podrás admirar toda la ciudad y observar las diferencias en los estilos arquitectónicos que se utilizaron para reconstruir ambas partes de Berlín tras la Segunda Guerra Mundial.

Típicas edificaciones de estilo soviético estalinista, Plattenbauten, en la parte oriental de Berlín

Al este, con un claro estilo estalinista muy propio de los años 50 e imperante en toda Europa Oriental, una urbe radial de clara influencia soviética donde abundan los Plattenbauten, edificaciones grises, planas y funcionales que se replicaban una y otra vez llenando calles y avenidas, alternando con descampados que aun perviven tras las bombas de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, y ante la imposibilidad de tirar abajo tanto inmueble, los Plattenbauten ofrecen una visión más colorista y humanizada, pero siguen ahí, como testigos de un tiempo y de un estilo de vida.

Haus der Kulturen der Welt, inaugurada en 1957 como palacio de congresos para el antiguo Berlín occidental

En el oeste de la ciudad, en cambio, se importaron los movimientos arquitectónicos que pegaban fuerte en todo occidente durante aquellos mismos años. No se escatimaron medios humanos y técnicos. Los mejores estudios de arquitectura de Europa occidental al servicio del escaparate cosmopolita y consumista que representaba Berlín oeste.

EL MURO

Hablar de Berlín es hablar de su maldito pero icónico Muro. Quedan restos del mismo, pocos, pero aún se puede contemplar y hacerse una idea de lo que fue y supuso aquella larguísima pared de cuatro metros de altura. Tenemos un segmento de 1300 mts. de longitud, el más extenso que se conserva, en la “Mühlenstrasse”, justo a partir del precioso puente “Oberbaumbrücke” (restaurado por Santiago Calatrava).

Para ir allí toma la línea U1 del metro, la más antigua del metropolitano berlinés y muy utilizada por el enorme colectivo turco que vive en esta parte de la ciudad, el barrio de Kreuzberg, y bájate en las estaciones «Schelisches Tor» o «Warschauer Strasse».

Puente Oberbaum sobre el río Spree

El trozo de Muro -Die Mauer, en alemán- que queda en pie es una auténtica galería de arte al aire libre, de ahí su nombre, «East Side Gallery», con pinturas y grafitis realizados por artistas venidos de todas partes del mundo. Merece la pena recorrer a pie su algo más de un kilómetro de longitud y contemplar cada fragmento y cada metro de este peculiar museo del recuerdo a cielo abierto.

East Side Gallery

BARRIO GUBERNAMENTAL

La pomada del poder se mueve por el llamado Barrio Gubernamental. El “Reichstag”, la recuperada y restaurada sede del Bundestag, la cámara baja del parlamento federal alemán, es la estrella de esta exclusiva zona de la capital alemana. Se encuentra situado a escasos metros de la Puerta de Brandemburgo, justo en una de las esquinas del “Tiergarten”, el gran parque de Berlín y en otros tiempos bosque de caza de los reyes prusianos.

La visita a la azotea y cúpula del Reichstag es gratuita, pero hay que registrase previamente online. Puedes hacerlo en este link.

La cúpula está abierta al público a diario entre las ocho de la mañana y medianoche. Última entrada a las 21:45 horas. La azotea y la cúpula están cerradas durante todo el día 24 de diciembre, y el 31 de diciembre a partir de las 16:00 horas. Por otro lado, la cúpula puede estar cerrada debido a tareas de limpieza y mantenimiento. En estos casos, la azotea sigue estando abierta al público.

Reichstag, sede de la Cámara Baja -Bundestag- del Parlamento Federal alemán

Dentro del Reichstag sólo hay que seguir la estela de los demás visitantes porque inevitablemente todos irán en busca de la icónica cúpula helicoidal diseñada por Norman Foster. Las vistas sobre la ciudad desde la gran terraza o azotea que corona el edificio, son muy interesantes a la par que, desde el interior de la misma y mirando hacia abajo, puede verse el salón de plenos del Bundestag con sus diputados en plena faena.

Frente al Reichstag se sitúa la sede del Gobierno alemán, la Cancillería Federal, residencia oficial también del canciller de turno. Una curiosidad: la escultura que hay justo delante de la entrada principal de la Cancillería es obra de Eduardo Chillida y fue cedida por el artista donostiarra a la ciudad de Berlín.

Complejo de la Cancillería Federal en Berlín

EL BERLÍN MÁS ALTERNATIVO

Fuera de este Berlín institucional hay otro más alternativo y underground, representado sobre todo en dos distritos: Kreuzberg, en el antiguo sector occidental, y Prenzlauer Berg, en el sector oriental.

Para empaparte de ese espíritu contestatario y rebelde, tan típicamente berlinés, tienes que dejarte caer por cualquiera de los dos. Oranienstrasse, en Kreuzberg, y Kastanienallee, en Prenzlauer Berg, son calles donde puedes contemplar muestras de ese aire irreverente y mordaz que tanto caracteriza a sus vecinos.

Escaparate en Kreuzberg

Si tienes tiempo pasea por cualquiera de ellas, siéntate en una terraza para tomar algo y pulsa el ambiente.

+INFO sobre este apartado pinchando aquí y aquí

Berlín, guía básica de la capital alemana (I)

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LLEGADA

A Berlín se puede llegar en tren desde numerosos puntos de Alemania, y desde el exterior del país, arribando a la enorme y moderna terminal ferroviaria de la Estación Central de la ciudad, la Hauptbanhof, inaugurada en mayo de 2006 y a tiro de piedra del centro de poder político de la República Federal conformado por la Cancillería y el Reichstag, en el llamado Barrio Gubernamental.

Estación Central de Berlín

Por otro lado la capital alemana contaba hasta noviembre de 2020 con dos aeropuertos internacionales. Si se llegaba al aeropuerto “Tegel”, al noroeste de Berlín, desde allí el viajero podía alcanzar en autobús de forma directa la estación ferroviaria del Zoo, en el corazón del antiguo Berlín Oeste, a escasos metros de la concurrida y popular «Ku´damm» que conoceremos más adelante.

El segundo aeropuerto, Schönefeld, estaba al sureste de la ciudad, pero ubicado dentro de los límites del «land» vecino de Brandemburgo. Entre 1946 y 1990 fue el aeropuerto del antiguo Berlín Oriental y el principal de toda la extinta República Democrática Alemana (RDA).

El actual y reciente Flughafen Berlin-Brandenburg «Willy Brandt» se encuentra en los aledaños del viejo aeropuerto «Schönefeld», del cual absorbió parte de sus instalaciones y hoy es su nueva Terminal 5. Tras nueve años de retraso en la apertura de sus pistas y con tres terminales operativas por el momento, T1-T2 y T5 (esta última en funcionamiento temporal y solo operando vuelos «low cost» hasta que la futura T3 esté lista ), el 31 de octubre de 2020 el nuevo aeropuerto «Willy Brandt «quedó abierto de manera definitiva al tráfico aéreo.

Aeropuerto Berlin-Brandenburg «Willy Brandt», en el sureste de la capital alemana

-Accesos al aeropuerto en transporte público

La estación de tren del aeropuerto se encuentra directamente debajo de la Terminal 1, en la segunda planta de sótano (U2). Cada hora circulan varios trenes Airport Express y trenes regionales entre la Estación Central de Berlín y la estación «Flughafen BER Terminal 1-2», y viceversa.

TREN: disponemos del servicio exprés «FEX  Flughafenexpresszug» desde Berlín Hbf hacia «Flughafen BER Terminal 1-2» además de los trenes regionales RE 7 y RB 14, con salidas cada 5 ó 10 minutos, vía Ostbahnhof. Igual frecuencia en sentido contario.

S-Bahn: Desde la estación de trenes « Flughafen BER Terminal 5» la línea S9 te lleva hasta la Hauptbahnhof, vía Alexanderplatz, en unos 45 minutos. Con la S45 puedes llegar hasta Berlín Südkreuz, pasando por Neukölln, Hermannstraße y Tempelhof.

Nota: Cuando la Terminal 5 sea sustituida por la nueva Terminal 3, en construcción, todas las conexiones actuales desde la T5 hacia el centro de Berlín desaparecerán.

BUS: X7, 163, 164, 171, 263, 734, 735, 736, 738, 741, 742, N7, N60.

MOVIÉNDOSE DENTRO DE LA CIUDAD

Berlín dispone de una de las redes de transporte público urbano más extensas de Europa que está gestionada por una empresa pública conocida como Berliner Verkehrsbetriebe, BVG, y su calidad desde el punto de vista del usuario, es envidiable. Un sistema rápido y económico que permite llegar hasta el último rincón de la ciudad.

En Berlín hay tres zonas tarifarias. La zona A, un anillo alrededor del área central de la ciudad; la zona B, que cubre Berlín hasta sus límites, y por último la zona C, que abarca los alrededores de la capital, como Potsdam, Sachsenhausen u Oranienburg. Los tickets siempre combinan dos o tres zonas: A-B, B-C o A-B-C

Tickets y descuentos para turistas/viajeros

Si queremos recorrer el centro de Berlín con sus barrios y rincones más interesantes, un ticket regular para zonas A-B será suficiente. Si queremos visitar Potsdam o el campo de concentración Sachsenhausen, por ejemplo, tendremos que comprar un ticket para zonas A-B-C.

A tener en cuenta que los menores de seis años viajan gratis y niños entre seis y catorce años tienen tarifa reducida.

Ticket regular: Einzelticket, para zonas A-B cuesta 2,90€ y puede utilizarse durante dos horas, siempre en un mismo sentido de circulación, pudiéndose cambiar de transporte o interrumpir el viaje.
Para zonas B-C cuesta 3,30€ y para las zonas A-B-C hay que pagar 3,60€.

Ticket para todo el día: Tagesticket, válido hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Tiene un costo de 8,60€ para zonas A-B, 8,00€ para zonas B-C y de 9,60€ para zonas A-B-C.

Si el plan de viaje incluye dos o más días en Berlín, existe un ticket especial -Welcome Card- de 48/72 horas válido para todos los transportes, con descuentos de hasta el 50% en museos y otras atracciones de Berlín y Potsdam.

Precios WelcomeCard-Berlín:
Zonas A-B, para 48 horas cuesta 24€ y 34€ para 72 horas. Por persona
Zonas A-B-C, coste de 29€ para 48 horas y 39€ para 72 horas. Por persona

También existen los llamados billetes de corta distancia, los abonos de cuatro viajes y los abonos de siete días. Puedes consultar tarifas y condiciones en las máquinas expendedoras de las estaciones.

Pantalla de una máquina expendedora de títulos de transporte público para moverse en Berlín

NOTA: PRECIOS de 2022

-Dónde adquirir títulos de transporte

Los tickets pueden adquirirse en las ventanillas de algunas estaciones o en las máquinas disponibles en todas ellas.
Dentro de los tranvías también hay máquinas, aunque sólo aceptan monedas y están en alemán. En los buses, el chofer es quien los vende.
Las máquinas expendedoras de las estaciones de trenes y metro están en seis idiomas, incluído español. Se puede pagar en efectivo y con tarjeta.

-Cómo usar los títulos de transporte

Una vez adquirido el ticket hay que validarlo en las pequeñas máquinas amarillas o rojas colocadas al lado de las expendedoras o dentro de buses y tranvías. A partir del instante de la validación de nuestro billete, disponemos de dos horas para movernos con él.

AVISO: Cuidado porque suele haber controles aleatorios de los títulos de transporte y realizado sin previo aviso por agentes que visten de paisano, aunque están obligados a identificarse como tales, a quienes les da lo mismo que seas extranjero o no hables alemán. Los he visto actuar y son bastante expeditivos. Las multas pueden ser importantes y si no llevas dinero encima te «acompañan» hasta el cajero más próximo.

-Medios de transporte en la ciudad

  1. Metro «U-Bahn», inaugurado en 1902. En la actualidad dispone de nueve líneas. Resulta un medio cómodo, funcional y práctico de moverse por el interior de Berlín. Su horario de funcionamiento es de 4:30 horas de la madrugada hasta las 00:30 horas, de lunes a viernes. Fin de semana y festivos, 24 horas en la práctica totalidad de la red.
    De interés para el viajero son las líneas U1 y U2. La U1 es la más antigua y recorre los distritos de Kreuzberg y Wilmersdorf. La U2 conecta el norte de la ciudad con los distritos de Prenzlauer Berg, Mitte, pasando por Alexanderplatz, Potsdamer Platz, el Jardín Zoológico, la Ópera Estatal del oeste -Deutsche Oper-, el Palacio de Charlottenburg, acabando su recorrido en el Estadio Olímpico.
    Imprescindible visitar la histórica estación de Wittenbergplatz, inaugurada en 1902. Está situada en la Tauentzienstrasse, frente a los históricos almacenes KaDeWe. Resultó muy dañada durante la Segunda Guerra Mundial y fue reconstruida y reabierta después, durante los años 50. Hoy está considerada como monumento protegido. En ella confluyen las líneas U1, U2, U3.
Estación Warschauer Straße de la línea U1 del metro de Berlín

2. Tren urbano «S-Bahn», es una suerte de tren de cercanías gestionado, en este caso, por la empresa de transporte S-Bahn Berlin GmbH, una subsidiaria de la Deutsche Bahn AG, el principal operador ferroviario de Alemania. Cuenta con dieciséis líneas que discurren por el interior de Berlín, complementándose así con el metro U-Bahn. El S-Bahn conecta a su vez el centro con el aeropuerto BER «Willy Brandt» y diversas ciudades del área metropolitana de la capital alemana. Su horario de funcionamiento es igual que el del metro.

Interesantes para el viajero son las líneas S41 y S42, cuyo trazado se conoce como Ringbahn por su forma de cuasi anillo. Una línea circula en el sentido de las agujas del reloj y la otra en sentido contrario. Recorren el distrito Mitte, Centro en español, y atraviesan los barrios de Charlottenburg, Moabit, Wedding y Prenzlauer Berg en el norte; Friedrichshain en el este y Kreuzberg y Wilmersdorf en el sur-suroeste.

Berlín S-Bahn

Asimismo resulta muy recomendable utilizar la conocida como Stadtbahn, un segmento troncal elevado del S-Bahn, inaugurado en febrero de 1882 por el Kaiser Guillermo I, que conecta de este a oeste la capital a cielo abierto y sobre un impresionante viaducto de hierro y ladrillo, lo que permite disfrutar de unas vistas inmejorables de todo el centro histórico mientras viajamos.

Por las vías de la Stadtbahn se mueven trenes de las líneas S3, S5, S7 y S9, compartiendo las cuatro esta infraestructura ferroviaria que en las estaciones Ostkreuz y Westkreuz se cruzan con la circular Ringbahn, la primera situada en el extremo oriental y la segunda en el occidental del anillo. A partir de estas dos estaciones, cada tren de cada línea que comparte la Stadtbahn continua el recorrido hacia su punto final.

La Stadbahn tiene una longitud total de 11,2 kilómetros y atraviesa once estaciones, sin contar las citadas Ostkreuz y Westkreuz, todas históricas y de gran interés. Son, en sentido este-oeste, la Ostbahnhof, Jannowitzbrücke, Alexanderplatz, Hackescher Markt, Friedrichstraße, Hauptbahnhof -la más moderna y construida sobre los cimientos de la antigua Lehrter Stadtbahnhof-, Bellevue, Tiergarten, Zoologischer Garten, Savignyplatz y Charlottenburg.

3. Tranvía, implantado en buena parte del este de la ciudad, herencia comunista, y ampliado a algún distrito occidental. La red de tranvías urbanos se conoce como MetroNetz, está compuesta por 13 líneas cuyos rieles atraviesan los barrios de Wedding, Weißensee, Mitte, Marzahn, Hellersdorf, Lichtenberg, Prenzlauer Berg, Friedrichshain, Prenzlauer Berg, Köpenick, Pankow y Treptow. Los tranvías berlineses se identifican con una «M» y resultan recomendables para el viajero las líneas M1, M2 y M10.

Tranvía berlinés

4. Autobuses urbanos. La flota está compuesta por unas 1300 unidades. De especial interés para el «turisteo» son las líneas 100 y 200.
La línea 100 fue la primera en realizar recorridos a ambos lados del Muro. Conecta La estación del Zoológico y el Zoologischer Garten con el este de la ciudad, en la calle Mollstraße pasando por Columna de la Victoria (Siegessäule), el parque Tiergarten, el Palacio Bellevue, la plaza de la República, el Parlamento (Reichstag), la avenida Unter den Linden, la calle Friedrichstrasse, la Ópera Estatal, Alexanderplatz…
La línea 200, por su parte, circula por la zona de las embajadas, la Filarmónica, la avenida Unter den Linden y el barrio Prenzlauer Berg, lleno de cafés, tiendas, bares, y mucha movida.

ALOJAMIENTO

Para pasar la noche disponemos de infinidad de hostels económicos repartidos por toda la ciudad. Si no eres de la fórmula “albergue” recomiendo alojarse, por ejemplo, en hoteles cómodos, limpios y con precios razonables -no olvidemos que estamos en Alemania- en la zona próxima a la estación del Zoo, o bien en la Kantstrasse, Savigny Platz o en los alrededores de la Stuttgarter Platz, cerca de la estación del S-Bahn de Charlottenburg. Son áreas urbanas que personalmente valoro en sentido muy positivo por su ubicación y excelente comunicación con el resto de la ciudad.

Pero en general Berlín es una ciudad que cuenta con una gran oferta de camas disponibles, así que encontrar alojamiento no supone problema alguno. El abanico de precios es muy amplio, por lo que se ajusta a cualquier bolsillo. Únicamente durante la Berlinale, el aclamado festival de cine que se celebra a mediados de febrero, o durante la concurrida feria de turismo -ITB- que tiene lugar en el mes de marzo (sujeto a cambios por tema Covid-19), puede existir algún problema para encontrar habitación, por lo que se recomienda reservar antes si tienes previsto venir en esas fechas.

East Side Hotel Friedrichshain

Como sugerencia, y no me pagan por ello, puedo indicar un hotel enclavado en una zona ideal para empaparse del ambiente de la división capitalina provocada por el Muro y la Guerra Fría. Se trata del «East Side Hotel Friedrichshain», en Mühlenstrasse 6, al lado del magnífico Puente Oberbaum restaurado por Santiago Calatrava sobre el río Spree, justo donde comienza la East Side Gallery.

La East Side Gallery, como veremos más adelante, es la porción más larga que se conserva en pie de la famosa pared divisoria -más de un kilómetro-, y está situada a poca distancia de la Ostbahnhof, uno de los nudos de intercambio de transporte ferroviario más importantes de la capital alemana, tras la Hauptbahnhof. El interior del propio hotel es un verdadero museo relacionado con el Muro y la Reunificación alemana.

Berlín, retrato de una capital y motivos para un viaje

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Berlín, la en otro glorioso tiempo magnífica capital prusiana, es hoy también capital, pero de una Alemania reunificada en los noventa del siglo pasado tras la caída de ese espanto llamado Muro de Berlín, en 1989.

El encanto de esta ciudad germana y europea radica no tanto en sus monumentos, tal vez no tan bellos como en el caso de Viena o París, sino en su ambiente, en su gente, en su personalidad única, en su espíritu abierto, alternativo, transgresor e irreverente, todo lo cual la diferencia, y mucho, de otras ciudades alemanas y europeas.

Vista al atardecer de Berlín y el Spree, el río que atraviesa la capital alemana

Tras el crudo invierno, y en cuanto asoman los primeros rayos de sol primaveral, la gente se echa a la calle para disfrutar al máximo de la luz diurna, tan escasa durante buena parte del año, y de su tiempo libre. Todo lo cual no es óbice para que, a menos que el clima sea imposible, al berlinés le guste desplazarse en bicicleta.

Las dos ruedas forman parte del ADN de los residentes locales y para ello tienen a su disposición kilómetros y kilómetros de ciclovías en los que moverse de un lado a otro dentro de la ciudad. Y esto repercute directamente sobre el tráfico rodado. Apenas hay atascos y la contaminación se mantiene en índices sorprendentemente bajos.

Berlinés y bicicleta. Binomio indisoluble. En la foto, dos ciclistas se mueven por delante de la Cancillería Federal en el distrito gubernamental

Berlín atesora buen número de zonas verdes y de agua, mucha agua, que fluye a través de numerosos canales, navegables la mayoría, además del Spree, el río berlinés que vertebra la ciudad. De ahí que parques y jardines se conviertan en lugar ideal y preferido para el esparcimiento público y la tranquilidad, aspecto éste último que el berlinés aprecia en alta estima.

De otra parte, y sin contradecir lo anterior, es muy habitual observar cómo en Berlín se puede disfrutar de un «break» a orillas del río. El Spree se inunda, sobre todo en época estival, de numerosas playas urbanas con arena donde, paradojas, se disfruta socializando con el prójimo alrededor de una buena cerveza fría pero nadie pone los pies en el agua.

Berlineses tomando sol y copas en una de las muchas playas artificiales que se han habilitado en el río Spree, a su paso por Berlín

Los berlineses tienen un espíritu ecologista que puede rayar casi en lo obsesivo. Son muy estrictos con el reciclado de la basura. Toda comunidad de vecinos dispone en sus característicos patios interiores -hofe- de una enorme fila de contenedores, o cubos de distintos colores, para separar detritus, envases, plásticos o papel y reciclarlo todo. Y se lleva a rajatabla.

El berlinés tiene a su disposición la mayor oferta cultural de Europa, reforzada desde 2020 con la apertura del nuevo Forum Humboldt en torno al renacido Palacio Real. Tres óperas, 130 salas de cine, 150 teatros, 300 galerías de arte, 250 bibliotecas, 170 museos y numerosos centros alternativos donde ejercer y desarrollar cualquier expresión artística. Su carácter multicultural, con gentes de más de 140 nacionalidades conviviendo y moviéndose por sus calles y plazas, confiere a la capital alemana un marchamo único, casi irrepetible.

Altes Museum, o Museo Antiguo, en Berlín

Berlín ha sabido resurgir de sus cenizas y superar poco a poco esa cicatriz que la partió en dos hace más de medio siglo. Todavía queda trabajo por hacer. Existen aun ciertos recelos entre los berlineses del oeste (wessis) y los del este (ossis). Estos últimos, en significativo número, padecen un curioso síndrome denominado “Ostalgie”, es decir, nostalgia por el Este.

En cierto modo es comprensible dada la enorme complejidad que ha supuesto, y todavía supone para los orientales -en especial quienes nacieron bajo la égida comunista-, adaptarse a un sistema político y económico radicalmente distinto al que tenían hasta el momento en que fueron absorbidos, lo de reunificación es un eufemismo, por la otra Alemania, la capitalista.

Restos del Muro de Berlín, el símbolo de la partición de la ciudad durante casi tres décadas

Y otro «pero» a destacar es que la ciudad lleva años técnicamente en bancarrota financiera. La deuda que ha contraído el ayuntamiento es galopante y el dinero apenas fluye. Todo va muy despacio en ese esfuerzo por igualar a ambos lados. «Berlín es pobre, pero sexy», como no se cansaba de repetir Klaus Wowereit, el risueño y voluntarioso alcalde de la ciudad hasta diciembre de 2014.  

A pesar de su turbulenta historia contemporánea, hoy la vieja capital del III Reich se ofrece al visitante con su cara más amable e invita a conocerla. El residente berlinés, a su vez, es un tanto cáustico y algo distante, pero correcto con el foráneo.

La oferta cultural, gastronómica y de ocio es única en Europa. Y su arquitectura barroca o clasicista de antaño marida sin problemas con la versión arquitectónica más reciente, aquella que resulta ser de lo más vanguardista e innovadora, nacida en los noventa del siglo pasado tras el colapso del comunismo.

Estadio Olímpico de Berlín, sede de los JJOO de 1936

Junto a esa arquitectura de vanguardia desarrollada con el nuevo milenio, quedan en la capital alemana restos, escasos, de la arquitectura del III Reich anterior a la debacle de la Segunda Guerra Mundial, como el histórico Estadio Olímpico; restos que conviven con una arquitectura de posguerra resurgida tras las cenizas de la contienda y la posterior división.

Por un lado Berlín oeste, con su escaparate consumista y paisaje urbano como el de cualquier ciudad occidental; por otro Berlín este, paradigma del realismo socialista y un urbanismo recio, plano y rectilíneo, en la línea de cualquier ciudad soviética.

Avenida Stalin, típico ejemplo de arquitectura prosoviética en Berlín

Bellos ejemplos del Berlín de la época imperial, por fortuna recuperados, y otros que nacieron al amparo de una ciudad casi irreal dividida en dos por los Aliados, con dos formas a su vez muy distintas de concebir la vida, la política, la economía y el mundo, están ahí y se convierten en reclamo de lujo para visitar la ciudad.

En lo estrictamente personal, lo confieso. Soy un enamorado de Berlín. He visitado la capital alemana en numerosas ocasiones desde 1995 y siempre me ha enganchado lo suficiente como para regresar.

Como proclamara el presidente J.F. Kennedy durante su histórica visita al Berlín aislado en junio de 1963, pocos meses antes de morir asesinado en Dallas, Estados Unidos, y en plena Guerra Fría: «Ich bin ein berliner«. Yo soy un berlinés.
Lo suscribo.

John F. Kennedy se dirige al pueblo berlinés desde la Rudolph Wilde Platz en Berlin occidental el 26 de junio de 1963

Lo que viene en las siguientes entradas es una guía básica, repartida en tres entregas, con la que descubrir y adentrarse en esta ciudad europea única por su carácter multicultural, cosmopolita, irreverente y alternativo.                                    

España, tercera potencia mundial. ¿Adivinas en qué?

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Es indudable que la presencia de ese bicho diminuto campando a sus anchas por todo el planeta ha hecho temblar los cimientos, y de qué manera, de esa poderosa industria que es el turismo. Y aquí, en España, lo sabemos bien; no en vano el turismo capitaliza alrededor del 13% de nuestro Producto Interior Bruto, (P.I.B.).


Sin embargo, y dejando de lado esa nefasta consecuencia derivada de la pandemia, poco a poco los desplazamientos internos y hacia el extranjero se van reactivando, lentamente, sí, pero se aprecia ya la tendencia y eso siempre es un buen síntoma. Es entonces cuando reaparece de nuevo un preciado documento que siempre nos acompaña al viajar, el pasaporte.

Pixabay Images

La pandemia del SARS CoV-2 ha traído restricciones, muchas y variadas desde el punto de vista sanitario, que se unen a las que de manera administrativa, y desde siempre, ya impone cada estado para permitir que ciudadanos de otros países ingresen en el interior de sus fronteras, lo que conocemos como requisitos de entrada a un país.

Si obviamos ese tipo de restricciones relacionadas con la salud y el coronavirus -PCR´s, Certificado Covid Digital de la Unión Europea, cuarentenas obligatorias…-, siempre fluctuantes y muy volátiles puesto que cada país las elimina con la misma velocidad que las impone, nos queda de nuevo el pasaporte de toda la vida como llave mágica de entrada y salida cuando viajamos.

Es en ese instante cuando entra de nuevo el concepto de «poder» de un pasaporte, concepto asociado al número de destinos a los que el portador de ese pasaporte puede viajar y entrar sin necesidad de requisitos adicionales, es decir, sin necesidad de los siempre engorrosos, y en algunos casos costosos, visados de entrada. Yo mismo me confieso anti-visado nato.

Este, llamemos «nivel de poder», no es algo baladí. Puede marcar una clara barrera diferenciadora a la hora de desplazarse hacia y por el extranjero. Las nacionalidades con pasaportes poderosos tienen vía libre en buena parte del planeta y esa cuestión que no parece tan importante, sí lo es. Y si no que se lo pregunten a un viajero canadiense y a otro de Albania, por poner un ejemplo.

Pixabay Images

Así pues, y tomando como base lo escrito y leído hasta aquí, hay que resaltar que un pasaporte emitido en España tiene vía libre de acceso a nada menos que 189 países sin necesidad de aportar otro documento adicional de entrada. El dato lo suministra anualmente la prestigiosa consultora «Henley & Partners» que elabora una lista o ranking que clasifica los pasaportes según el número de destinos a los que sus titulares pueden acceder sin solicitar una visa previa.

Ese número de 189 destinos a los que un pasaporte español puede acceder, sin más, encarama a nuestro país al tercer lugar de la influyente lista de la consultora londinense mencionada. Un puesto de podio compartido con Italia, Luxemburgo y Finlandia, y delante de otros estados tan importantes como Francia -puesto cuatro, con un destino menos- o Reino Unido y los Estados Unidos, en el puesto cinco y 186 destinos.

En el Henley Passport Index 2022, Japón y Singapur poseen los pasaportes más potentes, lo que permite a sus ciudadanos acceder sin visado a 192 destinos. En el segundo puesto aparecen Alemania y Corea del Sur, cuyos nacionales pueden viajar a 190 países portando solo un pasaporte válido. Como podemos observar son varios los países europeos que se «pasean» por el top 5.

El pasaporte más débil, por contra, está en manos de Afganistán, el farolillo rojo, cuyos ciudadanos tienen apenas veintiséis destinos a los que poder viajar sin más cortapisas que presentar su pasaporte en la frontera.

Pictograma PIXABAY

La consultora señala que su índice de pasaportes es el único cuya base se encuentra en los datos exclusivos de la «Asociación Internacional de Transporte Aéreo» -IATA-, la base de información de viajes más grande y precisa que existe.

Un año más este país llamado España puede sentirse orgulloso en este terreno, aunque no haya otros muchos para sentirse igual de satisfechos. Un país que, además, es un auténtico experto en eso que llamamos Turismo y donde pocos pueden darnos lecciones.

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NOTA DEL EDITOR

Este blog quiere mostrar toda su solidaridad con el pueblo de Ucrania que, en el momento de publicar este post, está sufriendo una brutal agresión en forma de invasión militar e ilegal por parte de la Federación Rusa en manos de su sátrapa dirigente, Vladimir Putin.

Pic deLuxe: Pura coreografía arquitectónica

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Resulta innegable. Praga, la capital de la República Checa, es una de las urbes más hermosas de Europa. Visitarla es darse un premio personal, enriquecer los cinco sentidos porque nunca defrauda. El centro histórico de la ciudad es una sinfonía perfectamente ejecutada y cualquiera que ponga los pies allí sentirá la necesidad de volver en algún otro momento.

Hace unos años, en 1996, praguenses y viajeros quedaron sorprendidos con una nueva edificación que acababa de ver la luz a escasos metros del puente Jiráskuv, que sobrevuela las aguas del Moldava, el río que atraviesa mejestuoso la capital checa.

Tančící dům, en checo, o Casa Danzante, es el nombre con el que se conoce tan singular edificación deconstructivista que contrasta de forma rotunda con los edificios góticos, barrocos, historicistas y Art Nouveau que hay a su alrededor e inundan el célebre distrito 2 de Praga.

Este hecho tan diferenciador y radical fue lo que hizo torcer el gesto a los vecinos de la ciudad en un primer momento. Y es que el rompedor diseño del canadiense Frank Gerhy, en equipo con el arquitecto checo-croata Vlado Milunić, causó una buena polvareda entre la población local.

El impacto negativo fue de tal calibre que llegó hasta las más altas instancias de la república y el mismísimo presidente de entonces, el carismático político y dramaturgo Václav Havel, vecino del propio edificio, tuvo que mediar en el asunto y defender públicamente aquel proyecto arquitectónico nada tradicional para una ciudad como Praga. El apoyo presidencial supuso todo un revulsivo y hoy aquel polémico episodio vecinal es recordado como una mera anécdota.

Viendo el edificio desde cierta distancia, éste parece evocar una pareja de baile. De ahí que en una primera etapa lo bautizaran como edificio «Fred & Ginger«, en alusión a la celebérrima pareja de actores de Hollywood, Fred Astaire y Ginger Rogers, que sorprendieron en los años 30 y 40 con sus espectaculares coreografías cinematográficas en pantalla. Sin embargo el propio Frank Gerhy lo descartó poco después y la edificación se rebautizó con el nombre actual.

La Casa Danzante se ubica en Rašínovo nábřeží 80, en el mencionado distrito 2 de la espectacular capital de la República Checa. Un destino, Praga, que en cualquier caso ningún viajero debería perderse por más que hordas de visitantes acudan y la invadan en masa cada año. Un destino, a su vez, muy romántico y en sintonía con las fechas en las que estamos, rozando San Valentín…

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Pic deLuxe: Sublime Praga

Ucrania, un país en la encrucijada

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Analistas políticos y estrategas militares coinciden en el pronóstico: Europa atraviesa el momento más delicado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial a cuenta de la crisis desatada en torno a Ucrania, un país soberano desde agosto de 1991 tras el colapso de la entonces Unión Soviética.

Ucrania, Україна en ucraniano, romanizado Ukraïna, es un estado soberano e independiente situado al este del Viejo Continente, en el área geográfica conocida como Europa Oriental, cuya extensión es algo mayor que la de España y con una población que supera los 41 millones de habitantes. Tuve ocasión de visitar este país en el ya lejano verano de 2008 y fue, en resumen, una experiencia altamente satisfactoria.

Bandera customizada de Ucrania

Este es un blog de viajes y por tanto no vamos a entrar en el detalle del conflicto geopolítico ucranio-ruso donde, además, intervienen otros actores externos, como Estados Unidos, la OTAN o la propia Unión Europea que vienen a complicar todavía más la ya de por sí incierta situación del avispero ucraniano.

Mi viaje por Ucrania comenzó tras cruzar la frontera con Eslovaquia, saliendo desde la ciudad oriental eslovaca de Košice ubicada a casi ochenta kilómetros de la línea fronteriza con Ucrania. Valorando las opciones, la mejor y más económica forma de alcanzar Úzhgorod, ciudad del suroeste de Ucrania asentada en la región de Transcarpatia, era -y sigue siendo- el autobús.

Óblast o Región de Zakarpatia / Transcarpatia, en el sudoeste de Ucrania

Al tratarse de una frontera exterior de la Unión Europea, los trámites fronterizos suelen ser lentos y pesados. En 2008, y en la actualidad. En mi caso ser el único pasajero no eslovaco o ucraniano del autobús y ser, además, portador de un conocido ansiolítico -aquí en España- me costó casi una hora de tensa espera para que me diesen el plácet de ingreso en territorio de Ucrania.

Tras comprobar que el medicamento presentado en una brillante cápsula blanquiroja no era sustancia estupefaciente, subí de nuevo al autobús que tras unos pocos minutos de lenta marcha zigzagueando por algunas calles me dejó frente a la estación de ferrocarril de Úzhgorod, casi a tiro de piedra del puesto fronterizo.

Entre el escaso abanico de posibilidades para continuar viaje hacia Kiev, la capital del país, se encontraba el tren. Sin embargo esta vez la suerte no quería decantarse de mi lado. Ningún billete a la venta. Tren completo. En marcha, pues, el plan B… Vuelvo sobre mis pasos a la estación de autobuses, más un aparcamiento a cielo abierto que otra cosa, e indago aquí y allá, mapa del país en mano, preguntando por algún autobús que me llevara hasta Kiev.

Úzhgorod, capital de la Óblast de Transcarpatia, atravesada por el rio Uzh

Ahora sí. Por unos diez euros al cambio consigo asiento en un ómnibus de línea regular, en apariencia cómodo y limpio en su interior. Iba a necesitar, y mucho, esa comodidad para lo que me esperaba.

Permanecí en Úzhgorod unas dos horas y media antes de la salida de mi bus, prevista a las tres de la tarde hora local, tiempo que aproveché para cambiar algunos euros, comprar viandas comestibles y dar un corto paseo de exploración por la ciudad vieja.

Entre bocado y bocado llegué al monumento más notable de la ciudad fronteriza, la neoclásica catedral greco-católica de la Santa Cruz. Apuro un pequeño botellín de agua mineral y acelero la marcha a pie para alcanzar mi autobús justo antes de la salida.

Monasterio de San Miguel de las cúpulas doradas en Kiev, la capital oficial de Ucrania desde agosto de 1991

Kiev se encuentra a poco más de ochocientos kilómetros de Úzhgorod por carretera. Esa distancia se convirtió para este bloguero en un verdadero suplicio, con noche a bordo y pesadilla incluida. Más de quince horas transitando por carreteras infernales; carreteras que a menudo había que abandonar por obras paralizadas en la calzada y circular en su lugar, durante kilómetros, por polvorientos caminos que discurrían en paralelo a la ruta principal.

Con las primeras luces del día siguiente y legañas en mis ojos, el autobús de marras entró al fin en la capital de Ucrania para soltarme poco después en una pequeña y destartalada estación, con visos de eterna provisionalidad y bastante alejada del centro. Mala suerte. Además, el desconocimiento del idioma local, no encontrar a alguien que hablara inglés y el alfabeto cirílico, herencia soviética y presente en todas partes, no ayudaban en absoluto.

Catedral de San Pantaleón, Kiev

Kiev me pareció en aquel momento, recordemos que era julio de 2008, una ciudad caótica pero hermosa, con ese aire imperial propio de la era zarista que desprendían muchos edificios con sus grandes tejados de noble cubierta y cúpulas doradas y bulbiformes.

Pero junto a ese escenario espléndido y suntuoso convivía otro marcado por un recio estilo arquitectónico neoclásico estalinista que, de nuevo al igual que el idioma ruso, la herencia soviética dejó en calles, avenidas y plazas tras ser reconstruida de los gravísimos daños que provocó la contienda mundial en la ciudad entre 1939 y 1945. Conviene recordar que en la era de los soviets, Kiev fue la tercera ciudad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, abreviado URSS.

Desfile militar por la Jreshchátyk, la avenida más importante de Kiev
Plaza de Maidán o de la Independencia, en el centro de la capital de Ucrania

La principal arteria kievita, Jreshchátyk, es el verdadero escaparate cultural, administrativo y comercial de la capital ucraniana; el termómetro que mide, junto a la también céntrica e icónica plaza de la Independencia, la temperatura de la siempre convulsa vida política de este país de la Europa oriental y siempre a la sombra del gigante ruso, su acechante vecino y viejo rival.

Járkov es la segunda ciudad de Ucrania. De hecho fue capital de la República Socialista Soviética de Ucrania, dentro del marco federativo de la URSS, entre 1923 y 1934, año en el que la capital se trasladó a Kiev. Está situada en el norte del país, a una veintena de kilómetros de la frontera con la temida Federación Rusa.

Dado que los horarios del ferrocarril no encajaban en mi operativa de viaje por el país, opté de nuevo por el autobús para moverme entre ambas ciudades. La distancia de algo menos de quinientos kilómetros en dirección este fue cubierta en unas ocho horas, algo más del tiempo que se emplea hoy.

Vista de Járkov con la catedral ortodoxa de la Asunción al fondo y su imponente torre campanario de 90 metros de altura

Por fortuna la espantosa huella destructiva de la Segunda Guerra Mundial, que dejó reducida a escombros el 70% de la que hasta ese momento era la ciudad más poblada de Ucrania, ya no era visible a mi llegada. Búsqueda rápida de hotel en las cercanías de la terminal de autobuses, ducha rápida y a la calle.

Como segunda ciudad de Ucrania, Járkov mantiene desde la independencia del país en 1991 un estatus muy importante como centro industrial, cultural y educativo. Numerosos teatros, museos, librerías y galerías de arte se extienden por toda la malla urbana central. Sin olvidar la nada desdeñable superficie dedicada a espacios verdes y de recreo, con parques como el Gorky o el Shevchenko a la cabeza.

Vista aérea de la Plaza de la Libertad de Járkov en el año 2003 con la estatua de Lenin, hoy desaparecida, en el ángulo inferior derecho

Punto neurálgico de Járkov es la Plaza de la Libertad, conocida también como plaza Svobody. Cuando puse mis pies en ella todavía era posible contemplar una enorme estatua de Lenin que años después, en 2014, sería derribada por un grupo de incontrolados en sintonía con los tiempos de nula afección por todo lo que desprendiera naftalina soviética.

Adyacente a la enorme plaza estaba, y está, el Derzhprom, un singular complejo de edificios levantado en los años veinte del siglo pasado dentro del reglado estilo constructivista soviético. En su momento Derzhprom, literalmente «Edificio de la Industria Estatal«, fue considerado, por mérito propio, el primer rascacielos de la URSS con sus trece plantas y un fenómeno único del modernismo arquitectónico de la primera mitad del siglo XX.

Interior del Derzhprom en la actualidad

El paso del tiempo no se portó bien con aquel complejo, otrora símbolo de orgullo patrio, cuyo estado tornó en lamentable, tal como este bloguero pudo comprobar durante su visita a la ciudad ucraniana. Sin embargo hoy luce un aspecto mucho más lustroso, fruto de una profunda renovación llevada a cabo entre 2001 y 2010.

Antes de abandonar Járkov tenía pendiente en mi agenda girar visita a la impresionante catedral de la Anunciación, un portentoso templo ortodoxo ataviado con cinco cúpulas y levantado en un pulcro estilo neobizantino. El «index» de la agenda incluía también la catedral ortodoxa de la Asunción, en estilo barroco tardío. Ambas con la etiqueta de «imprescindibles».

Rio Dniéper, la principal arteria fluvial de Ucrania

Autobús y de nuevo en ruta nocturna hacia la capital Kiev. El majestuoso río Dniéper, que la divide en dos, lo mismo que al país, me recibió dejándose sobrevolar imperturbable por uno de sus numerosos puentes en aquella plácida mañana dominical. Casi sin tiempo de arribar a la estación central para tomar a primera hora un tren que me sacaría del país rumbo Berlín, la capital alemana, atravesando territorio polaco.

En tren rumbo hacia Polonia y Alemania

Ucrania, como señalaba al inicio de este post, se debate en estos albores de este 2022 entre su supervivencia como estado soberano que mira a occidente, dentro de un espinoso tablero geopolítico, o ser ocupado «manu militari» por una potencia autárquica vecina y heredera de la extinta Unión Soviética que tanto y envenenado legado dejó.

Fotos PIXABAY

El tren de Felipe II, un regreso al pasado más glorioso

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Escuchar su nombre todavía hace torcer el gesto a holandeses y belgas. Los niños de los actuales Países Bajos y Flandes (Bélgica) estudian en las escuelas, como si de un mantra se tratara, que entre 1568 y 1648 sus compatriotas lucharon contra un monarca tirano y ocupante que los asfixiaba a base de impuestos desde la Corte de Madrid para mantener sus particulares guerras contra Francia, el Imperio Otomano e incluso contra algunos príncipes protestantes alemanes.

Por si esto fuera poco, ese rey opresor quería imponer, con mano férrea y muy poco sutil, la religión católica frente al calvinismo imperante en la zona, valiéndose para todo ello de la sanguinaria figura del Duque de Alba, su brazo ejecutor sobre el terreno. El final de la ocupación llegó tras otro final, el de «La Guerra de los Ochenta años» (1568-1648), ésa que los niños belgas y holandeses maldicen casi a diario en las aulas, propiciando así el nacimiento de sus respectivos países: Bélgica y Holanda.

Felipe II en 1573 por Sofonisba Anguissola. Museo Nacional de El Prado, Madrid

Ese soberano tirano, opresor, centralista y ultracatólico -desde la óptica de la propaganda neerlandesa- no era otro que Felipe II. Y frente a la negra visión que se tenía del monarca en Países Bajos, alentada por las acciones libertarias de su archienemigo Guillermo de Orange, paradójicamente el monarca fue apodado en España el «Prudente«, llegando a modernizar y «estirar» por todos los continentes un imperio dentro de cuyas fronteras «nunca se ponía el sol«.

Felipe II era, sin duda, un tipo curioso y austero en grado superlativo. Maniático del aseo personal y obsesivo compulsivo, cenaba únicamente los viernes, sábados, domingos y víspera de festivos. Gran aficionado a la jardinería y contumaz coleccionista de relojes y armas, tampoco le hizo ascos a la costura, la decoración de interiores y la arquitectura.

De su mística mente e inquebrantable fe católica nació la que durante mucho tiempo sería considerada como la «octava maravilla del mundo«, el Real Monasterio de El Escorial. Se dice que el objeto de tan grandiosa obra fue entregar a Dios una morada digna; un lugar sagrado donde agradecer la intervención divina en la crucial victoria de las huestes hispanas sobre las francesas en la Batalla de San Quintín, acontecida en 1557, además de servir como lugar de eterno descanso para su padre, el emperador Carlos I.

Vista del Monasterio de El Escorial en 1723, por Michel Ange Houasse. Museo Nacional de El Prado, Madrid

De salud muy quebradiza, Felipe II llegó a padecer veintitrés enfermedades en simultáneo, siendo la gota la que martirizó sus últimos años de vida, ya recluido en el imponente monasterio que mandó construir y donde esperó su lenta muerte que llegaría el 13 de septiembre de 1598, a la edad de 71 años y tras más de cincuenta días agonizando.

Monasterio y rey van, como vemos, unidos de forma indisoluble. Uno no puede entenderse sin el otro, y viceversa. Es por ello que una peculiar iniciativa público-privada, con proyección cultural, artística y hasta gastronómica, ha reafirmado todavía más, si cabe, esa unión secular.

En esta iniciativa intervienen Alsa, el operador español líder en transporte de viajeros por carretera y encargado de la gestión y operativa, el Gobierno autonómico madrileño, la Fundación Ferrocarriles Españoles, el municipio de San Lorenzo de El Escorial y el apoyo de Patrimonio Nacional.

Panorámica del Real Monasterio de El Escorial. Comunidad de Madrid, España

Esta colaboración a varias bandas pretende un turismo de calidad que a su vez permita conocer de primera mano esa joya arquitectónica cual es el Monasterio de El Escorial, el símbolo máximo del sueño imperial de Felipe II, además de las Casas de Oficios adyacentes y otros espacios de gran interés repartidos por el municipio.

Un tren perfectamente restaurado, compuesto por cuatro coches históricos y tirado por una locomotora diésel de los años sesenta del siglo pasado, traslada al curioso e interesado por la historia desde el centro de Madrid hasta el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, en plena Sierra de Guadarrama, a 1028 mts. de altura, dentro de un entorno natural de primer orden, a los pies del reforestado monte Abantos y dentro de la Comunidad de Madrid.

El Tren de Felipe II, nombre con el que se ha bautizado a esta joya sobre raíles, forma parte de los Trenes Patrimonio de la Comunidad de Madrid. Sus cuatro vagones son originarios de los años cuarenta del siglo pasado, vagones que tras una rigurosa y mimada restauración realizada en el año 2016 permite al viajero realizar el sueño de imbuirse por unas horas en el túnel del tiempo.

La travesía histórico artística culmina unos cincuenta minutos después de la salida del tren desde la estación madrileña de Príncipe Pío. Ya en la estación de San Lorenzo de El Escorial, un autobús de la compañía Alsa traslada a los turistas hasta la joya renacentista del Siglo de Oro español, el imponente monasterio, además de la real villa.

Tren de Felipe II
Crédito imagen: Daniel Luis Gómez Adenis / Flickr

Esta ingente y descomunal obra cumbre del renacimiento español fue promovida por el rey Prudente y ejecutada por su arquitecto de confianza, Juan Bautista de Toledo, autor de la Traza Universal, el diseño original del conjunto, si bien éste murió en 1567 sin ver acabado todo el complejo palaciego y monacal. Le suceden Giovanni Battista Castello, entre 1567 y 1569, y Juan de Herrera, a partir de 1572, en la reorganización y ejecución de todo el proyecto que finalizaría en 1584, tras veintiún años de duros trabajos.

Juan de Herrera rediseña buena parte del conjunto con un exhaustivo rigor geométrico que acabaría transfiriendo al monasterio ese aspecto de estructura recia, limpia, voluminosa, rectilínea y con una depuración absoluta de elementos decorativos.

El resultado final, el que podemos contemplar en nuestros días, fue tan contundente como audaz en aquellas postrimerías del siglo XVI y ello dio lugar a un nuevo estilo de arquitectura, dentro de la etapa última del renacimiento español, que recibiría el nombre de «herreriano«, en alusión a su creador.

Fachada sur del Monasterio de El Escorial y el Jardín de los Frailes

Los números rubrican la excepcionalidad de esta magna obra arquitectónica. Ocupa una extensión de más de 33mil m2 que acogen un palacio real, basílica, biblioteca, convento, colegio y cripta real, donde reposan -con alguna excepción- todos los monarcas españoles, tanto de la dinastía Austria como Borbón.

Nueve torres, cuatro mil estancias, más de dos mil seiscientas ventanas, mil doscientas puertas, ochenta y nueve escaleras, dieciséis patios y mil seiscientos cuadros -algunos con «firma tan vip» como la de Tiziano, Tintoretto, El Bosco o José de Ribera-, acreditan la dilatada lista de guarismos de esta soberbia y excelsa construcción arquitectónica.

LA UNESCO DECLARÓ EL MONASTERIO Y SITIO DE EL ESCORIAL COMO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD EL 2 DE NOVIEMBRE DE 1984


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2021. Pandemia, año II

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Con este 2021 a las puertas de marcar su definitivo adiós, a nadie se le escapa que tampoco ha sido un año fácil. Sin llegar al dramatismo que supuso el anterior, el aciago “veinte veinte”, el que se nos marcha en unas horas también ha dejado su nefasta huella en muchos sectores de la economía mundial a causa del cansino coronavirus. Y cómo no, el mundillo de los viajes –objeto de esta bitácora- y el turismo en general se han resentido de manera muy notable.

En lo que a este bloguero atañe, de nuevo ha resultado ser un año de escaso movimiento que, sin duda, los lectores y lectoras habrán advertido con el paso de los meses. Lejos quedan aquellos tiempos en que tomar un vuelo en Madrid, y trasladarse en unas horas a cualquier punto del planeta, era un placer que se repetía con frecuencia. Ahora, con la pandemia y los problemas asociados a ella además de diversos asuntos de carácter personal, ese placentero ritual de viajar se ha convertido, por desgracia, en algo muy puntual.

Una visita –por segunda vez- a la asombrosa comarca zamorana de Sanabria, la exploración del Parque Regional de la Montaña de Riaño, en el noreste leonés, la imprescindible escapada al siempre cautivador Real Sitio de Aranjuez, en el sur de la actual Comunidad de Madrid, y el descubrimiento de un museo monumental e histórico al aire libre en el nordeste de Portugal, ha sido el ligero pero interesante menú viajero de este año 2021.

Puebla de Sanabria, capital de la comarca de Sanabria, provincia de Zamora

Sanabria es ese lugar maravilloso donde se despiertan los cinco sentidos. Un pedazo de naturaleza que sin ser virgen en sensu estricto, se acerca muy mucho. Lástima que en época estival hordas de gentes lo invadan sin miramientos, pero ése es el precio a pagar por acceder al paraíso y disfrutar de él siquiera durante unas pocas jornadas veraniegas.

Montañas con restos de lagunas glaciares, agua aquí y allá en forma de ríos, cascadas y lagos, flora autóctona, fauna diversa, historia de la apasionante, monumentos dignos de escenario de película ambientada durante tiempos del medievo en la pequeña capital de la comarca, Puebla de Sanabria… reclamos no faltan.

El Parque Natural del Lago de Sanabria es el impresionante epicentro de un área desatendida, como tantas de esa España rural o lo que ahora viene en llamarse «vaciada», para ser políticamente correctos. La llegada oficial de la alta velocidad ferroviaria a la zona, en su camino hacia Galicia desde Madrid, pretende paliar en algo ese déficit inmoral y secular.

Lago de Sanabria, en el parque natural homónimo

Sin salir de la comunidad autónoma, aunque cambiando de provincia, en el noreste leonés encontramos otro de esos espacios naturales desconocidos. Al desconocimiento, en este caso particular hay que añadir la injusticia cometida con unas gentes que vivían apacibles y en respetuosa armonía con una naturaleza bella e intacta.

Riaño y su valle fueron objeto, a fines de los ochenta del siglo pasado, de un desdén político que decidió acabar con un paraje hasta entonces conocido como la «Suiza española«. Todo un valle sumergido bajo las aguas de un embalse que se llevó por delante varios pueblos y las insustituibles historias de sus vecinos; ése fue el resultado final y tangible de la tragedia, una tragedia que cambió para siempre la fisionomía de un valle y trajo dolor a unas gentes despojadas de su pasado.

Embalse de Riaño, provincia de León. Bajo sus aguas descansan los restos de ocho pueblos

Tras-os-Montes es una región histórica del noreste luso, muy “pegada” a la referida, más arriba, comarca zamorana de Sanabria. La capital de ese rincón portugués medio olvidado, y muy disputado en el pasado entre los dos vecinos ibéricos, es hoy una tranquila y bucólica ciudad de nombre Bragança, en español Braganza. Una acogedora villa que gravita alrededor de una estratégica colina, donde cada esquina esconde una leyenda y toda la pequeña urbe parece rehén de esa suerte de melancolía y “saudade” que todo lo impregna en Portugal.

Parece increíble que en tan poco espacio urbano se pueda concentrar tanta huella monumental. Braganza es un museo a cielo abierto en toda regla. Una injusta desconocida, si bien en los últimos tiempos parece estar saliendo del letargo provocado por el inmerecido anonimato y no son pocos los españoles que la están descubriendo justo ahora, en época de coronavirus. Paradojas sin sentido. Sinsentidos de la vida.

Braganza, capital del distrito homónimo en el nordeste de Portugal

Pasear por las calles del Real Sitio Aranjuez, al sur de la actual Comunidad de Madrid, es como realizar en paralelo un recorrido por la historia de España y su monarquía, desde la más gloriosa hasta la más desgarradora. Su estratégica ubicación en una planicie frondosa, sobre la fértil vega que deja la confluencia de los ríos Tajo y Jarama, con una altitud media de apenas quinientos metros, un clima benigno y los inagotables recursos naturales presentes en la zona, convirtieron a esta excelsa villa de origen medieval en lo que hoy es: un tesoro monumental -con el fabuloso Palacio Real a la cabeza- y paisajístico; un binomio protegido al amparo de la declaración de la Unesco, en 2001, como Patrimonio de la Humanidad.

Palacio Real de Aranjuez

2021 se acaba. En pocas horas llegará el ritual de engullir a medianoche, como posesos a punto de perder la cordura, las doce uvas sincronizadas con las pautadas campanadas de cualquier reloj de cualquier ayuntamiento del país. Y comenzará 2022…

Feliz Año Nuevo / Feliz Aninovo / Feliç Any Nou / Urte Berri on 🙂